29 septiembre, 2009

Biarritz


La edición 2009 del festival de Biarritz, Francia, se realiza desde ayer, 28 de septiembre, hasta el domingo 4 de octubre, y en esta oportunidad rinde especial homenaje al cine cubano y contará, además, con una función de cine-concierto a cargo de Santiago Chotsurián, quien le pondrá música a un clásico film mudo de Carl Dreyer, "La pasión de Juana de Arco" (1927), en el que aparece, entre los actores, un joven Antonin Artaud.

Los organizadores del XVII festival de Biarritz han tenido la gentileza de invitarme a la sección literaria. Seré entonces uno de los escritores allí presentes, junto con Santiago Roncagliolo (Perú) y Ernesto Mallo (Argentina), entre otros.

La programación literaria incluye estos encuentros:

Jueves 1 de octubre

Desde las 10h hasta las 11h30 :

- Diálogo con Eduardo Berti (Argentina)

L'Ombre du boxeur (La Sombra del púgil), publicado en 2008 por Actes Sud

Desde las 15h hasta las 16h30 :

- Diálogo con Santiago Roncagliolo (Perú)

Histoires indiscètes d'une famille sans histoire (Pudor), publicado en marzo de 2009 por Le Seuil, La Martinière.

Proyección especial en el cine Le Royal, desde las 18h30 hasta las 20hs :

Santiago Roncagliolo vendrá a presentar la película adaptada de este libro: Pudor, de los hermanos Ulloa (España, 2008).

Viernes 2 de octubre :

Desde las 15hs hasta las 16.30hs :

- Diálogo con Ernesto Mallo (Argentina)

La aguja en el pajar, que pronto dará a conocer la editorial Payot-Rivages.


Más información:

http://www.festivaldebiarritz.com

28 septiembre, 2009

Las papas

Machado DE ASSIS


Imagina un campo de papas y dos tribus famélicas. Las papas apenas alcanzan para alimentar a una de las tribus, que de este modo obtiene fuerzas para sortear la montaña e ir hasta la otra ladera, donde hay papas en abundancia; pero si las dos tribus se dividieran en paz las papas del campo, no llegarían a alimentarse lo suficiente y morirían de inanición. Una de las tribus extermina a la otra y recoge los despojos. De donde la alegría de la victoria, los himnos, las aclamaciones, las recompensas públicas y todos los demás efectos de las acciones bélicas. Si la guerra no fuera eso, no llegarían a producirse tales demostraciones, por el motivo muy real de que el hombre sólo conmemora lo que ama y le es apreciable o ventajoso, y por el motivo racional de que ninguna persona canoniza una acción que virtualmente la destruya. Para el vencido, odio o compasión; para el vencedor, las papas.

Machado de Assis, "Quincas Borba"

27 septiembre, 2009

Llegada

El objetivo de una traducción no es exhibir la erudición de su autor, ni su conocimiento del idioma de origen, que son por cierto condiciones necesarias pero no suficientes para emprender el trabajo, sino incorporar un texto viviente a la lengua de llegada.


Juan José Saer, "Trabajos"

26 septiembre, 2009

La venganza de los fantasmas


El rey Xuan, de Zhou, condenó a muerte a su ministro Du Bo pese a que éste era inocente. Du Bo se dijo: “El rey ha decidido ajusticiarme pese a que soy inocente. Si el hombre pierde la conciencia tras su muerte, todo se ha acabado. Pero yo conservaré la conciencia tras mi muerte y en tres años se lo haré saber al rey”. A los tres años, el rey Xuan dio cita a los señores feudales en Putian. Había cientos de coches. Había miles de personas. Al caer el sol apareció Du Bo, vestido de rojo y con un birrete en la cabeza. Iba en una carroza tirada por un caballo blanco; blandía un arco rojo y unas flechas rojas. Se aproximó al rey Xuan y disparó. La flecha atravesó el corazón del rey, que cayó de espaldas y falleció. Quienes estaban allí presenciaron el hecho, que luego fue registrado en los anales. Los soberanos se sirvieron del caso para educar a sus ministros, los padres se sirvieron de él para prevenir a sus hijos. “Es importante tener cuidado y respeto”, decían. “Quienes matan a un inocente serán pronto visitados por la desgracia y castigados por los fantasmas”. A juzgar por todo esto,
¿cómo poner en duda la existencia de fantasmas?


Mo Tzu, "Libro de Mo"

También conocido como Señor Mo o Mozi, este filósofo chino vivió entre el 479 AC y el 372 DC. Se lo conoce, ante todo, por haber fundado una escuela de pensamiento que se distanció tanto del taoísmo como del confucionismo.



25 septiembre, 2009

Leonardo y Maquiavelo


Por Eduardo Berti



Leonardo Da Vinci y Nicolás Maquiavelo se encontraron por primera vez alrededor de 1502, probablemente en la corte de Cesare Borgia. El primero trabajaba como arquitecto e ingeniero para Borgia, mientras que el segundo era miembro destacado del gobierno de Florencia. Un año más tarde, de regreso ambos en Florencia, trabaron amistad y elaboraron en conjunto un proyecto tan ambicioso como revolucionario: el de canalizar el río Arno para modificar su cauce.


Los pormenores de esta breve y misteriosa alianza entre dos de los hombres más famosos e influyentes del Renacimiento son ampliamente reflejados por el profesor norteamericano Richard D. Masters en su libro Fortune is a River, "un trabajo casi detectivesco en el que tuve que investigar sin la ayuda de testigos vivientes".

El río

En los siglos XV y XVI, Italia estaba dividida en numerosas regiones: entre ellas, el territorio papal (con su capital, Roma), el reinado de Nápoles, los ducados de Milán, Ferrara o Módena , y las repúblicas de Génova, Venecia o Florencia. Centro de artes y comercio, la ciudad de Florencia albergaba un poder ejecutivo --una asamblea política llamada Signoria-- más otras instancias de poder: los Buonomini, los Gonfalonieri y los Dieci, estos últimos responsables de las decisiones militares.

Entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI hubo una larga guerra que enfrentó a Florencia con Pisa. El motivo: Pisa bloqueaba el libre uso del río Arno y complicaba los negocios de los comerciantes florentinos. La rebeldía de los pisanos ante el poder de Florencia y la rivalidad entre las dos ciudades es tan antigua que ya en su Divina Comedia Dante Alighieri imaginaba un método para castigar a Pisa, consistente en eliminar dos islas, de modo que el río inundase la ciudad.

El desarrollo histórico de Florencia estuvo desde siempre ligado al Arno. En 1347, el gobierno florentino consideró por primera vez un proyecto para volver navegable el río. La ciudad de Milán había logrado algo por el estilo en el valle del Po, a partir del siglo XII, gracias a la construcción de una red de canales.

Leonardo Da Vinci tenía unos treinta años cuando llegó a Milán, en 1482 ó 1483. Había estudiado y trabajado hasta entonces en
Florencia. La corte de Ludovico Sforza recibió a Leonardo como músico. Poco tiempo atrás había inventado un laúd de plata que semejaba la cabeza de un caballo. Su estadía en Milán duró casi veinte años. La ciudad estaba en guerra con Venecia, y Da Vinci aprovechó para presentarle a Sforza sus muchas invenciones militares: puentes móviles, catapultas, minas, morteros.

Alrededor de 1487, Leonardo fue invitado a participar en la reparación de la catedral de Milán. "Es muy probable -- supone Masters-- que entonces conociera al arquitecto Luca Fancelli, quien ese mismo año le había escrito a Lorenzo de Medici, en Florencia, proponiéndole construir canales que volverían navegable el Arno".

Según estima Masters, fue durante estos meses que nació en Leonardo la idea de alterar el curso del río Arno. En su legendaria biografía de Da Vinci, Giorgio Vasari se refiere vagamente a estos proyectos. Los planos, dice Masters, fueron descubiertos en Madrid hace apenas poco más de treinta años.

Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo fue nombrado segundo canciller de la república de Florencia a los 29 años. Eran tiempos turbulentos: 1494 había sido el año del vertiginoso ascenso al poder de Savonarola, cuya campaña de puritanismo llegó a su apogeo con las "hogueras de las vanidades" que organizó en 1497, y en las que sus más fieles seguidores arrojaron a las llamas los objetos que consideraban lujuriosos. Un año más tarde, Savonarola fue depuesto y quemado vivo, y un nuevo gobierno se formó con Maquiavelo en sus filas.

"Durante sus dos primeros años en el gobierno --escribe Masters--, Nicolás estuvo particularmente ocupado con dos problemas: la revuelta de Pisa y las relaciones diplomáticas con Francia".

Florencia controlaba Pisa desde 1406, a pesar de que en los últimos tiempos los enemigos de la ciudad (Venecia y Milán, especialmente) habían intentado alterar esta circunstancia. Hacia 1498, fecha en que Maquiavelo asumió como segundo canciller, la recaptura de Pisa era obsesión entre los florentinos. La campaña empezó de inmediato. En mayo de 1499, Maquiavelo escribió el que se juzga su primer documento estatal: Discurso de la guerra pisana.

El ejército de Florencia, en alianza con Milán, había derrotado a los pisanos y parecía a punto de reconquistar la ciudad, cuando las tropas del rey francés Louis XII llegaron a Italia y depusieron al duque Ludovico Sforza. "Enseguida --cuenta Masters--, con la asistencia del Papa Alejandro VI, notoriamente corrupto, el rey Louis ayudó al hijo ilegítimo del Papa, Cesare Borgia, a conquistar Imola y Forli". Ahora Florencia tenía dos amenazas potenciales: la de Borgia (al este) y la de la guerra irresuelta con Pisa (al oeste).

Como las tropas francesas eran mercenarias y cobraban por hacer la guerra, el gobierno florentino se las ingenió para conseguir sus favores y revigorizar la campaña contra Pisa. En abril de 1502, Florencia firmó un acuerdo con los franceses: el ejército tomaría Pisa a cambio de un pago de cuatro mil ducados anuales durante tres años.

Mientras tanto, tras la caída de su patrón Sforza, Da Vinci estaba buscando financiamiento para sus obras e investigaciones. Volvió a Florencia y aceptó una oferta de Cesare Borgia para trabajar a sus órdenes.

En octubre de 1502, Borgia se instaló en Imola, junto con su asesor Da Vinci. La pequeña ciudad, ubicada entre Bologna y Rimini, debió ser fortificada. Leonardo trazó un minucioso mapa de Imola, considerado uno de los más exactos de su tiempo. Aquel mismo mes, el gobierno florentino envió una comitiva a través de los Apeninos para negociar con Cesare. Fue entonces, sugiere Masters, cuando Maquiavelo y Leonardo se vieron las caras por primera vez.

"Para 1502, Leonardo era un hombre famoso", señala Masters. Cosa curiosa, los abundantes informes redactados por Maquiavelo y enviados a Florencia no lo nombran ni una sola vez. Maquiavelo reporta que después de haberse entrevistado con Messer Agobito, uno de los asesores de Borgia, habló además con "otro que también está al tanto de los secretos del señor". En otro informe alude a una "larga" charla con "uno de los principales secretarios" de Cesare. Si esta persona era Leonardo, como infiere Masters, ¿qué razón podía tener Maquiavelo para soslayar su identidad? En el Renacimiento italiano las cartas eran muchas veces interceptadas. Muchos informes estaban escritos en código. Si su nombre hubiese sido mencionado, el 'amigo' de Maquiavelo habría corrido peligro de muerte.

Codo a codo

Los documentos existentes prueban que Leonardo y Maquiavelo estaban trabajando codo a codo en el verano de 1503, entusiasmados con su plan de alterar el cauce del Arno. En su libro, Masters sugiere que el segundo canciller fue el hombre clave que recuperó a Leonardo de las huestes de Cesare y lo repatrió a Florencia.


La primera misión que Da Vinci recibió del poder florentino fue la de erigir un fuerte inexpugnable en torno a la ciudad rival. ¿Quién otro, salvo Maquiavelo, estaba al tanto de las virtudes de Leonardo como constructor de fortalezas?, se pregunta Masters. Poco después, en julio de 1503, Leonardo visitó Pisa en calidad de engeniero hidraúlico (maestro di acque).

Indica Masters que Leonardo forjó dos planes: uno pacífico y económico; otro, decididamente militar. El primer plan, que desviaba el curso del Arno hacia el Norte, hacia Pistoia, ofrecía en teoría más beneficios en materia de irrigación y salida al mar, pero de nada servía para perjudicar a Pisa.


El plan de Leonardo

Incapaces de conquistar Pisa por la fuerza militar, los florentinos finalmente votaron el plan de Da Vinci. Corría agosto de 1504 cuando Maquiavelo anunció la designación de un ingeniero hidraúlico llamado Colombino para llevar a cabo la obra. El tal Colombino pidió dos mil obreros, pero pronto Maquiavelo comprendió que el ingeniero no cumplía al pie de la letra el proyecto de Leonardo.

A un mes de empezada la obra, Maquiavelo advirtió a la Signoria que la zanja de Colombino era menos profunda que el río Arno y que esto traería "efectos negativos". Seguramente fue el propio Leonardo quien le sugirió este párrafo. Lo cierto es que el Arno, en el primer intento de desvío, no tardó en volver a su cauce verdadero. Para colmo, una tormenta estalló y "parte de los trabajos se colapsaron", señala Masters. Los pisanos comprendieron de inmediato lo que tramaban sus enemigos y en cuestión de una semana destruyeron los diques y rellenaron las zanjas. El sueño de Da Vinci y Maquiavelo fracasó sin remedio, pero el gobierno de Florencia fue capaz de discernir que los errores habían estado en la ejecución y no en el plan original.

Sueños fabulosos

A pesar de su traspié, tanto Leonardo como Maquiavelo continuaron, cada cual por su lado, imaginando sueños en más de un sentido fabulosos. De 1506 a 1519, Da Vinci pudo aplicar con éxito sus teorías hidraúlicas en Milán, en los territorios papales y en Francia; asimismo, entre muchos inventos, concibió un espejo curvo (una suerte de telescopio) y experimentó con un "pájaro gigantesco", pionero de la aviación.

Maquiavelo llegó a crear las milicias ciudadanas que finalmente capturaron Pisa, pero acto seguido cayó en desgracia, cuando los Medici recuperaron el poder. Creyéndolo un conspirador, los partidarios de Giuliano di Medici lo torturaron y encarcelaron. Maquiavelo, que tenía 43 años, se puso a escribir una guía práctica de política para Giuliano, con el objeto de llamar su atención y así reconquistar un puesto de influencia. No consiguió lo buscado pero el texto acabó siendo El príncipe, su obra más recordada y uno de los libros fundamentales de teoría política. En sus últimos años, se propuso triunfar como hombre de letras. Se enamoró de una joven actriz y cantante (Barbera Salutati); escribió poemas y obras teatrales como La Mandragola y Clizia; murió en 1527 y enseguida --unos cuarenta años después, estima Masters en su libro-- el adjetivo "maquiavélico" empezó a usarse como sinónimo de engaño, falsedad, doble moral o astucia inescrupulosa.

¿Qué aprendieron ambos del fracaso del proyecto?, se pregunta el norteamericano. Es difícil decirlo, responde, porque Leonardo dejó pocas reflexiones acerca de esta empresa y Maquiavelo apenas alguna que otra mención velada.

De los axiomas fundamentales que presenta El príncipe (que la historia la escriben los que ganan; que la suerte es estar en el lugar adecuado en el momento correcto, etc), Masters sospecha que al menos uno (la necesidad de un lider eficaz que sepa ejecutar un plan con virtuosismo) se debe bastante a la experiencia del río Arno. Pero también está ese famoso pasaje del capítulo 25 de El prícipe donde Maquiavelo compara la "fortuna", e incluso la historia humana, con un río. "Durante mucho tiempo se creyó que esto no era más que una metáfora", escribe Masters en su libro. "Ahora sabemos que también refleja una experiencia práctica".~

24 septiembre, 2009

El placer en Ulud



En estas islas impera una costumbre asombrosa: los Dioses les niegan a los hombres y también a las mujeres el derecho de conocer dos veces el placer físico con el mismo compañero. De esta manera, las parejas se hacen y se deshacen casi al mismo tiempo, y todos deben vagabundear de atolón en atolón en busca de un nuevo compañero sexual; por eso la modestia me conduce a pensar que debemos nuestro éxito con las mujeres de Ulud más a la rareza de lo nuevo que al poderío de nuestra seducción.

Ocurre, de vez en cuando, al cabo de tantos cuerpos, tantas pieles y tantos rostros, que uno ya no se acuerda muy bien, que se instala una duda sobre lo novedoso de la relación. La cópula es estonces autorizada, ya que se supone que los Dioses también han olvidado.

Hemos encontrado, no obstante, ciertas parejas que están públicamente juntas desde hace años. Ellas viven en la abstinencia total o, más usual todavía, simulan tanto uno como el otro, durante el acto sexual, una absoluta falta de placer.


Hervé Le Tellier ("Cités de mémoire")




22 septiembre, 2009

Muy ocupada

GOETHE


Las últimas palabras de la madre de Goethe, a una sirvienta que le había traído una invitación a almorzar: "Dígales que la señora Goethe no puede ir porque está muy ocupada muriéndose".

André Germain, "Goethe y Betttina"

20 septiembre, 2009

La sombra en Inrockuptibles


Agradezco a la revista francesa Les Inrockuptibles el extenso comentario dedicado a mi última novela, “La sombra del púgil”, editada en Francia (Actes Sud) como “L’Ombre du boxeur”. Esta es una traducción del texto escrito por Rafaëlle Leyris y publicado el pasado 30 de junio.


Por Rafaëlle Leyris

En su caso, es una obsesión. De un libro a otro, Eduardo Berti pone su talento proteiforme al servicio de temas, historias y personajes diversos, pero siempre trabaja una misma pregunta como escritor: la de la reescritura, la apropiación de una ficción y las transformaciones que esta reinterpretación suscita. En “Madame Wakefield” ( “La mujer de Wakefield”), el escritor argentino tomaba un cuento de Nathaniel Hawthorne para restituirlo desde el punto de vista de otro narrador. En “Tous les Funes” (“Todos los Funes”), tracudido en 2005, narraba el delirio de un universitario obsesionado por un personaje de Borges, y su reinvención. El séptimo libro traducido en Francia de este escritor, periodista y editor de 45 años se interna por otros caminos para abordar acaso un mismo tema. En “L’Ombre du boxeur” (“La sombra del púgil”), fragmentos de recuerdos de una familia con la dictadura militar argentina de fondo, se interroga acerca de la circulación de las historias, de su relectura a cargo de quienes las divulgan y las deformaciones de la verdad ligadas a la mala interpretación de sus sucesivos narradores.

Es un “nosotros” el que narra aquí: un nosotros compuesto de tres hermanos nacidos en los años 1960, que evocan colectivamente las historias que el padre contaba en la mesa familiar. Sobre todo las historias que ponían en escena a Justino, el relojero-cerrajero del barrio, ex boxeador mediocre que se ha vuelto legendario, y también la historia del amor secreto de una de las dos tías solteronas de los tres hijos.


“L’Ombre du boxeur” (“La sombra del púgil”) describe con mucha gracia y singularidad la construcción de los mitos familiares y, asimismo, la elaboración de una identidad coletiva (ese “nosotros” de los tres hermanos, que también es un mito) a partir de historias, incluso erróneas.

Las frases de Eduardo Berti serpentean, se inflan de ironía, para mostrar sútilmente los mecanismos de una familia, ran complejos y secretos como los del gran reloj que retumba en el salón de las dos tías.

Novela de amor, novela familiar, este libro es también, de manera indirecta, una novela política: que empiece en Argentina en 1976 (año del golpe militar) no es un hecho anodino. Como tampoco que el padre de los tres hermanos trabaje como archivista en el Congreso pero nunca diga nada acerca de la situación del país, prefiriendo, noche a noche, volcar todo su oficio de contador al servicio de la historia de un púgil retirado y de unos amores platónicos.


Sin dar ninguna lección, experto en el arte de describir la complejidad y la ambigüedad, Eduardo Berti describe el silencio de hombre y mujeres, ni hérores ni traidores. De una generación que esperó que pasara la dictadura hablando de otra cosa.

19 septiembre, 2009

Escribir según Guillermo Samperio

Guillermo SAMPERIO


Escribo de manera irreflexiva porque entiendo que los textos se prefiguran dentro de uno y lo importante es hacer contacto con ellos. El escritor cubano José Lezama Lima decía que el escritor anda vagando en silencio, sin escribir, hasta que en un momento dado se topa con lo que él llamó "dinámica oscura", la cual se encuentra dentro del escritor. La ventaja de esta dinámica oscura, según Lezama, es que cuando entras en contacto con ella, encuentras ya un universo de lenguaje, las imágenes y las formas literarias, todo prefigurado. Al momento de la escritura en sentido estricto yo le llamo figuración. En cuanto tengo la primera versión del texto, lo leo y veo sus fallas, y lo rescribo de inmediato. Luego lo dejo descansar un par de meses, con lo cual tomo distancia emotiva de él y lo vuelvo a rescribir. Hay textos que requieren más de tres rescrituras.


Quien quiere escribir cuentos necesita conocer las bases fundamentales de la escritura de los mismos; sin embargo, soy de la idea de que en el momento de la escritura el cuentista tiene que olvidarse de la teoría y dejar fluir el texto porque lo que ha aprendido sobre la cuentística irá incorporándose mientras el autor va escribiendo. Asímismo la teoría le va a ser de mucha utilidad para las inevitables varias correcciones que hará del cuento.


El buen cuentista nunca entrega los datos de la historia totalmente, con el fin de que el lector participe en la creación del cuento; sin embargo, no puede estar falto de acciones.


El escritor de cuentos no sólo debe tener un laboratorio de poesía sino ser un gran lector de la misma pues la poesía es el género más cercano a la cuentística. Un verso es sintético, tiene musicalidad y contiene una idea en tan sólo siete silabas, por ejemplo; el cuento, en la práctica, una vez reelaborado varias veces y escuchado por el autor por alguien que se lo lee en voz alta para detectar las fallas musicales lo que entrega al editor es una partitura que contiene una historia a la cual llamamos cuento. Los poemas que el cuentista escribe en su laboratorio no es necesario que los publique, ya que son ejercicios.


No escribo para nadie en específico, pero entiendo bien que cuando el texto se va escribiendo él ya va buscando a sus lectores. Soy consciente de que cuando escribo no debo meterme en el territorio del lector; es decir, entre texto y lector existe una frontera invisible que el escritor debe respetar. Me refiero a no escribir cosas que el lector va a deducir por sí mismo, sin ayuda del texto.


Conceptos vertidos en una entrevista realizada por Joseph B. Macgregor y en otra realizada por Yolanda Sassoon, en ocasión de la edición de "Cómo se escribe un cuento. 500 tips para nuevos cuentistas del siglo XXI", de Guillermo Samperio (México, 1948), editorial Berenice, 2008.


17 septiembre, 2009

Mensajes


El timbalero Alcides Radaelli aprovechaba los poemas sinfónicos de Richard Strauss para enviar mensajes en Morse a su novia, abonada al superpúlman, izquierda ocho.

Un telegrafista del ejército, presente en el concierto por haberse suspendido el box en el Luna Park a causa del duelo familiar de uno de los contendientes, descifró con gran estupefacción la siguiente frase que brotaba a la mitad de Así hablaba Zaratustra:¿Vas mejor de la urticaria, Cuca?”

Julio Cortázar (“Un tal Lucas”)


15 septiembre, 2009

Cuerpo de mujer

Ryonusuke AKUTAGAWA

Una noche de verano, un chino llamado Yang despertó a causa del calor insoportable. Boca abajo, la cabeza entre las manos, tejía fogosas fantasías cuando advirtió que una pulga avanzaba por el borde de la cama. En la penumbra la vio arrastrar su diminuto lomo, que brillaba como la plata, rumbo al hombro de su mujer que dormía a un lado y yacía desnuda, profundamente dormida, la cara y el cuerpo volteados hacia él.

Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó: "Una pulga necesita una hora para llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido pulga..."

Dominado por estos pensamientos, su conciencia empezó a oscurecerse y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente vio, asombrado, que su alma había penetrado el cuerpo de la pulga, que seguía avanzando sin prisa por la cama, guiada por el amargo aroma del sudor. Aquello no era lo único inquierante; la situación era tan misteriosa que no salía de su asombro.

En el camino, una encumbrada montaña más o menos redondeada parecía suspendida de su cima como una estalactita, alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama. La base medio redonda de la montaña tenía el aspecto de una granada tan roja que daba la impresión de almacenar fuego. Salvo esta base, el resto de la montaña era blancuzco, hecho de una masa nívea, tierna y pulida. La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre apenas ambarino y dibujaba un arco de exquisita belleza; en cuanto a la ladera oscura, refulgía como azulada bajo la luz de la luna.

Atónito, los ojos bien abiertos, Yang miró aquella montaña de inusitada belleza. Enorme fue su asombro al comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho inmenso como una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció largo rato petrificado, aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por completo al agrio aroma del sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una pulga, de la belleza de su mujer.


Cuerpo de mujer (Ryonusuke Akutagawa)


14 septiembre, 2009

Cinco libros: Ricardo Bada


Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Ricardo Bada:


Como no se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica, sino sólo de cinco libros que uno quiera proponer y compartir con los demás, te mando mi lista, por lo que te pueda valer. Y sería la siguiente, si sólo pienso en libros de la guerra para acá :


La muerte de Virgilio (H. Broch)
Banderas sobre el polvo (W. Faulkner)
El gatopardo (Tommasi di Lampedusa)
Rayuela (J. Cortázar)
Grandes pechos, amplias caderas (Mo Yan)


Ricardo Bada nació en Huelva, España, en 1939. Escritor y periodista, reside en Alemania desde 1963. Entre sus libros publicados pueden destacarse "La generación del 39", (cuentos), "Me queda la palabra" (conferencias). "Los mejores fandangos de la lengua castellana" (parodias) o "Cuaderno de Bitácora", (diario de un viaje). Es autor de dos antologías de literatura española contemporánea, realizadas en colaboración con Felipe Boso y ambas publicadas en Alemania. Ha traducido por placer a grandes poetas de lengua alemana: Goethe, Theodor Fontane, Else Lasker-Schüler, Gottfried Benn, Bertolt Brecht, Erich Fried, etc. Ha cuidado en Alemania la selección y edición de la obra periodística de Gabriel García Márquez y los libros de viaje de Camilo José Cela; en España de la obra poética de la costarricense Ana Istarú, y en Bolivia de la única antología integral en castellano de Heinrich Böll.

11 septiembre, 2009

Tiranos

¿Será que nunca haremos más que confirmar la incompetencia de América católica que siempre precisará de ridículos tiranos?

Caetano Veloso, "Podres poderes"


09 septiembre, 2009

Mujeres


Siempre me descubro reverente al paso de las mujeres elefantas, maternales, castísimas, perfectas.
Sé del sortilegio de las mujeres reptiles –los labios fríos, los ojos zarcos- que nos miran sin curiosidad ni comprensión desde otra especie zoológica.

Convulso, no recuerdo si de espanto o atracción, he conocido un raro ejemplar de mujeres tarántulas. Por misteriosa adivinación de su verdadera naturaleza vestía siempre de terciopelo negro. Tenía las pestañas largas y pesadas, y sus ojillos de bestezuela cándida me miraban con
simpatía casi humana.

Las mujeres asnas son la perdición de los hombres superiores. Y los cenobitas secretamente piden que el diablo no revista tan terrible apariencia en la hora mortecina de las tentaciones.


Y tú, a quien acompasadas dichas del matrimonio han metamorfoseado en lucia vaca que rumia deberes y faenas, y que miras con tus grandes ojos el amanerado paisaje donde paces, cesa de mugir, amenazadora al incauto que se acerca a tu vida, no como el tábano de la fábula antigua, sino llevado por veleidades de naturalista curioso.


"Mujeres" es un texto del mexicano Julio Torri, acaso el gran padre del microcuento en esa parte del continente americano. Su influencia sobre escritores como Juan José Arreola ha sido muy importante.


Julio TORRI

Buscando datos biográficos de Torri, a fin de presentarlo como corresponde, me topé con el breve artículo que se le consagra en "Poesía en movimiento. México, 1915-1966" (editado por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis), y publicado por Siglo XXI, en México.

La semblanza es tan bella que he decidido copiarla casi textualmente:

Julio Torri nació en Saltillo en 1889, murió en la Ciudad de México en 1971. Perteneció al grupo del Ateneo de la Juventud (1910). El poema en prosa alcanza en Torri el extremo de resolver, en unas cuantas proposiciones, series complicadas de supuestos, a veces de origen culto y en ocasiones tomados de fuentes populares. Por encima del sentimiento, ha preferido la emoción de la inteligencia, y contra la elocución farragosa se ha propuesto el juego de la síntesis. Malicia e ironía, a menudo buen humor, trascienden de sus breves trabajos. La heroicidad, los grandes ademanes, los desplantes oratorios, el afán de superioridad, caen bajo su vigilante sonrisa, más entregada a la suspicacia que a la aceptación. (…) Contra la corriente, desde el rincón de su biblioteca, Torri ha procurado los asuntos que, en unas cuantas frases, tuercen el significado normal que estamos acostumbrados a otorgarles.

08 septiembre, 2009

Inventar el libro


Pere Sureda es uno de esos editores (que no abundan) con los cuales es un placer hablar de libros porque se nota que, para él, la literatura es algo que realmente le interesa. Al margen de su trabajo "oficial", Pere tiene la sana costumbre de enviar mails a sus amigos con una especie de "newsletter personal" hecho de citas literarias, recomendaciones de lecturas y de películas y otras cosas por el estilo. Hace unos días recibí de él este texto, escrito por Juan Villoro, que es sumamente interesante:

Juan VILLORO


Imaginemos una sociedad con escritura y alta tecnología, pero sin imprenta. Un mundo donde se lee en pantallas y se dispone de muy diversos soportes electrónicos. Abundan los receptores de textos e incluso se han diseñado pastillas con resúmenes de libros y métodos hipnóticos para absorber documentos. Esa civilización ha transitado de la escritura en arcilla a los procesadores de palabras sin pasar por el papel impreso. ¿Qué sucedería si ahí se inventara el libro? Sería visto como una superación de la computadora, no sólo por el prestigio de lo nuevo, sino por los asombros que provocaría su llegada.

Los irrenunciables beneficios de la computación no se verían amenazados por el
nuevo producto, pero la gente, tan veleidosa y afecta a comparar peras con manzanas, celebraría la ultramodernidad del libro.

Después de años ante las pantallas, se dispondría de un objeto que se abre al modo de una ventana o una puerta. Un aparato para entrar en él.

Por primera vez el conocimiento se asociaría con el tacto y con la ley de gravedad. El invento aportaría las inauditas sensaciones de lo que sólo funciona mientras se sopesa y acaricia. La lectura se transformaría en una experiencia física. Con el papel en las manos, el lector advertiría que las palabras pesan y que pueden hacerlo de distintos modos.

La condición portátil del libro cambiaría las costumbres. Habría lectores en los autobuses y en el metro, a los que se les pasaría la parada por ir absortos en las páginas (así descubrirían que no hay medio de transporte más poderoso que un libro).

La variedad de ediciones fomentaría el coleccionismo; los pretenciosos podrían encuadernar volúmenes que no han leído y los cazadores de rarezas podrían buscar títulos esquivos y acaso inexistentes. Sólo los tradicionalistas extrañarían la primitiva edad en que se leía en pantalla.

En su variante de bolsillo, el libro entraría en la ropa y sería llevado a todas partes. Esta ubicuidad fomentaría prácticas escatológicas en las que no nos detendremos. Baste decir que acompañaría a quienes necesitaran de distracción para ir al baño.

Las más curiosas consecuencias del invento tardarían algún tiempo en advertirse. Una de ellas está al margen de la ciencia y la comprobación empírica, pero sin duda existe. El libro se mueve solo. Lo dejas en el escritorio y aparece en el buró; lo colocas en la repisa de los poetas románticos y emerge en un coloquio de helenistas. Las bibliotecas no conocen el sosiego.

El hecho de que incluso los tomos pesados se desplacen sin ser vistos representaría un misterio menor, como el de los calcetines a los que se les pierde un par en el camino a la azotea, si no fuera porque los libros se mueven por una causa: buscan a sus lectores o se apartan de ellos. Hay que merecerlos. El password de un libro es el deseo de adentrarse en él.

Las pantallas son magníficas, pero les somos indiferentes. En cambio, los libros nos eligen o repudian.

Otras virtudes serían menos esotéricas. ¡Qué descanso disponer de una tecnología definitiva! El sistema operativo de un libro no debe ser actualizado. Su tipografía es constante. Eso sí: su mensaje cambia con el tiempo y se presta a nuevas interpretaciones.

Para quienes vivimos en tristes ciudades en las que se va la luz, el libro representa un motor de búsqueda que no requiere de pilas ni electricidad.
Qué alegrías aportaría el inesperado invento del libro en una comunidad electrónica. Después de décadas de entender el conocimiento como un acervo interconectado, un sistema de redes, se descubriría la individualidad. Cada libro contiene a una persona. No se trata de un soporte indiferenciado, un depósito donde se pueden borrar o agregar textos, sino de un espacio irrepetible. Llevarse un libro de vacaciones significaría empacar a un sueco intenso o a una ceremoniosa japonesa.

Con el advenimiento del libro, la gente se singularizaría de diversos modos. Esto tendría que ver con los plurales contenidos y la manera de leerlos, pero también con el diseño. Los fetichistas podrían satisfacer anhelos que desconocían.

¿Hasta dónde podemos apropiarnos de un artefacto? El libro es el único aparato que se inventó para ser dedicado, ya sea por los autores o por quienes lo regalan. Qué extraño sería instalar un programa de Word dedicado con cariño a la esposa de Bill Gates. En cambio, el libro llegó para ser firmado y para escribir un deseo en la primera página.

Las novedades deslumbran a la gente. El libro ya cambió al mundo. Si se inventara hoy, sería mejor.

JUAN VILLORO, Artículo aparecido en REFORMA de México el 4 de septiembre.

06 septiembre, 2009

Hasta los muertos se equivocan


-La semana pasada se me apareció una mujer en la cabecera de la cama- dijo-. Tuve el valor de preguntarle quién era y ella me contestó: “Soy la mujer que murió hace doce años en este cuarto.


-La casa fue construida hace apenas dos años -dijo el coronel.


-Así es -dijo la mujer-. Eso quiere decir que hasta los muertos se equivocan.


Gabriel García Márquez (“El coronel no tiene quién le escriba”)


05 septiembre, 2009

Leer, vicio impune


Por Eduardo Berti


El acto de leer tiene su estudio académico en la Historia de la lectura en el mundo occidental (Taurus), prologada y coordinada por Guglielmo Cavallo y Roger Chartier: el primero, profesor de paleología griega en una universidad romana; el segundo, editor del tercer volumen de la Historia de la vida privada, obra cuyo formato (el de muchos artículos a cargo de varios autores de diferentes universidades europeas) parece haber servido de modelo para este libro.



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Enunciar una historia de la lectura equivale a "restituir el significado movedizo y plural de los textos", aseguran los autores. Sobre la idea de que la lectura no está previamente inscripta en el texto y que "un texto no existe más que porque existe un lector para conferirle significado", Cavallo y Chartier han edificado un trabajo que no se limita a las maneras contemporáneas de leer, ni tampoco a una mirada semiótica. Como la lectura es siempre "una práctica encarnada en ciertos gestos, espacios y hábitos", buena parte de su investigación se dedica a "diferenciar las comunidades de lecturas, las tradiciones de lecturas y los modos de leer". En otras palabras, el libro sostiene que cada nuevo lector contribuye a elaborar un nuevo texto cuyo nuevo significado está en función, inexorablemente, de su nueva forma de abordarlo.
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Si se acepta como punto de partida el mismo instante en que, en el siglo V antes de Cristo, el libro pasó de ser un mero instrumento de fijación de un texto para convertirse en algo destinado a la lectura, resulta que la historia de Cavallo y Chartier abarca alrededor de 2500 años. Los autores se ocupan de señalar algunos jalones: las primeras bibliotecas públicas en la era del Imperio Romano, el reemplazo del rollo por el códice (libro con páginas) en el siglo II a.C., y la instauración de la lectura murmurada o silenciosa en la alta Edad Media.
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Algunos puntos que toca este libro son sin duda reveladores. En la Grecia antigua, nos dicen, existían más de diez verbos para la acción de leer, ya que no se nombraba del mismo modo una lectura superficial o una lectura atenta, una lectura primeriza o una relectura. En el siglo XIII, en las bibliotecas instaladas dentro de los conventos, se exigió por vez primera silencio a los lectores. En 1795, un librero conservador de apellido Heinzmann escribía en Alemania, equiparando a jacobinos y lectores, que "desde que el mundo es mundo, no se han visto sucesos tan extraños en Alemania como la lectura de novelas, o en Francia la revolución. Estos dos extremos están estrechamente imbricados, y no es improbable que las novelas hayan hecho en secreto tan infelices al hombre y a las familias como públicamente la terrible Revolución Francesa".

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RENOIR, "Mujer leyendo"


En su extensa y minuciosa historia, Cavallo y Chartier destacan tres hitos, tres "revoluciones de la lectura":

La primera, que data de los siglos XII y XIII, "transformó la función misma de lo escrito, cuando al modelo monástico de escritura, que asignaba a la escrito un cometido de conservación y memorización grandemente disociado de toda lectura, le sucedió el modelo escolástico de la escritura que transformó al libro en objeto y a la vez instrumento de labor intelectual".

La segunda revolución, de naturaleza técnica, se produjo cuando la imprenta de Gutenberg, en el siglo XV, modificó los métodos de elaboración y reproducción de los libros.

De la tercera revolución somos espectadores privilegiados, ya que ocurre en nuestros días y guarda relación con los nuevos formatos de transmisión electrónica de textos. Leer en una pantalla no es lo mismo que leer en un códice. "La nueva representación de lo escrito modifica, en primer lugar, la noción de contexto", escriben Cavallo y Chartier. Asimismo, se rompe el vínculo físico entre el objeto impreso y el texto o los textos contenidos, "proporcionando al lector, y no ya al autor o al editor, el dominio sobre el desglose o la presentación del texto que ofrece la pantalla". A diferencia de los libros impresos que sólo ofrecen márgenes o resquicios en blanco, con el texto eléctronico no sólo puede el lector intervenir para someter los contenidos a múltiples operaciones sino, más aún, "puede convertirse en su coautor", lo que trastoca sin precedentes las antiguas relaciones entre lector y texto.
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Trece ensayos conforman esta historia: Jespen Svenbro se ocupa de la Grecia arcaica y clásica; Guglielmo Cavallo, del mundo romano; Malcolm Parkes, de la Edad Media, lo mismo que Jacqueline Hamese y Paul Saenger; Robert Bonfil, de las comunidades hebreas en Europa occidental durante la época medieval; Anthony Grafton, del lector humanista; Jean-François Gilmont, de las reformas protestantes y su influencia en la lectura; Dominique Julia, de la contrarreforma; Roger Chartier, del mercado "popular" de lo impreso; Reinhard Wittman, de los finales del siglo XVIII; Martyn Lyons, de los nuevos lectores (mujeres, niños, obreros) del siglo XX; Armando Petrucci, del futuro de la lectura.
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"Contrariamente a lo que sucedía en el pasado -escribe Petrucci-, hoy en día la lectura ya no es el principal instrumento de culturización que posee el hombre contemporáneo; ésta ha sido desbancada por la televisión". El hábito del zapping, sigue razonando, "ha forjado potenciales lectores que no sólo no tienen un 'canon' ni un 'orden de la lectura', sino que ni siquiera han adquirido el respeto, tradicional en el lector de libros, por el orden del texto, que tiene un principio y un final, y que se lee según una secuencia establecida por otros".


(Texto originalmente publicado en el diario La Nación de Buenos Aires, Argentina)

04 septiembre, 2009

El triángulo rosa



Homosexuales en tiempos del nazismo

Por Eduardo Berti

(Fragmentos de un extenso artículo publicado originalmente en Página 30, Buenos Aires, marzo de 2002)

Hacia 1928 había en Alemania alrededor de un millón doscientos mil hombres homosexuales. Entre 1933 y 1945, cien mil de ellos fueron arrestados y unos 50 mil oficialmente inscriptos en los archivos como criminales. Una vez sentenciados, muchos acabaron en prisiones ortodoxas. Pero aproximadamente 10 mil fueron enviados a distintos campos de concentración. Cuántos murieron allí es algo no establecido. Las pesquisas han sido muy limitadas hasta hoy. Algunos investigadores, sin embargo, estiman que 6 mil.

La historia de los prisioneros homosexuales durante el régimen nazi fue silenciada durante casi cinco décadas, aun cuando la guerra hubiese ya terminado, porque la homosexualidad continuó siendo ilegal en la ex Alemania Occidental hasta fines de los años sesenta. Muchos de los sobrevivientes, en consecuencia, tenían miedo o estaban avergonzados de contar sus experiencias. Otros intentaron sumarse a las organizaciones de víctimas del holocausto pero se sintieron marginados. "El testimonio de los homosexuales era socialmente inaudible, imposible y peligroso", cree el francés Michel Celse, especialista en el tema, autor del ensayo colectivo Consciences de la Shoah.

Fue a partir de 1986, luego de que Richard Plant publicase su libro The Pink Triangle (El triángulo rosa), cuando empezó a reconsiderarse el caso. Pero los homosexuales no fueron oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo hasta hace unos años. En noviembre de 2000, por ejemplo, cuando el gobierno alemán pidió disculpas por las deportaciones y torturas sufridas por los gays y las lesbianas en la era del nazismo. O en abril de 2001, cuando el estado francés (a través de Lionel Jospin) reconoció por vez primera las persecuciones que sufrieron los homosexuales durante la Segunda Guerra Mundial. "Un hecho histórico", lo llamó Jean le Bitoux, presidente del Mémorial pour la Déportation Homosexuelle.

Párrafo 175


Cuando Rob Epstein y Jeffrey Friedman estrenaron hace casi 9 años su film Paragraph 175 no imaginaron que el documental iba a tener tantos efectos políticos. Ambos ya habían dirigido en dupla otras tres películas de militancia gay (entre ellas The Celluloid Closet, acerca de la homosexualidad en Hollywood, dentro y fuera de la pantalla, y Common Threads: Stories From the Quilt que les valió un Oscar en el rubro documental) y a Klaus Muller, el encargado de temas homosexuales del Holocuast Memorial Museum de los Estados Unidos, no le costó mucho convencerlos de que había que entrevistar, antes de que fuera muy tarde, a los últimos testigos directos del llamado holocausto gay.

La película se titula Paragraph 175 debido a un viejo artículo del código penal alemán, sancionado en 1871 y válido hasta 1969: "Un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino o entre seres humanos y animales debe ser castigado con la prisión; también puede significar la pérdida de los derechos civiles". La ley había caído en el olvido hasta que los nazis la rescataron. En los años veinte reinaba un clima de absoluta libertad en ciudades como Hamburgo, Munich o Bremen, y más aún en Berlín, donde había incluso clubes nocturnos de corte gay. En 1919, el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) había fundado el Instituto para la Ciencia Sexual. Uno de sus propósitos centrales era la abolición del párrafo 175. Para Hirschfeld la homosexualidad no era sinónimo de enfermedad, mucho menos de delito.

El doctor Hirschfeld

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller. En un mes se cerraron todos los bares gays de Berlín, entre ellos el mítico "Eldorado". El 6 de mayo los nazis destrozaron el instituto del doctor Hirschfeld. Todos sus libros fueron tiladados de "anti-alemanes" y quemados en una gran fogata. El doctor, judío y homosexual, se hallaba de viaje en el extranjero. Nunca regresó a Alemania.

En 1934, una división especial de la Gestapo (policía secreta del estado) fue fundada para combatir la homosexualidad. Uno de sus primeros actos consistió en establecer listas rosas con la ayuda de los servicios secretos de la policía. En septiembre de 1935 se promulgó una segunda versión, aún más rigurosa, del famoso Párrafo 175. Y un año después Heinrich Himmler creó un cuartel central para combatir la homosexualidad y el aborto: el II S, una sub-división del Departamento II de la Gestapo. Para los oficiales nazis, los homosexuales eran "anti-alemanes" y "socialmente aberrantes" porque privaban al país de hijos.

A pesar de esta cruzada anti-gay, Ernst Röhm, fundador de la SA y amigo íntimo de Hitler, era un reconocido homosexual. En un libro titulado El secreto de Hitler: la doble vida de un dictador, el profesor de historia Lothar Machtan dice que Hitler tuvo desde adolescente relaciones muy íntimas con homosexuales. Entre ellos se destaca un tal August Kubizek. Ambos compartieron durante cuatro meses un pequeño departamento en un área de Viena reputada como "zona homosexual".

Hitler defendió a Röhm diciendo que "la SA no es una institución moral" y que "la vida privada no importa mientras no traicione la base del nacional-socialismo". Fue todo una excepción y duró poco. El 28 de junio de 1934 ordenó la ejecución de Röhm y de otros supuestos traidores. El episodio se recuerda como "la noche de los cuchillos largos".

Las persecuciones alcanzaron su pico entre 1937 y 1939. Una campaña de propaganda iniciada en 1936 puso especial énfasis en la supuesta homosexualidad de los sacerdotes con el objetivo de desacreditar y recortar el poder de la Iglesia católica de Alemania, una institución que muchos oficiales nazis temían como el mayor enemigo potencial. En 1938, el lider Hermann Göring acusó de homosexual al comandante Von Fritsch, un oponente a la política militar de Hitler.

La gran mayoría de los homosexuales arrestados por infringir el Párrafo 175 eran alemanes o austriacos. En los campos de concentración, los prisioneros eran obligados a usar uniformes con diferentes marcas identificatorias, según la categoría a la que pertenecieran: judíos, gitanos, presos políticos, etc. Los homosexuales llevaron al principio varias marcas, desde un punto negro hasta un número 175 dibujado en la espalda del saco. Finalmente todos fueron identificados con un triángulo rosa.


Los testigos

De los siete testigos vivos que había al momento del rodaje de Paragraph 175, cinco aceptaron hablar ante una cámara: Gad Beck, Heinz Dörmer, Albrecht Becker , Heinz F. (él mismo pidió que su apellido fuese oculto) y el francés Pierre Seel. A ellos se agrega la poeta Annette Eick, que no llegó a estar presa --escapó a tiempo rumbo a Inglaterra-- pero perdió a toda su familia en Auschwitz. En el film, Eick representa a "los cinco casos de lesbianas muertas en campos de concentración", según informan los realizadores. Si la campaña contra las lesbianas fue menos encarnizada, esto se debe que los oficiales nazis entendías el lesbianismo como "temporario y curable".
Las experiencias de cada uno de los participantes en la película son muy diferentes. Gad Beck, por ejemplo, intentó salvar a su joven amante, Manfred, de ser transladado por la Gestapo a un campo de concentración. Se hizo pasar por hitleriano y alcanzó a liberar a Manfred con una excusa ingeniosa, pero mientras se alejaban del lugar de detención éste le dijo a Beck que no iba a abandonar a su familia. Le agradeció el gesto y regresó.

En 1935, un íntimo amigo de Heinz F. fue arrestado y, bajo presión de la Gestapo, confesó los nombres de otrops homosexuales. Entre ellos se encontraba Heinz. Fue arrestado por la polica local y enviado, sin juicio alguno, directamente al campo de concentración de Dachau. Allí empezaron nueve años de penurias, entre diferentes cárceles y campos.

Albrecht Becker, fotógrafo vinculado con la industria del cine, fue convocado a declarar en 1935 por haber violado el párrafo 175. "Todo el mundo sabe que soy homosexual", declaró. Fue sentenciado a tres años de prisión en Nuremberg. Cuando volvió a su pueblo local advirtió que no había más hombres: estaban todos en el frente o tras las rejas. Decidió entonces incorporarse al ejército alemán. Lo animaba una sola razón: "Allí era dónde estaban los hombres".

Nacido en Berlín en 1912, Heinz Dörmer fue jefe de varios grupos scouts, vinculados por lo general a la iglesia. Cuando los nazis empezaron a atosigar a todos los movimientos juveniles independientes para que se uniesen a las juventudes pro-hitlerianas, Heinz intentó negarse. En octubre de 1933 claudicó. "Eran más fuertes que nosotros". En abril de 1935, acusado de haber mantenido relaciones sexuales con otros miembros de su organización, Dormer fue enviado a un campo de concentración. En 1982 exigió una reparación al gobierno alemán. Su pedido fue rechazado.

Pierre Seel fue uno de los primeros sobrevivientes en romper en silencio. A mediados de los ochenta publicó en Francia su libro Moi, Pierre Seel, déporté homosexuel (Calmann-Lévy). Allí cuenta cómo los alemanes anexaron la región de Alsacia en 1940, cómo él fue arrestado luego de haber denunciado un robo en un club homosexual y cómo fue brutalmente sometido a malos tratos en los campos de Schirmeck y de Struthof. En el primero fue obligado a trabajar en la construcción de un crematorio. En el segundo fue violado y su cuerpo fue utilizado como blanco humano mientras los nazis le arrojaban jeringas en vez de dardos. "Siento vergüenza por la humanidad", dice Seel en el film.

03 septiembre, 2009

Cero para el ministro

Luc CHATEL

El ministro de educación de Francia, Luc Chatel, empezó mal el año escolar.

El lunes pasado Chatel hizo distribuir entre los periodistas una gacetilla consagrada a la "rentrée" escolar, pero el texto estaba lleno de faltas de ortografía, según ha revelado la revista Le Point.

Los errores pueden leerse en la página web de Le Point, que reprodujo fragmentos del texto original:

"La rèforme de l'enseignement primaire, qui est entré en application à la rentrée 2008, s'appuie sur des horaires et des Les programmes, redéfinis par arrêtés du 9 juin 2008 qui s'articulent avec les sept grandes compétences du socle commun."

"En 2009 se sont 214.289 élèves qui ont suivi... "

"Ces formations concerneront prioritairement les enseignants qui exercent pour la première fois en école maternelles ."

El gobierno francés, veloz de reflejos, ya corrigió los errores en la página web del ministerio de educación.

02 septiembre, 2009

Antología



Dos nuevos comentarios acerca de mi antología "Los cuentos más breves del mundo" (editorial Páginas de Espuma).


Revista literaria "Libro a libro":

Una apuesta segura. ¿Quién puede no disfrutar con estos deliciosos bocados literarios? La verdad es que la selección es muy, muy minuciosa: comienza por Esopo, para trasladarnos después a los microrrelatos de la antigua China, Roma, el imperio Árabe y tras atravesar la Edad Media, llegamos a autores ya más conocidos en el mundo occidental, como Chejov, Rimbaud, Voltaire o Robert Louis Stevenson.

Todos ellos contribuyen con –al menos- un relato de pocas líneas, tal vez de una página. Algunos rozan la poesía en unos brevísimos trazos (“El amante enloquecido”, por ejemplo); otros se acercan a los aforismos (“Ojos que no ven”…); otras están dentro del campo de las fábulas (“El castigo del palomo”…); hay también reflexiones quasi-filosóficas (“La orden”…). Pero sobre todo hay muchas historias que son tan sólo eso, historias para disfrutar de la literatura de varios siglos a partir de estos excelentes micro-textos.

Tras leer algunas de las joyas que aparecen en el libro, la verdad es que no es de extrañar que el género del microrrelato se haya puesto tan de moda últimamente. Esperemos que la tradición continúe. Ah, la edición del escritor argentino Eduardo Berti incluye, con muy buen ojo, una pequeña guía en la que se nos habla un poco de cada uno de los autores.



Página web "La biblioteca imaginaria":

Ya lo advertía Cervantes:


Yendo, pues, así caminando, dijo Sancho a su amo:

- Señor, ¿quiere vuestra merced darme licencia que departa un poco con él? Que, después que me puso aquel áspero mandamiento del silencio, se me han podrido más de cuatro cosas en el estómago, y una sola que ahora tengo en el pico de la lengua no querría que se mal lograse.

- Dila -dijo don Quijote-, y sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo.

Esta antología que nos presenta Eduardo Berti es, sin ninguna duda, una buena prueba de aquellas palabras del genio español.

Podría decirse que el carácter sentencioso y proverbial es la tónica dominante que recorre muchas de estas miniaturas literarias (carácter cubierto en muchos casos con la máscara de la más astuta ironía), género que por su peculiar fisonomía, su chispa lúdica, reflexiva o trágica, se aproxima en gran medida a algunas de las peculiaridades del género poético, sobretodo en su inmediatez y en su oblicuidad microcósmica.

Uno de los logros más evidentes que el lector puede encontrar en este libro es la gran pluralidad de escritores, pues en un verdadero esfuerzo antológico, el autor incorpora todo un elenco de nombres que en muchos casos pueden resultar ajenos a la inmediatez de nuestra tradición occidental, en la que, por otro lado, no falta ninguna de las figuras más destacadas en la materia. Mo Tzu, Chuang Tzu, Lie Yokou, Sheng Buhai, Tan Kung, Cheng Ben, Lü Buwei, Han Fei, entre otros muchos, nos acercan al pensamiento filosófico y literario chino. Por su parte, Ibn Sirin, Al-Yahiz, Qâbus, Sanai, Suma Munqidh, Attar, etc., representan algunos de los autores más destacados de la gran literatura árabe y persa. Ni que decir tiene que la nómina de escritores europeos, de la antigüedad griega y latina, rusos, etc. Es numerosísima y de valor extraordinario.

Puede corresponder este libro a los bien llamados “libros de cabecera”, pues más que a una lectura corrida, nos invita a una fruición segmentada que nos permita reflexionar pausadamente sobre muchas de la problemáticas (epistemológicas si cabe) que esta antología nos presenta. No obstante, como ya advertíamos antes, los momentos de diversión y sorna están asegurados en no pocas páginas. Miren sino el relato de Apollinaire titulado “Gastritis crónica”:



Un anciano médico de provincias necesitaba tomarse unas vacaciones. Le confió la clientela a su hijo, recién salido de la universidad, y se fue al mar. A su regreso vio que el muchacho había hecho maravillas y hasta curado la gastritis crónica de una acaudalada anciana.


- Muy bien, hijo mío, estoy orgulloso de ti -dijo el padre-. Pero acaso habría debido antes explicarte que fue la gastritis de la señora X la que ha pagado tus estudios.



Finalmente, podríamos decir concienzudamente que el libro Los cuentos más breves del mundo presenta una oportunidad única para disfrutar de un género literario de brevedad inagotable.