28 febrero, 2009

Traductor poeta

Los programas de traducción online son cada vez más en Internet (desde el google translator hasta el yahoo babelfish) y son cada vez más usados, pese a sus evidentes limitaciones.

Ahora bien, ¿qué pasa si se aplican estos traductores a los textos literarios? La otra semana hice la prueba, con lúdica y algo malsana curiosidad. Caí en uno que se llama www.online-translator.com, como podría haber caído en cualquier otro, y en una especie de ejercicio oulipiano tomé un texto, lo traduje a otro idioma y volví a traducirlo al castellano. El resultado me incitó a proseguir con otras “idas y vueltas” por el estilo.

El “Cuento de horror”, de Juan José Arreola (“La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones”), lo traduje al inglés y de vuelta al castellano:
“La mujer que amé se ha convertido en el espíritu maligno. Soy el lugar de las apariencias”

Lo mismo, ida y vuelta a través del ruso: “La mujer, que amaba, se ha convertido en el espíritu malévolo. Mí el lugar del aspecto exterior.”



El cuento 69 de "La sueñera", de Ana María Shua:

Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.


(vía el inglés, ida y vuelta)
Despiértese, que es tarde, un hombre extraño me grita de la puerta. Despiértele, que la ausencia buena le hace, soy yo que le contesto. Pero el muy obstinado se conserva en soñar conmigo

(vía el ruso, ida y vuelta)
Se despierten que tarde, a mí grita de la puerta la persona extraña. Se despierten Usted, quién la ausencia buena hace a él, lo respondo. Pero muy persistente por mí continúa soñar.


El inicio del Quijote:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”


(vía el ruso, ida y vuelta)
En el lugar de las Manchas que del nombre yo no quiero acordarse, no hay gran cantidad el tiempo, que sobrevivía el noble de aquellos la lanza en el astillero, adarga el rocín antiguo, delgado y el pasillo, que ama las golosinas.


(vía el inglés, ida y vuelta)
En un lugar del Punto, de cuyo (que) llaman no quiero recordar, no hay mucho tiempo por el cual allí vivía un noble de aquellos de la lanza en astillero, escudo de cuero antiguo, gruñón débil y tierno del agente de bolsa de dulces.




El inicio de “La metamorfosis” traducción tomada al azar:

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo.


(ida y vuelta vía el inglés)
Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño preocupado, él estaba en su cama convertida en un insecto monstruoso. Fue derribado en su trasero difícil, y en forma de la cáscara y, en haber levantado un poco la cabeza, él vio un vientre convexo, parduzco, dividido en partes difíciles en forma del arco, en cuyo nodo apenas podría apoyar el sobrecama, a ya el punto del deslizamiento al suelo.




Algunos proverbios y refranes españoles:

Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.
(ida y vuelta vía el ruso)
Comenzar por corto la vía recta no libra siempre del trabajo


Al que madruga, Dios lo ayuda
(ida y vuelta vía el alemán)
En él se levanta temprano, le ayuda el Dios


Dime con quien andas y te diré quién eres
(ida y vuelta, vía el ruso)
Di a mí, con quién vas, y diré a tú, quién tú


Para conservarse en forma, poca cama, poco plato y mucha suela de zapato.
(ida y vuelta vía el inglés)
El plato y la gran suela del zapato sobreviven en la forma, poca cama, poco.


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“Al escribir, el poeta no sabe cómo será su poema; al traducir, el traductor sabe que su poema deberá reproducir el poema que tiene bajo los ojos”, decía Octavio Paz en su célebre texto sobre la traducción. El problema, en este caso, me ha parecido evidente: los programas online son traductores que “no saben” y que, por lo tanto, sin querer, se vuelven un poco poetas...

Dicho de otra forma (ida y vuelta, vía el ruso), "habiendo escrito, el poeta no sabe, cual será su poema; conduciendo, el traductor sabe que su poema deberá reproducir el poema, que a él habrá bajo los ojos ", decía Octavio el Pase. El problema, en este caso, me ha parecido evidente: éstos - los traductores, que no saben, por consiguiente - casualmente, se vuelven pocos poetas...”

27 febrero, 2009

Violín

"No es fácil vivir en un estudio en San José con un hombre que aprende a tocar el violín."

Esto fue todo lo que ella le dijo a la policía, mientras entregaba el revólver vaciado.


Richard Brautigan, “El efecto Scarlatti”


26 febrero, 2009

Preguntas

¿Por qué el sombrero de la noche
vuela con tantos agujeros?

¿Qué dice la vieja ceniza
cuando camina junto al fuego?

¿Por qué lloran tanto las nubes
y cada vez son más alegres?

¿Para quién arden los pistilos
del sol en sombra del eclipse?

¿Cuántas abejas tiene el día?


Pablo Neruda, "Libro de las preguntas"


25 febrero, 2009

La muerte de Esquilo

De todas las muertes de literatos, la más peculiar fue, sin duda, la de Esquilo, uno de los tres grandes nombres de la tragedia griega con Sófocles y Eurípides.

Estaba sentado en el campo, meditando, cuando un águila que llevaba una tortuga en sus garras la dejó caer sobre la enorme cabeza calva del genial dramaturgo, confundiéndola con una roca (así proceden las águilas, para poder comer la sabrosa carne de las tortugas: las dejan caer desde cierta altura sobre una roca, para romperles la caparazón). No se sabe si la caparazón de la tortuga se rompió. Esquilo murió al instante.~


La anécdota es referida de esta forma por Rubem Fonseca en su libro Diario de un libertino (Editorial Norma, 2005), pero hay quienes añaden otro elemento a esta curiosa historia. Se cuenta que allá por el 457 antes de Cristo, poco antes de su muerte, el oráculo le vaticinó a Esquilo que moriría aplastado por una casa. Por eso decidió irse a vivir fuera de la ciudad.

24 febrero, 2009

Cinco libros: Esther Cross


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.



El voto de Esther Cross
:



Nadie encendía las lámparas, de Felisberto Hernández

El corazón de las tinieblas
, de Joseph Conrad

El corazón es un cazador solitario
, de Carson MacCullers

Las uvas de la ira, de John Steinbeck

La furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo



Esther Cross (escritora argentina) es autora de Kavanagh, El banquete de la araña y Radiana, entre otros libros.

23 febrero, 2009

La herencia

TOLSTOI


Un hombre tenía dos hijos.
—Cuando yo muera, lo partirán todo a medias —les dijo en una ocasión.
El padre murió y los hijos empezaron a discutir sobre la herencia.
Finalmente, le pidieron a un vecino que los aconsejara.
El vecino e les preguntó:
—¿Cómo dijo su padre que tenían dividir la herencia?
Los hermanos le respondieron:
—Nos dijo que partiéramos todo a medias.
—Entonces —dijo el vecino—, corten en dos los trajes, rompan la vajilla por la mitad, y parten en dos cada cabeza de ganado.
Los dos hermanos siguieron el consejo del vecino y, de este modo, se quedaron sin nada.

León Tolstoi, "Fábulas"

22 febrero, 2009

Hablar y escribir

El escribir es un modo de hablar. Pero se ha de considerar esta diferencia: que si las palabras habladas traen consigo alguna oscuridad, el habla no penetra en el corazón del que oye y así, haciendo camino sin ser entendida, queda vana; mientras que en el escribir, si las palabras escritas alcanzan una cierta dificultad (o, por mejor decir, una cierta agudeza sustancial y secreta) y no son tan comunes como aquellas que se usan en el hablar ordinario, dan ciertamente mayor autoridad a lo que se escribe y hacen que quien lee no sólo esté más atento y más sobre sí, sino también considere y guste mejor del ingenio y la doctrina del que escribe; y así, trabajando un poco con su buen juicio, recibe aquel el deleite que hay en entender las cosas difíciles.~

Baldassare Castiglione (1478-1529): “El libro del cortesano”

Castiglione retratado por Rafael


20 febrero, 2009

Anagramas y variantes

En un anagrama, las letras que componen cierta palabra son reorganizadas de modo tal que acaban formando otra palabra. Además de los anagramas clásicos (croissant : sánscrito) pueden enumerarse algunos casos especiales como el bifronte (amor - roma) y los anagramas de nombres y apellidos, como el caso de André Breton que partió de “Salvador Dalí” para llegar a “Avida Dollars”.



Según cuenta el escritor catalán Marius Serra en su notable libro “Verbalia, juegos de palabras y esfuerzos del ingenio literario” (Península, 2000), los estudiosos norteamericanos han llegado a distinguir entre “anagram” (anagrama) y “transposal” (transposición), restringiendo el primer concepto a las reorganizaciones de letras en el marco de un sentido aproximado (Piet Mondrian : I paint modern), mientras que “transposal” sería cuando no existe necesariamente un vínculo semántico: Renault-neutral.

Una variante interesante es el “antigrama”, o sea, cuando el anagrama revela un sentido opuesto al del vocablo que sirvió de punto de partida. Dos buenos ejemplos son: “evangelists : evil’s agents” y “violence : nice love”.

Otra variante es el “onograma”: reordenamiento de letras de un nombre para adivinar el punto de partida. Como en un acertijo, el enigma “old west action” contendría la solución “Clint Eastwood”. O, por dar un ejemplo en castellano, “ladrón” conduciría a cierto individuo de apellido Roldán.~

19 febrero, 2009

Maldiciones



"Dios bendice al hombre ocultándole el futuro y lo maldice al hacerle invisible el pasado".~


Hermann Broch, Pasenow o el romanticismo.

18 febrero, 2009

La sombra en Francia


Esta es la cubierta de la edición francesa de mi última novela "La sombra del púgil", que acaba de aparecer publicada por Actes Sud. La traducción estuvo a cargo de mi querido Jean-Marie Saint-Lu, el mismo que ha traducido todos mis libros al francés, desde "La mujer de Wakefield". La traducción lleva por título "L'Ombre du boxeur".

http://www.actes-sud.fr/ficheisbn.php?isbn=9782742780877



17 febrero, 2009

Máximas mínimas

Sólo el autor teatral posee valor bastante para equivocarse en público.

La Historia es la mentira encuadernada.

La principal virtud del trabajo es la de hacer olvidar que se vive.

El murciélago es trapecista del día y avión de la noche.



El amor es una comedia en un acto : el sexual.

Al amor, al baño y a la tumba se debe ir desnudo.

La belleza de la mujer fracasa en el codo.

Existen personas que llaman destino a sus equivocaciones.



Enrique Jardiel Poncela, «Máximas mínimas y otros aforismos». Edición de Fernando Valls y David Roas (Edhasa, 2000)

16 febrero, 2009

Borges: el tango, la milonga y la guitarra

JORGE LUIS BORGES, 1921


Por Eduardo Berti


Jorge Luis Borges amaba el cine, no se consideraba un entendido en artes plásticas (a pesar de que su hermana Norah era pintora), despreciaba la ópera y distaba de ser un melómano, a diferencia --por ejemplo-- de Julio Cortázar. Se dice que, aparte de Brahms --gusto inculcado por Bioy Casares y Silvina Ocampo--, sus preferencias eran la milonga y el blues norteamericano.

Muchos historiadores han definido a la milonga como la "hermana mayor" del tango, del mismo modo que el blues ha ejercido una tutela indiscutible sobre el jazz y, más adelante, sobre el rock. Y a nadie debería extrañar que Borges se inclinara hacia dos músicas donde la guitarra es eminente porque, si se revisan sus primeros poemas, se advierte enseguida que, después de vereda, patio y luna, una de las palabras más repetidas es guitarra: "Mi patria es un latido de guitarra" (Jactancia de quietud), "Pampa: yo te oigo en tus tenaces guitarras sentenciosas" (Al horizonte de un suburbio) "Los muchachos de guitarra y baraja del almacén" (Barrio Norte). A tal punto que cuando, cuatro décadas más tarde, Borges concluye su poema "1964" con "...y te puede matar una guitarra", resulta difícil no pensar en aquellos bluesmen pioneros que en la madera de su instrumento grababan (como esos carros con inscripciones que tanto atraían al joven Borges): "Esta guitarra puede matar".

Desde temprano Borges mantuvo una relación de franco conflicto con el tango: en sus poemas lo laudó algunas veces pero en los reportajes solía formularle toda clase de reparos o explicar que allí donde sus versos decían "tango", debía leerse en realidad "milonga". Los tangos de cabecera de Borges eran pocos y antiguos: "La morocha", "La tablada", "El choclo", "El Marne"; vale decir que amaba lo que hoy se denomina "guardia vieja" , período intermedio entre las milongas de campo de fines del siglo XIX y la irrupción en 1917 del tango-canción con el cantor y melodista Carlos Gardel como figura emblemática. "Posiblemente un hombre que ha nacido en 1899 no puede gustar de Gardel, porque está en otra tradición", sostenía.

La milonga y el primitivo tango "criollo", expresiones musicales hijas del mestizaje entre lo español y lo indígena (y lo negro, según el estudioso Vicente Rossi a quien Borges elogiaba), eran para el Georgie de los años veinte muy superiores al "italianizante" tango sentimental surgido a partir de "Mi noche triste", donde el letrista Pascual Contursi fijó sin proponérselo el tópico del hombre abandonado por la mujer. Diversos investigadores indican que este tema recurrente en los tangos se debe a que, después del aluvión inmigratorio (la segunda gran oleada, coincidente con la Primera Guerra), en Buenos Aires había una mujer por cada siete u ocho hombres. Entendía Borges, sin embargo, que el tono de "lamento" que atravesaba estas letras --cosa nueva en un género que, salvo raras excepciones, hasta entonces había sido instrumental-- resultaba una flagrante traición a ese universo de guapos y malevos que aparece aun en sus libros pretendidamente más cosmopolitas.

Buenos Aires será una ciudad diferente tras la segunda gran oleada de inmigrantes. Los primeros poemas de Borges dan cuenta de esto ("cómo has cambiado", le reprocha a su calle). Con la música de la ciudad sucederá algo similar, ya que pronto la nostalgia y la tristeza del desarraigo ocuparán el centro de la sensibilidad tanguera, así como del floreciente teatro argentino. Un famoso letrista y autor, Enrique Santos Discépolo, acuñaría un divulgado apotegma sobre el tango ("un pensamiento triste que se baila") que Borges siempre aborreció. Para Borges, que en un poema temprano había escrito la frase "un alegrón de tangos", el tango no era ni debía ser necesariamente triste. "Cuando yo digo que el tango es alegre y que suele ser valeroso y compadre, lo cual no se aviene con la tristeza, con esto no quiero afirmar que lo compadres no sintieran tristeza: quiero decir que se hubieran avergonzado de confesarlo; quiero decir que ningún compadre se habría quejado de que una mujer no lo quisiera, por ejemplo, porque eso hubiera pasado por una mariconería".

A fines de los años veinte, Borges desdeñaba el tango "afeminado" y el "bandoneón cobarde", para elogiar el "alma masculina" de la milonga . Cincuenta años más tarde, su visión era algo parecida pero más aplacada: la milonga era vista como "épica", el tango como "sentimental", ¿melodramático y trágico? Borges no emplea estas últimas palabras pero uno las siente implícitas. Dicho de otra manera: Borges lamentaba que el clima "valeroso" y "peleador" de la milonga hubiese sido reemplazado por una lírica heredera de Petrarca que idealizaba la memoria de la amante perdida. El viejo tango encarnaba para él --lector apasionado de Ariosto y del Quijote-- uno de los medios que mejor expresan la idea de que "el combate puede ser una fiesta".

15 febrero, 2009

Filogelos


El Filogelos o Philogelos ("Amante de la risa") fue una colección de historias humorísticas efectuada en Grecia en el siglo IV o V después de Cristo.


Se adjudica su autoría a dos escritores de los que poco y nada se sabe: Hierocles y/o Filagrios. Considerando que la escritura a dúo era infrecuente en esos tiempos, muchos estudiosos creen que se trata acaso de dos libros distintos que acabaron condensados.

Tres ejemplos del "Filogelos", que muchos consideran como el libro de chistes más antiguo de occidente (al menos, entre los libros que han sobrevivido):

1.

Un barbero inexperto aplicaba gasas de vendaje a todos los clientes que hería. Cuando uno se quejaba, él respondía: “Desagradecido, te enfadas en vano conmigo: afeitándote por un denario, obtienes cuatro denarios de vendaje.”


2.

Antes de volver a su casa tras un viaje por el extranjero, un hombre visitó a un renombrado adivino en busca de noticias acerca de su hogar. “Están todos bien de salud, incluido tu padre”, le dijo éste. Cuando el hombre acotó “pero hace diez años que mi padre ha muerto”, el adivinó respondió: “No conoces a tu verdadero padre”.


3.

Cierto sujeto estaba vendiendo un poco de miel. Un hombre vino, la probó y sostuvo que era muy buena. El vendedor dijo entonces: «Claro que sí. Si un ratón no hubiese caído en ella, no la estaría vendiendo».

12 febrero, 2009

Cinco libros: Miguel Angel Muñoz


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo.
No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.

El voto de Miguel Angel Muñoz:
Aquí te envío con mucho gusto la lista de 5 libros. En mi caso destacaré algunos que merecen ser mucho más conocidos de lo que lo son.

1-Trilogía de la guerra civil - Juan Eduardo Zúñiga (Largo noviembre de Madrid, La tierra será un paraíso, Capital de la gloria)- Editorial Cátedra.
Prosa deslumbrante y compleja para desentrañar el estado de ánimo de los madrileños sitiados durante la guerra.

2-La memoria de la especie - Manuel Moyano - Xórdica Editorial.
Un libro misceláneo de este cultivador del relato fantástico. Probablemente, su libro más personal y lírico.


3-Pregúntale a la noche - Eduardo Jordá- Fundación Lara.
Novela ambientada en Burundi, durante las guerras africanas. Un western sobre la muerte, la supervivencia y la redención.

4- Los demonios del lugar - Ángel Olgoso- Editorial Almuzara.
Obra maestra del relato contemporáneo en español.

5- Cultivos - Julián Rodriguez - Editorial Mondadori.
Un paso más en la indagación autobiográfica de un autor cada vez más importante.


Miguel Angel Muñoz nació en Almería en 1970 y publicó su primer libro de cuentos "El Síndrome Chejov" en 2006. La edición estuvo a cargo de Páginas de Espuma. A su vez, lleva adelante un dinámico blog dedicado, entre otras cosas, al cuento y a la nueva literatura española:

http://elsindromechejov.blogspot.com/

10 febrero, 2009

Cortázar novelista

Julio CORTAZAR


Por Eduardo Berti

Julio Cortázar siempre planteó con gran claridad la diferencia, a su juicio, entre novela y cuento. En numerosas entrevistas comparó la novela con el cine y el cuento con la fotografía, aun cuando -por esas paradojas que abundan- fueron sus cuentos los más llevados al cine, incluso aquellos que ponen en acción a un fotógrafo. En otras ocasiones dijo que si una novela es un árbol (con un tronco central, es cierto, pero con profusas ramificaciones), un buen cuento debería asemejarse a una esfera perfecta o, mejor todavía, a una "máquina infalible", como puede leerse en "Del cuento breve y sus alrededores" (Último round).

De los representantes arquetípicos del llamado " boom latinoamericano", ninguno como él logró posicionarse con igual reputación en términos de cuentista y de novelista, ninguno con la célebre excepción de Gabriel García Márquez, cuyos cuentos y novelas (salvo la innegable primacía de Cien años de soledad ) han sido valorados más o menos por igual. Algo no tan distinto ocurre en el ámbito de la literatura argentina escrita a partir de mediados del siglo XX: Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Ángel Bonomini o J. R. Wilcock fueron y son clasificados como cuentistas; Ernesto Sabato o Leopoldo Marechal, como novelistas. Entre los primeros y los segundos, sólo contados autores, por ejemplo Adolfo Bioy Casares o Marco Denevi, plasmaron textos de peso indudable en uno y otro terreno.

Aparte de conocer los rasgos inherentes al cuento y a la novela, Cortázar también sabía que, en términos de impacto o de alcance, el cuento siempre cargó con una reputación de "marginal", acaso no tanto en el Río de la Plata (cuenca de cuentistas, como se acostumbra afirmar), pero sí en el resto del mundo, sin excluir España. Consultado sobre la relativamente poca repercusión de la obra de Juan José Arreola o de Felisberto Hernández (dos magistrales cuentistas cuya mirada no dista de la suya), Cortázar solía sostener que esto acaso se debía a que ambos se habían consagrado sólo de forma excepcional a la novela. "La novela es el gran medio de comunicación y de conocimiento literario", puede leerse en una entrevista que le hizo el periodista Hugo Guerrero Marthineitz, allá por diciembre de 1973, y recogida en el libro Confieso que he vivido y otras entrevistas (LC Editor, 1995). "El lector en general, y el editor también, tienen una preferencia intuitiva por la novela."

En los últimos años se ha instalado la opinión de que las novelas de Cortázar no han envejecido de forma tan digna o saludable como su obra cuentística (casi lo opuesto, quizá, de lo que parece ocurrir en el caso de Bioy Casares). A partir de esa convicción, parece tentador y hasta fácil afirmar que Cortázar fue en esencia un cuentista o que sus novelas son, en definitiva, las películas de un fotógrafo. La cantidad de novelas que escribió Cortázar (y la constancia con que lo hizo) bastarían para desmentir esta idea. Sin embargo, no es menos cierto que sus incursiones novelísticas eludieron de diversas maneras los rasgos típicos del género, a tal punto que el libro paradigmático en este campo, Rayuela , suele leerse todavía como un modelo de "antinovela". A diferencia de lo que sucede en sus cuentos, en las novelas de Cortázar la novedad formal se exhibe de modo mucho más enfático o explícito.

Acerca de Borges, Paul Auster sostuvo hace poco, en diálogo con Tomás Eloy Martínez ( adn cultura, 11 de agosto de 2007), que "su mayor fuerza radicaba en que conocía sus límites" y que por eso mismo no se aventuró jamás a escribir una novela. La teoría no es nueva: un escritor con oficio y, de ser posible, con cierta autoconciencia suele (debe) conocer sus límites; más aún, la pericia literaria suele basarse en cómo trabaja estos límites o, puesto en términos más prosaicos, en cómo se las rebusca con ellos. Cuentista nato (cientos de veces confesó que las ideas para sus relatos solían tomarlo por asalto, "al margen de mi voluntad" o aun en "estado de trance"), más a gusto en la exploración de los misterios cotidianos que en la odisea de una épica, en los abruptos y acotados "saltos" o "pasajes" que en las extensas travesías, Cortázar no se limitó a concebir sus novelas como cuentos "alargados" (lo que se advierte, a menudo, en la obra de otros autores), ni tampoco las forjó como una secuencia de cuentos en torno a una unidad espacio-temporal (la inteligente solución, entre otros, de Ray Bradbury en sus Crónicas marcianas ). Existe, desde luego, el caso de "El perseguidor", una rara avis por su extensión intermedia, próxima a lo que Henry James denominaba nouvelle . Pero en cuanto a la novela propiamente dicha, a grandes rasgos Cortázar enfrentó y resolvió sus límites (volviendo a la noción de Auster) por medio de dos estrategias primordiales: la "acción pospuesta" y el "cajón de sastre".

El primer camino, el de la acción pospuesta, consiste en postergar cierto acontecimiento prometido o sugerido, pero en todo caso esperado por el lector, hasta un punto que por lo común excede incluso el final del libro: el relato se expande y "alarga", sí, aunque de manera no tradicional (la estratagema incluye muchas veces la decepción o la no concreción de expectativas instaladas por la trama), y esto es lo que ocurre en las primeras novelas de Cortázar, en Los premios y ante todo en El examen . En cuanto al segundo camino: que una novela puede ser un "cajón de sastre", un gran baúl en el que cabe casi todo, es una certera imagen acuñada por Pío Baroja y es lo que postula hasta la audacia Rayuela , aparte de su fragmentación, de su estructura ingeniosa y de su exhortación a un lector activo (a un lector cómplice), todo esto en la línea de "obra abierta" que más tarde proclamaría Umberto Eco.

En simultáneo con estas estrategias, conviene tener presente que todos los libros de Cortázar no hechos de relatos ortodoxos (desde una novela nada convencional como El libro de Manuel o un lúdico diario de viaje como Los autonautas de la cosmopista hasta esos "almanaques" o libros de misceláneas que son Último round , La vuelta al día en ochenta mundos o incluso Un tal Lucas ) podrían alistarse dentro de lo que Juan José Saer supo identificar como "una de las tradiciones vitales de la literatura argentina": la de las obras singulares que, de igual modo que los poemas narrativos de Juan L. Ortiz, los ensayos de Borges o el Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio Fernández, "no entran en ningún género preciso" (ver El concepto de ficción , Ariel, 1998) y que, más aún, impugnaron o extendieron los límites del "horizonte de expectativas" literarias, por hablar de lo que esperan los lectores de algunos libros o géneros.

"Hay ciertos temas que no se pueden tratar como cuentos, sino que exigen un desarrollo novelístico. Cuando se quiere ahondar en ciertos personajes o mostrar sucesivas etapas en una situación dada, el cuento no sirve", explicaba Cortázar en la entrevista que le hizo Guerrero Marthineitz, otra manera de decir que "cada expresión comunicable reclama su forma, es su forma", como escribió en "Sobre las técnicas, el compromiso y el porvenir de la novela", texto originalmente publicado en El escarabajo de oro , en noviembre de 1965. Lo llamativo, en la obra de Cortázar, es que el novelista y el cuentista (con todo lo artificial de esta división, máxime al tratarse de alguien que hablaba de "la bancarrota de los géneros") plantean diferencias que sobrepasan los matices lógicos o "naturales" entre un género y otro. Por supuesto que sus cuentos tienden a limitarse a un hecho central y no a una pluralidad de incidentes; por supuesto que sus novelas causan la ilusión de estar ocurriendo en presente, mientras que los cuentos parecen rescatar hechos pasados. Esto podría aplicarse sin problemas a la obra de muchos otros escritores. Sin embargo, hay una diferencia específica entre el Cortázar cuentista y el novelista: los personajes y narradores de los cuentos parecen contemplar el mundo como si no lo entendieran (incapaces de descifrar la compleja y absurda pesadilla de la cotidianidad), mientras que los personajes de las novelas tienen mil y una teorías a boca de jarro. Expresado de otro modo: la desconfianza ante las certezas aceptadas por consenso social puede asemejarse, pero la respuesta no es idéntica.

Fragmento de un largo texto publicado el fin de semana pasado en ADNCultura, diario La Nación, Buenos Aires, Argentina. La versión completa:

http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1096545#lectores


08 febrero, 2009

La muerte en China

El jesuita, misionero y sinólogo francés Henri Doré (1859-1931) publicó en 1926 un fascinante « Manual de supersticiones chinas » que abunda en detalles acerca de las prácticas funerarias y las apariciones de espíritus. Cuando el enfermo está a punto de expirar, cuenta Doré (que se refiere a usos y costumbres tradicionales), no es raro que se le quite la almohada porque es imperioso morir en paz y la palabra « paz » significa también « recto, horizontal ». La almohada, que pasa a ser considerada nefasta, se coloca sobre el techo de la casa para que se descomponga a la intemperie. El enfermo debe morir, de ser posible, con atuendos nuevos. Quien muere con prendas de pieles (o confeccionadas con pelos de animales o lanas) corre el riesgo de reencarnar en el cuerpo de una bestia. Por otra parte, el moribundo no debe ver sus propios pies o una maldición caerá sobre sus hijos.


Una de las más antiguas creencias fúnebres, de acuerdo con Doré, es el T’eou ts’i, el séptimo día después de la muerte. El alma del difunto es conducida a un estrado (wang-hiang) para que eche una última mirada a las cosas terrenales. Los familiares y amigos del muerto, vestidos de luto, forman en torno al ataud para demostrar que el lazo afectivo sigue en pie. Si el alma del muerto no está convencida de estos sentimientos de afecto, podrá reaparecer a fin de vengarse. Tras el entierro oficial, se temen diversos fenómenos ligados a la idea occidental de fantasma. Los espíritus hambrientos (kou-hoen) son las almas de los difuntos que, al no dejar descendencia, no reciben ofrendas ni sacrificios y son almas abandonadas o « almas errantes ». Para poner remedio a sus acosos, suele dedicarse un periodo del año a darles limosna : p’ou tsi han lin. Otra superstición que se remonta a tiempos antiguos es la de los « Kiang che koei » o « demonios-cadáveres », que abandonan provisoriamente sus tumbas para raptar a algún paseante y regresar con él al mundo de los muertos. En su libro, Doré enumera algunos métodos para espantar a a estos demonios. Dice que temen el sonido de las campanas de los templos budistas. Dice que suelen desvanecerse al ver una escoba.

06 febrero, 2009

Vera o el amor


Por Eduardo Berti


Cuando la investigadora Stacy Schiff, después de publicar en 1994 una completa biografía de Saint-Exupery, anunció a sus amigos y colegas que se aprestaba a indagar la vida de Vera Nabokov, esposa por 52 años del autor de Lolita, casi todos intentaron disuadirla. La mujer había llevado una existencia poco menos que invisible, discretamente a la sombra de su amado Vladimir. ¿Cómo hacer para atrapar el fantasma? Hoy, ya publicado su encomiable Vera o la vida con Nabokov, Schiff puede sonreír orgullosa: el fantasma se ha corporizado, todo gracias a su perseverancia y a la ayuda de diversas personas, entre ellas Dmitri Nabokov, quien puso al alcance de la biógrafa el preciado diario íntimo de su madre.

"La señora Nabokov ejerció una influencia enorme sobre uno de los mayores escritores de nuestra época", considera Schiff. "Pensé que a través de ella podría hacer, además, un retrato oblicuo y revelador de su marido. La vida de Vera tal vez no nos haga descubrir nuevos estratos de la obra de Nabokov, pero nos dice mucho acerca del autor".

Vladimir Nabokov tiene menos de veinticinco años cuando conoce en Berlín, en un baile de máscaras, a Vera Evseievna Slonim. Las familias de ambos han dejado San Petersburgo debido a la revolución bolchevique. Para la fecha, 1923, hay medio millón de rusos radicados en Berlín y más de ochenta editoriales de emigrados, entre ellas la fundada por el señor Evsei Slonim, padre de Vera. Por entonces Vladimir escribe poemas y firma como Sirin. Vera --nacida en 1902-- no sólo conoce la obra de Sirin sino que es capaz de recitar algunos de sus versos de memoria. Muchos amigos de Nabokov se consternan al saber que Vera es judía. Lo mismo algunos familiares. Haciendo oídos sordos, Volodia se casa con ella el 15 de abril de 1925. Meses atrás --estima Schiff que bajo el influjo de Vera-- ha dejado a un lado la poesía y el alias de Sirin para ponerse a escribir su primera novela: Mashenka.

"Delgada, de huesos muy finos, Vera tenía una tez transparente y un porte de reina", describe Schiff en su libro. Lo mismo que Vladimir, era ella una aristócrata con ideas democráticas. Lo mismo que Vladimir, desdeñaba a Freud. Lo mismo que Vladimir, era una fervorosa amante de las artes. "Nos parecemos terriblemente", dice una carta de Nabokov a Vera. "A los dos nos gusta 1) introducir discretamente palabras extranjeras, 2) citar pasajes de nuestros libros favoritos, 3) traducir nuestras impresiones de un sentido (la vista, por ejemplo) a otro (el gusto, por ejemplo) ...".

El libro de Schiff tiende a mostrar cuán indispensable ha sido Vera para Vladimir, tanto el hombre como el escritor. Usualmente Nabokov recitaba de memoria un listado con las cosas que jamás había aprendido a hacer: tipear a máquina, contestar el teléfono, hallar un objeto extraviado, conducir, cortar la página de un libro, dedicar su tiempo a un "filisteo". De todos estos menesteres se encargaba Vera, para que su esposo existiera "sólo a través del arte".

En la historia de las letras rusas abundan los casos de mujeres inmoladas al servicio de un esposo literato. Se cuenta que Sofía, mujer de Tolstoi, copió siete u ocho veces el manuscrito de La guerra y la paz; se sabe que la estenógrafa a quien Dostoievski dictó El jugador acabó siendo su segunda mujer. Lo peculiar de Vera, afirma Schiff, es que ayudar a su marido nunca fue para ella una condena, sino una "misión" que abrazó con agrado. Fue "mucho más que una mera dactilógrafa", señala Schiff, aunque menos que una "colaboradora directa". Fue la primera lectora de Nabokov y él tomaba seriamente sus dictámenes. Fue su público y su crítica, su chofer y su enfermera, su agente literaria, su compañera en la caza de mariposas y también quien salvó de las llamas el borrador de Lolita. Aunque en vida Vera odiaba ser llamada "musa", fue por lo menos el modelo para muchos personajes femeninos de su esposo: Zina, la heroína de su última novela europea, El don (o La dádiva), y también Clare en La verdadera vida de Sebastian Knight, su primera novela norteamericana.

La investigación de Shiff completa aquellas zonas que quedaban más o menos penumbrosas en la biografía monumental de Brian Boyd sobre Nabokov, sobre todo en lo que se refiere a bambalinas familiares, o a las acusaciones que cayeron sobre Vera cuando su marido abandonó el idioma ruso para dedicarse a escribir en inglés. Más que un estudio literario, Vera ofrece un retrato abundante y complejo, salpicado de anécdotas jugosas. La misma Vera Slonim que en su temprana juventud habría participado en un complot para matar a Trotsky es la esposa abnegaba que en 1955 obtiene un permiso para portar un arma calibre .38 con el fin de "protegernos cuando viajamos a regiones lejanas a hacer investigaciones entomológicas". La misma madre que no quiere que su hijo de doce años lea Tom Sawyer porque se trata de "un libro indecente", es la mujer que defiende con ardor la novela Lolita y se indigna frente a los que hacen un análisis moral de la obra, en vez de literario.

Gracias a Schiff descubrimos los gustos literarios de Vera: leía con entusiasmo a Robbe-Grillet, Scott Fitzgerald y Evelyn Waugh, rechazaba a Pasternak y Dostoievski con el mismo rigor que Vladimir. Era raro que sus opiniones fueran divergentes. Cierta vez que su marido ponderó la obra de George Eliot, Vera exclamó horrorizada: "¿Pero cómo pude casarme contigo?".


A mediados de los años cuarenta, Nabokov comenzó a dictar cursos de literatura rusa y europea en universidades norteamericanas. Vera decidió comprar un auto, un Plymouth 1940 color beige, y obtuvo "en tiempo record" la licencia para conducir y llevar a su esposo al campus. Los alumnos pronto se habituaron a esa mujer delgada y serena que, a veces, incluso intervenía en la mitad de una clase para corregir un leve error en una cita apresurada de Gogol o de Pushkin. Para su libro, Schiff tuvo la feliz ocurrencia de entrevistar a varios ex alumnos. De esta forma se enteró de los rumores y leyendas que corrían acerca de la señora Nabokov, a quien unos apodaban "la condesa" y otros "el águila gris":

Según los estudiantes, Vera estaba siempre allí:
a) para recordar a todos que el profesor era un genio,
b) porque Nabokov tenía problemas de salud y ella lllevaba a todas partes los remedios,
c) porque no era su mujer, sino su madre,
d) porque en realidad él era ciego y ella lo guiaba,
e) para alejar del profesor a las jóvenes estudiantes (y esto mucho antes de Lolita).

Ningún alumno sabía que, en realidad, era Vera quien corregía los exámenes. En cuanto a la última hipótesis --acaso la menos falsa de todas--, la esporádica presencia de "la condesa" no impidió que el profesor Nabokov tuviera un romance con una alumna de Wellesley llamada Katherine. "Nabokov era fiel sólo lo indispensable", afirma Schiff. "Como lo atestiguan sus escritos, era muy sensible a la belleza en todas sus formas, particularmente a la belleza femenina. Su esposa no ignoraba que él era un seductor impenitente. El matrimonio estuvo a punto de naufragar en 1937, debido a una aventura pasional. Sus amigos se preguntaron entonces si Nabokov sería capaz de dejar a Vera, tan esencial para su vida y su obra. El tiempo demostró que no".

En los años cincuenta, aún en los Estados Unidos y antes de su última mudanza a Suiza, los Nabobov "dieron a luz", al margen de su hijo Dmitri (actual albacea de la obra de su padre, ex corredor de autos y cantante de ópera), a una suerte de "construcción lejana e inaccesible", un ente llamado V.N. cuyas iniciales, deliberadamente ambiguas, podían corresponder tanto a uno como a otro. En la autobiografía de Nabokov, Habla, memoria, hay a primera vista una engañosa ausencia: la de Vera. Enseguida se descubre que su nombre falta explicitado pero que, por lo demás, el libro está lleno de invocaciones a una segunda persona porque el narrador se dirige a su esposa. De esta manera vivió Vera: desempeñando un papel omnipresente y al mismo tiempo invisible.

La señora Nabokov sobrevivió unos quince años a su esposo. Durante su viudez, recluida en Montreux, recibió entre otros a Martin Amis. Toda vez que un periodista o visitante intentaba sonsacarle una anécdota conyugal, ella eludía la pregunta. "No me acuerdo", respondía si estaba de buen humor. O, si malhumorada: "¿Usted es de la KGB?". Llegaron a pedirle que escribiera un texto sobre Vladimir. Se negó amablemente. No quería ser una "viuda escritora", como Anna Dostoievski o Fanny Stevenson. Poco antes de morir en 1991, destruyó todas sus cartas dirigidas a Volodia pero preservó las de él, que a su entender sí eran preciadas para la posteridad.

"¿Qué hubiese ocurrido sin la revolución?", les preguntó una vez a Vera y Vladimir el periodista Andrew Field. "Te habría conocido en San Petersbugo, nos habríamos casado y habríamos llevado una vida muy similar a ésta", respondió Nabokov, mirando a su esposa. "Para ese hombre de imaginación tan poderosa era absolutamente inconcebible una vida sin Vera", dice Schiff. "Tenía una convicción casi religiosa de que habían nacido para conocerse".~

04 febrero, 2009

Adivinanzas

Hace ya un tiempo, animando en Buenos Aires un grupo de escritura creativa consagrado a las formas breves, y mientras analizábamos las “greguerías” de Ramón Gómez de la Serna, una participante llamada Graciela Ortega dijo que muchas de las greguerías de Ramón, sobre todo las que trabajan en la línea de las analogías, podían reformularse como adivinanzas.

Mejor explicado: que una greguería como “El hormiguero es el calambre de la tierra” podría convertirse en una especie de adivinanza: “Adivina, adivinador, qué es el calambre de la tierra”. Respuesta: “El hormiguero”.

Lo mismo, incluso, podría ocurrir al revés. Es decir, que a partir de una adivinanza clásica (“Redondo, redondo, barril sin fondo”), podría intentarse una greguería como “Los anillos son barriles sin fondo”.

Y ni hablar de la belleza de una adivinanza popular como: “Animalito bermejo, costillas sobre el pellejo”, que podría suscitar esta greguería: “El barril es el único animal con las costillas sobre el pellejo”.

He aquí unas adivinanzas basadas directamente en algunas greguerías de Ramón:

1) Somos los clavos peinados con la raya al medio.

2) Soy el agua con hipo.

3) Somos las gafas ahumadas de los oídos.

4) Soy la máquina de escribir de la muerte.

5) Soy la silla de tijera del alfabeto.


Debajo de la foto de Ramón, las respuestas (es decir, las greguerías de las cuales provienen estos acertijos).



Fuentes:

1) Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio.

2) Soda: agua con hipo.

3) Los auriculares son las gafas ahumadas de los oídos.

4) La ametralladora suena a máquina de escribir de la muerte.

5) La X es la silla de tijera del alfabeto.

02 febrero, 2009

Las explanadas

Un autor pasaba días enteros en las explanadas del barrio bajo, esperando que una historia cayese del cielo. Cierto día una historia extraordinaria cayó, por cierto, venida del cielo. Le dio de lleno en la cabeza. El autor quedó amnésico y nunca más se acordó de ella. En cuanto a la historia, se puso a vagabundear por las explanadas del barrio bajo, esperando que el cielo le enviase un autor.


Microrrelato incluido en "Caravana", libro del escritor portugués Rui Manuel Amaral (Porto, 1973). Traducción de Eduardo Berti.

01 febrero, 2009

Francoise

Francoise HARDY


A principios de los 60, mientras Serge Gainsbourg y Charles Aznavour rejuvenecían la “chanson” francesa, y Johnny Hallyday era la versión gala de la nueva ola, una chica llamada Françoise Madeleine Hardy se convertía en indiscutible ícono pop a causa de su belleza (fue modelo de la revista Vogue y actuó en cine) y de la rara calidad de sus primeras canciones ( “Todos los chicos y chicas”, “Mi amiga la rosa”) que vendieron millones de discos y que, vueltas a escuchar hoy, siguen respirando una mezcla irresistible de frescura y tristeza.

Así como corre la leyenda de que John Lennon estaba perdidamente enamorado de Brigitte Bardot, se sabe que aquella Françoise Hardy encarnó el “ideal femenino” para Mick Jagger. El tiempo ha pasado y pese a que los Stones cantaban que a nadie le importan los diarios y las chicas de ayer, la autobiografía que Hardy acaba de publicar ("Le désespoir des singes… et autres bagatelles", Robert Laffont) confirma el inagotable interés por su figura y por aquellos tiempos.

No falta nada, o casi nada, y todo está muy bien contado. Sobre la industria discográfica: “Una prisión dorada”. Sobre el Mayo Francés : “Mi conciencia política entonces era nula (…), hoy creo que aunque no se hubiese producido Mayo 68, la evolución de la sociedad francesa habría sido la misma, mientras que la sociedad británica no necesitó ese tipo de manifestación”.

También está, por supuesto, el mundo privado. El encuentro entre sus padres, que se llevaban veinte años. La partida del padre. La belleza de su madre, que medía casi 1,80 (“raro para la década del cuarenta”). Su infancia en un colegio de monjas. Su mítica pareja con el cantante Jacques Dutronc, padre de su hijo Thomas. Y hasta el romance que a mediados de los 70 vivieron Dutronc y Romy Schneider.

Las páginas en torno a la muerte de su madre resultan conmovedoras y están levantando no pocas polémicas, dado que Hardy se manifiesta por la legalización de la eutanasia. “Mi madre murió como y cuando quiso”.

La cantautora tiene en la actualidad 64 años (aquella edad a la que los Beatles le dedicaron una canción), se interesa por la astrología (llegó a publicar un libro sobre el tema) y sigue activa con el prestigio intacto, a tal punto que en los últimos tiempos grabó a dúo con Iggy Pop.

¿Por qué una autografía?, le ha preguntado la prensa. “Tras el intento de trabajar con una periodista, finalmente resolví hacerlo sola”, explicó Hardy. “Escribir es lo que mejor sé hacer”. El resultado final no lo desmiente.

http://es.youtube.com/watch?v=_Jx4_zx1zr8