31 diciembre, 2010

Año nuevo

Desde hace años, todos los 31 de diciembre la televisión sueca emite esta vieja película inglesa:





Un ritual de repeticiones para honrar otro rito.

Feliz año para todos los lectores del blog y los mejores deseos para el 2011.

29 diciembre, 2010

El otro Borges


Por Eduardo Berti


Es sabido que Borges concibió "Pierre Menard, autor del Quijote", relato que divide en dos su obra, bajo el influjo de una severa fiebre que lo tuvo hospitalizado, al filo de la muerte. Menos sabido es cómo cayó tan enfermo. Cuenta José Bianco en un artículo que todo se debió a un accidente en casa de la escritora chilena María Luisa Bombal. "Se echó hacia atrás y se golpeó la cabeza con el filo de una ventana entreabierta", dice Bianco. "Lo curaron, lo vendaron y le dejaron en la herida un pedazo de masilla". Consecuencia: septicemia fulminante. Por aquel entonces no existían los antibióticos.

El accidente es el mismo que en el cuento "El sur" sufre Juan Dahlmann. Oscuro bibliotecario (como Borges), mezcla de sangre criolla y germánica (también como Borges), Dahlmann golpea con su cabeza contra el batiente de una ventana inoportunamente abierta.

Ya curado, Borges resuelve escribir "Pierre Menard" con el fin de probar su cordura y de plasmar algo absolutamente distinto de lo que había hecho hasta entonces. A partir de este cuento original, fantástico y metafísico, su literatura -- vuelta a nacer sólo en cierto sentido -- se aparta más del criollismo y apunta a una internacionalidad que finalmente adquiriría.

¿Puede leerse "El sur" como el relato del "otro" camino que el "otro" Borges podría haber tomado al salir del hospital? Recuperado del mismo accidente, Dahlmann elige la barbarie en vez de la civilización. Viaja al sur y en una pulpería le arrojan una daga a los pies: imposible rechazar el desafío. "El sur" pertenece a esa gama de relatos borgeanos en los que, según sostiene Beatriz Sarlo, "el mundo criollo o indio toma una revancha sobre el espacio urbano o letrado". Dahlmann no sólo sabe de memoria buena parte del Martín Fierro. A su modo, lo reescribe como Menard reescribe el Quijote: gracias a la anacronía. "A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos", sostuvo Borges en aquel cuento. ~

28 diciembre, 2010

La biblioteca imaginaria


Comentario de "Lo inolvidable" por Pedro Crenes Castro en La Biblioteca Imaginaria:


Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) llevaba sin publicar un libro de cuentos dieciséis años y la espera ha valido la pena. Con el miedo escénico justo y con la seguridad del trabajo bien hecho, Páginas de Espuma publica “Lo inolvidable”, textos que prometen a los seguidores de Berti en particular y a los amantes del cuento en general, horas de intensa belleza literaria.


El tema de fondo de estos once cuentos es la memoria, el olvido y sus múltiples maneras de convocarlos, de vivirlos. Un olvido o una memoria que los personajes de estas ficciones llevan hasta sus últimas consecuencias exponiéndose a ser transformados por la misteriosa fuerza y misterio de eso que llamamos memoria.


Técnicamente Berti nos tiene acostumbrados a la precisión, (léanse “Los Pájaros” y “La vida imposible”) al detalle manifiesto u oculto que hace saltar el aparato literario para que nos sobrevenga el disfrute estético. Los cuentos del argentino son un ejercicio de constancia y paciencia que se traduce en cuentos muy bien trazados, bien rematados, que dejan con un eco en la memoria, dejan algo perdurable.


Vamos a someternos a la injusta disciplina de comentar cuatro textos de este excelente libro, aunque les adelanto que los once están en un nivel muy alto de calidad literaria y de apego a lo humano algo que es muy difícil de conseguir. La emoción es uno de los factores que Eduardo Berti sabe tratar muy bien y que hace aparecer para en el momento justo para asustarnos, hacernos reír o llorar.


El libro comienza con un texto hermoso en lo formal y conmovedor, “El inicio”, que retrata el camino de un padre y un hijo de la mano rumbo a la escuela, en una sucesión de ambigüedades que llevan a un final intenso, con un fondo emocional que sólo se puede hacer en literatura.


En “Diario de una lectora de diarios” asistimos a la brutal y paulatina ruptura con la realidad, una forma elocuente de olvido. Una mujer, viuda, decide leer todos los periódicos llegando a una obsesión tal que la distrae de todo lo que le rodea y todo somete a esa obsesión, incluso su relación con su hija. Un cuento de una envergadura psicológica que describe muy bien el momento en el que alguien deja este mundo para perderse en uno paralelo que lo aleja del resto de los mortales.


“La mentira o la verdad” juega con el tiempo y nos hace asistir a un engaño, simple dirán algunos, pero que arrastra a su protagonista a una culpa inmensa durante veinte años y que se pondrá de manifiesto el día en que celebra esa cifra de años casado con su mujer. Es un cuento perturbador, que en su sencillez nos encierra en una caja de cristal desde la cual no podemos advertir al protagonista de la que se le viene encima. Plantea si mentir o no, pone al protagonista en un brete que parece tener fácil resolución pero que no la tiene ni mucho menos.


Pero sin lugar a dudas, para mí, el que más interés estético y lúdico despierta es “Retrospectiva de Bernabé Lofeudo”, un interesante “programa de mano” de una retrospectiva dedicada este interesante director argentino cuyos avatares personales y cinematográficos vamos conociendo mientras leemos las críticas de sus películas, adelantadas a su tiempo en técnica y temática y que constituyen parte de la gloria cinematográfica argentina. Destacan de los personajes de este cuento Pascual Guidi, un boxeador argentino que quiere ser actor. Este cuento bien trabajado, construido con una precisión literaria y cinematográfica, que demuestran lo bien que maneja Berti el séptimo arte, hacen que sea uno de los disfrutes más intensos de este libro.


Falta espacio para destacar Los demás cuentos: la extrañeza de “Volver”, la tristeza de “Lo inolvidable”, la brutalidad de “Salvar a la Gioconda” o el inquietante terror de “Fantasmas” que cierra el libro, un libro que requiere varias lecturas, porque lo pide el cuerpo y la mente, porque el sentido estético de los buenos lectores lo requiere.


Sin duda alguna este libro de Eduardo Berti presagia más literatura, más cuentos, un texto que sólo Páginas de Espuma podía poner en nuestras manos con ese ojo experto para captar lo mejor de lo mejor del cuento hispanoamericano que se está haciendo en este momento. Un libro que sin duda va a ser uno de esos que dará que hablar y que convertirá a más de uno a la religión del cuento.

24 diciembre, 2010

Navidad

La Navidad en mi casa es por lo menos seis o siete veces más agradable que en cualquier otro sitio. Empezamos a beber temprano, y cuando el resto de la gente ve un solo Santa Claus, nosotros vemos seis o siete.

W. C. Fields

(Felices fiestas para los lectores de bertigo)


22 diciembre, 2010

Dios arroba punto com


De puro ocioso, hace unos años, me dio por escribirle un e-mail a Dios. Imaginé su posible dirección electrónica (las posibles): dios@yahoo.com; dios@hotmail.com; dios@altavista.com. Escribí un correo y lo envié a las tres direcciones a la vez. Decía así: “Estimado Dios, te escribo sólo por saber si ya estás en la onda de Internet. Imagino que sí, cómo no. Me interesa saberlo porque así podríamos conversar de otro modo, ¿no te parece? Saludos”. Pasaron tres años y nunca recibí respuesta, pero el mensaje tampoco rebotó. Hace poco, sin embargo, mientras estaba en misa pensé que Dios debía recibir muchos correos y quizás tardaba mucho tiempo en responder. Esa misma noche, al revisar mi buzón electrónico encontré su menaje de respuesta: “Querido señor, por lo pronto deberá entender que este medio es demasiado directo para mis gustos. En lo que resta, espero que siga comunicándose a través de padrenuestros. Gracias”.

Microcuento de Johann Rodríguez-Bravo


Johann Rodríguez-Bravo nació en Popayán (departamento del Cauca, Colombia) en 1980. Estudió Economía. Colaboró en las revistas Número, El malpensante, Gatopardo, Mefisto y Cuadernos hispanoamericanos, entre otros medios. Fue editor de la revista literaria La mandrágora y miembro del consejo de redacción de Mil mamuts. Estaba cursando una maestría en Literatura. Murió a principios de 2006, con sólo 25 años. Había publicado Aquella vida de mago y otros relatos y estaba en proceso de publicación la novela Ciudad de niebla, que apareció póstumamente. Quedaron inéditos La ardilla de Newton y otros microcuentos, una novela que había resultado finalista en dos concursos y el diario que llevaba en su computadora.


20 diciembre, 2010

Por qué regalar libros


Cada año, al acercarse las fiestas, con la gente de la editorial La Compañía solemos enviar un correo a todos los lectores y amigos tratando de argumentar por qué es bueno, por no decir ideal, regalar libros.

Este año, encontramos una respuesta en El libro de los animales, de Al-Yahiz, y es la siguiente:


Mudo cuando le impones el silencio, elocuente cuando lo haces hablar, nadie es compañero como el libro.

El libro es un comensal que no te elogia de manera escandalosa, un amigo que no te soborna, un compañero que no te aburre, un deudor que no te reprocha continuamente los atrasos, un vecino que no te reclama favores todo el tiempo, un hombre que no trata de arrancarte los pensamientos más íntimos, que no se comporta contigo en forma desleal, que no te traiciona con hipocresías, que no te engaña con mentiras.

Un libro puede leerse en todos lados; hay libros escritos en todas las lenguas; a pesar de los intervalos que separan las épocas, a pesar de las distancias entre las metrópolis, el libro conserva su perennidad.

Si no existieran documentos escritos, si la historia profana y religiosa no estuviera consignada en los archivos, si los hikam (máximas, sentencias, apotegmas) no estuvieran confinados en los manuscritos, el imperio del olvido habría vencido al de la memoria.


Al-Yahiz nació en Basora alrededor del año 776 y murió en la misma ciudad en el año 860. Es uno de los máximos escritores de la cultura árabe, conocido especialmente por El libro de los avaros.


19 diciembre, 2010

Cuando los ingleses no tomaban té


Por Eduardo Berti

Sorprende saber que el instrumento sinónimo de tango, el bandoneón, llegó tarde a este género musical, pues hubo un tiempo, el de la “guardia vieja”, en que el tango y el “fueye” se desconocían. Casi lo mismo ocurre con el saxo en el jazz y no es el único punto de contacto entre ambas músicas que, hacia 1955, vivieron la crisis de las grandes orquestas y el nacimiento de las pequeñas formaciones.

Hay algo aleccionante en estos casos. Cuando, en respuesta a críticas conservadoras, Astor Piazzolla exageraba que en Argentina se puede cambiar “todo menos el tango”, tenía en cuenta seguramente la doble paradoja del bandoneón: gran símbolo de la música argentina, fue creado en Alemania como órgano de iglesia portátil y llegó a Buenos Aires de casualidad, olvidado por un marinero europeo, según lo quiere la leyenda.

Un amigo me ha explicado que el uso del cajón peruano en el flamenco es relativamente reciente (alrededor de 1977, tras una gira de Paco de Lucía por América), pese a que a dicho instrumento hoy nos parece inseparable de ese estilo musical. Y no tenemos que limitarnos a la música para entender estos fenómenos: es un tópico asociar a los italianos con la pasta, pero sabemos que la pasta ya se comía en China y que el señor Marco Polo tuvo bastante que ver con la historia, aun cuando existiera un documento (anterior al retorno de Marco Polo) exhibido en cierto Museo de los Spaghetti y en el que se haría mención a una pasta típicamente italiana.

Abordar la historia en sentido inverso (hasta ver un tango sin bandoneón y una Italia sin pasta) excede el juego por más que tenga bastante de diversión. Es lo que hace Martin Amis en su novela La flecha del tiempo, cuando narra la Guerra Mundial y el nazismo como si proyectara un filme al revés y así indaga la raíz: ¿cómo se originan tamaños horrores/errores de la humanidad? En no pocas escuelas de guión de cine o de escritura narrativa se recomienda analizar las tramas dramáticas yendo del desenlace hacia el inicio, para ver cómo se arma el sentido lógico del relato. Los ecologistas postularon algo análogo hace tres décadas e invirtieron las lógicas temporales para explicar (muy en vano, si miramos alrededor) que el mundo no es algo que hemos heredado de nuestros ancestros, sino algo que hemos pedido prestado a nuestra descendencia.

Quienes ponen el grito en el cielo con cada elemento “foráneo” que amenaza su “estilo de vida” (léase las tradiciones locales o nacionales) deberían recordar todo esto.

En su último ensayo, La ciudad de las palabras, Alberto Manguel enumera las tres formas básicas de vincularse con lo foráneo o, mejor dicho, de “ver al otro”: como un ser fantástico o irreal; como una amenaza que codicia lo que poseemos y amenaza nuestra identidad, o como un benefactor creativo que nos legará sabiamente su experiencia. Por supuesto, el segundo caso, el del “otro hostil”, ha servido desde hace siglos para explicar los males de la sociedad y para justificar diversos horrores políticos.

Hace unos días, leyendo el Diario de Samuel Pepys, que abarca desde 1660 hasta 1669, me topé con un pasaje fascinante, fechado en septiembre de 1660. Pepys vive en Londres, es un alto funcionario que frecuenta la corte, aunque también los barrios populares, y ese día prueba una bebida muy exótica llamada “té”. Le gusta mucho y apunta: “Es una bebida china”. Siete años más tarde vuelve a hablar del tema con distancia: “De regreso en casa, hallé a mi esposa preparando té, una bebida que según el señor Pelling, el boticario, es buena para el resfrío”.

Leídas desde el presente, estas breves menciones parecen un ejercicio de extrañamiento que nada tiene que envidiar a Cortázar cuando explica qué son una escalera y un pie o a Eduardo Mendoza cuando observa el mundo con ojos de alienígena: “Los seres humanos son cosas de tamaño variable”. Sólo que aquí no es Gurb quien escribe, sino un inglés de la Inglaterra A.T. (Antes del Té), cuyo diario es una rara maravilla por distintas razones. Por un lado, porque es el crudo autoretrato de un hombre respetadísimo en la escena pública que lleva una vida secreta de desenfreno sexual y cada dos por tres escribe “que Dios me perdone”; por otro lado, porque es todo un testimonio de la “micro-historia” y la vida cotidiana de una Inglaterra en pleno momento de cambios. La revolución de Cromwell acaba de ser aplastada y, entre decapitaciones y demás ajusticiamientos que Pepys describe al detalle, se ha restaurado la monarquía. El nuevo rey es Carlos II y la reina, Catherine Braganza: portuguesa (¡católica!) y, según se dice, gran responsable de introducir el té, o al menos de popularizarlo, en el Reino Unido.

En la novela The Go-Between (1953), un compatriota de Pepys llamado L. P. Hartley (1895-1972) escribió la que se estima una de las mejores primeras frases de la historia de la ficción: “El pasado es un país extranjero: allí las cosas se hacen de otra manera”.

Invirtiendo la flecha del tiempo podríamos decir también, y por las mismas razones, que el futuro es un país extranjero. Y que nada sería peor si, a causa de su “extranjería”, viéramos el futuro simplemente como una amenaza.

Originalmente publicado en el diario Público de Madrid, el pasado fin de semana.
Enlace original:
http://blogs.publico.es/dominiopublico/2802/cuando-los-ingleses-no-tomaban-te/

18 diciembre, 2010

La broma del deán Swift




Una de las mistificaciones más hermosas jamás perpetradas tuvo a su responsable en la persona de Jonathan Swift. Encargó la impresión y distribución de un pasquín que pretendía ser "las últimas palabras" de un tal Elliston, un atracador, en el que al ladrón condenado se le hacía decir: "Ahora que me muero, he hecho algo que puede ser de utilidad a la gente. Le he confiado a un hombre honrado –el único hombre honrado que haya conocido jamás– todos los nombres de todos mis hermanos impíos, los lugares donde moran, con una breve descripción de los principales crímenes que han cometido, en muchos de los cuales he participado como cómplice (de los demás he tenido noticia de sus propios labios). Asimismo he puesto por escrito los nombres de aquellos a quienes llamamos nuestros ganchos, de las malas casas que frecuentamos y de todos aquellos que reciben o compran nuestros objetos robados. Le he encomendado solemnemente a este hombre honrado, y se ha comprometido a hacerlo bajo juramento, que cuando sepa de cualquier granuja que vaya a ser juzgado por robo o allanamiento, consulte la lista y, si encuentra el nombre del ladrón correspondiente, remita toda la información al gobierno. De ello, doy aviso legal y público a mis compañeros en el oficio, y espero que lo tengan en cuenta". Se dice que la treta le salió tan bien al deán que no se tuvo noticia de atracos en las calles durante muchos años.

Bram Stoker, "Famosos impostores"


Bram STOKER


Uno de los libros menos conocidos de Bram Stoker, el autor de Drácula, lleva por título "Famosos impostores" y mezcla el ensayo sobre la impostura y la superstición con una galería que reúne a algunos de los charlatanes y estafadores más destacados en la historia, desde el Chevalier d'Eon o el extraño caso del rey durmiente de Portugal, Sebastián I, hasta Perkin Warbeck (espurio pretendiente al trono inglés durante el siglo XV) o Hannah Snell, una mujer que se hizo pasar por hombre y a mediados del siglo XVIII logró ingresar en la Royal Marine de Gran Bretaña, viajar a la India y combatir como un soldado más, antes de confesar toda la verdad.

La editorial Melusina publicó, hace ya dos años, la primera traducción al castellano de este libro, a cargo de Albert Fuentes. La edición original había aparecido en 1910, dos años antes de la muerte de Stoker.

"La impostura siempre ha sido un tema de interés y es probable que los impostores de una u otra especie proliferen mientras la naturaleza humana siga siendo tal y como la conocemos y la sociedad siga prestándose al engaño", dice el propio Stoker en su prefacio.

Entre los muchos casos que recopila este libro, en muchos pasajes fascinante, destacan los más sucintos, todos ellos reunidos en el capítulo VIII (Mistificaciones, etc). Por ejemplo, "La broma del deán Swift".

16 diciembre, 2010

Comentario

Agradezco a "El Placer de la Lectura" el comentario de mi flamante libro de cuentos:

Finaliza el año y no exageramos nada al reconocer que el libro Lo inolvidable del argentino Eduardo Berti es si no el mejor, uno de los mejores libros de relatos y cuentos que hemos leído este año. Páginas de espuma nos lo ha hecho posible, con la edición de estos 11 cuentos que realmente son lo que prometen ser: inolvidables.

La maestría de Berti se demuestra en todos y cada uno de ellos. Desde el primero de ellos titulado El inicio la encontramos. La aparente sencillez de un padre y su hijo frente a la escuela se convierte en una paradoja que nos abre la mente preparándonos para los siguientes cuentos.

El segundo relato titulado La carta vendida vuelve a jugar con la paradoja. Reduce hasta el mínimo el mundo uniendo a dos hombres frente a frente en una cantera en el sur. Ambos se encuentran solos y alejados de toda civilización. Su único contacto son las cartas que reciben periódicamente. Cuando uno de ellos deja de recibirlas se plantea comprar una de las de su compañero para poder evitar esa soledad. El conflicto que desencadenará ese acto será terrible y, por supuesto, algo que ambos querrían olvidar.

Diario de una lectura de diarios es el tercer relato. Realmente es un homenaje a dos grupos diferentes de personas, por un lado a los que padecen el síndrome de Diógenes y por otro a los que abusan del exceso de información que nuestra sociedad nos suministra. Así una mujer decide leer la totalidad de los periódicos disponibles en su zona. Leerlos de principio a fin y después almacenarlos le ocasionará problemas tan graves que no tendrán al final ninguna solución.

Formas de olvido es un maravilloso y dulce cuento con un final paradójico que nos presenta al famoso compositor de tangos Romualdo Avella quien en pleno concierto y ante su propio piano se queda tieso, hierático, incapaz de tocar ninguna acorde ni pulsar ninguna tecla. Ha olvidado la totalidad de su música y la practica de la misma. ¿Qué puede hacer un hombre ante esta situación? Su discípulo Reina le planteará una solución alternativa. Esta es recibir el mérito y los aplausos que su público lo otorgará asistiendo a los conciertos de otros. La paradoja surge cuando otro maestro concertista sigue manteniendo la totalidad de su arte pero ha perdido a su público. Cuando este último plantea un intercambio de problemas Reina no sabe bien qué hacer. Sin embargo cuando la vida del maestro peligra alguien tendrá que tomar una decisión sorprendente que acabará complicando más la situación.

Con el mismo tenor zumban los otros siete textos más. El humor ácido, el humor de los perdedores rezuma por los cuatro costados de cada uno de estos relatos. Berti se ha convertido en un hábil narrador de sucesos insospechados en medio de hechos cotidianos. Los cuenta con la dulzura de un chiste, con la tranquilidad que habla uno con sus amigos, y con la inteligencia y sabiduría con que disertan los académicos. Es ahí donde radica su gran éxito, es capaz de componer lo más sublime con las palabras más sencillas. Si añadido a su humor sumamos el toque especiado de la fantasía, no nos duelen prendas al clamar que este es el mejor libro de cuentos de este año 2010.

Pepe Rodríguez

Enlace original:
http://www.elplacerdelalectura.com/2010/12/lo-inolvidable-eduardo-berti.html


14 diciembre, 2010

Invitación



Presentación de Lo inolvidable, de Eduardo Berti.

A cargo de Javier Sáez de Ibarra

Miércoles 15 de diciembre, 20.00 horas
Librería Tres Rosas Amarillas (c/ San Vicente Ferrer 34)
Información:

13 diciembre, 2010

Lo inolvidable


Hoy es un día un poco difícil de olvidar porque sale a la venta mi nuevo libro de cuentos: "Lo inolvidable". Parece mentira que hayan pasado más de 15 años desde mi primer libro de cuentos (mi primer libro de ficción, de hecho), titulado "Los pájaros". Desde entonces no había vuelto a publicar otro libro de relatos de extensión tradicional porque "La vida imposible" fue, en realidad, una colección de cuentos breves e hiperbreves.

"Lo involvidable" (Páginas de Espuma) trae once cuentos, escritos a lo largo de once años. Un cuento por año, podría decirse. Aunque en verdad en ese lapso hubo otros relatos (muchos más) que han quedado fuera de este libro en particular por una cuestión de convivencia y familiaridad que se puede explicar con montones de palabras, pero ante todo ae percibe en forma casi intuitiva.

Un primer día de clases. Un pianista que, de pronto, se olvida de la música. Una dentadura postiza que habla sola por las noches. Una mentira inocente que crece con el tiempo, como una bola de nieve. Una obsesiva lectora de diarios que lleva un diario. Un pionero del cine erótico. Un concurso de cuentos de fantasmas. Un niño que nace con ojos hermosos. Un hombre que decide volver tras muchos años de exilio. Dos amigos que pelean por una carta. Un mendigo nuevo que se instala en la iglesia del barrio.

De estas historias y situaciones está hecho "Lo inolvidable".

El miércoles próximo presentamos el libro en Madrid, en una librería consagrada al cuento: "Tres rosas amarillas". Mañana daré los datos exactos y será la invitación "formal" a los lectores de bertigo.

12 diciembre, 2010

Nuestra lluvia



Así como el rostro de la naturaleza no produce lluvia sino cuando está nublado y perturbado, el entendimiento humano, que se asienta en el cerebro, debe ser removido y llenado por los vapores que suben de las facultades inferiores para mojar la invención y hacerla fructífera.

"Cuento de un tonel", Jonathan Swift

10 diciembre, 2010

Becoming a Writer



Estos días estuve leyendo un libro de Dorothea Brande, llamado “Becoming a Writer” (algo así como “Convertirse en escritor”). El libro data de 1934 y, según dicen muchos, es una de las grandes fuentes de las cuales provienen todos o casi todos los libros de “creative writing” que surgieron después, en las últimas siete décadas. En algunos aspectos el libro ha envejecido un poco. Quiero decir que ciertas cosas que Brande se toma el trabajo de explicar pormenorizadamente hoy son ideas bastante conocidas. Pero en muchos otros aspectos lo que dice Brande suena vigente y, en esos casos, el libro parece haber sido escrito hace un mes.

Brande habla de cuatro “problemas típicos” que ha advertido, con el correr del tiempo, entre la gente que desea escribir (e incluso entre la que lo hace desde hace algún rato).


a)
El que quiere escribir y no lo logra nunca.

b)
El que sólo lo logra una vez en la vida, lo cual la lleva a hablar del hoy conocido concepto del “one book writer” (escritor de un solo libro), aunque ya sabemos que este concepto también se usa para denominar a ciertos autores que sólo tuvieron éxito (artístico o extraartístico) con un libro, uno solo de los muchos que escribieron o hasta publicaron.

c)
El escritor intermitente u “ocasional”: que sólo puede escribir “por temporadas”, entre momentos en blanco (“largos intervalos”) y que suele necesitar estímulos adicionales (los talleres de escritura serían uno de ellos, sobre todo al comienzo)

d)
El que no logra controlar su material: tiene grandes ideas, empieza con brío, pero pronto pierde el vigor y, sobre todo, el control de la trama y de los personajes, de tal modo que pocas veces logra redondear o “cerrar” un relato, sea cuento o novela.

Acerca de este último punto, Brande dice que en línea generales este problema se debe a que quien escribe (a) no tiene suficiente autoconfianza, (b) carece de experiencia y de “recursos” (de esos que se adquieren, justamente, con la experiencia: tanto de lectura como de escritura) o, por qué no, (c) está “contenido” y no logra expresar a fondo las emociones que pide y propone el texto.


Una de las ideas más interesantes de Brande es que “volverse un escritor” pasa, fundamentalmente, por ”cultivar el temperamento de escritor”.
¿Qué es esto? Por supuesto, se trata de “cultivar la sensibilidad” (y no sólo leyendo), pero asimismo se trata de “balancear” los dos elementos centrales que hacen a un escritor (podríamos decir que un artista en general): el lado “emocional e infantil” y el otro lado, el “adulto y más racional”.

Ser escritor es más complejo, nos recuerda Brande, que los tópicos que circulan por allí. No es tanto una labor de “ensoñamiento” como la ardua labor de “hacer realidad un sueño”; no se trata de “escribir unas pocas páginas que sólo serán juzgadas por su estilo y su corrección”, sino de plasmar algo que “párrafo tras párrafo, página tras página sea apreciado por su estilo, por su contenido y por su efectiva coherencia”. Se trata de “encontrar y terminar” una historia.


Brande sabe que un escritor tiene “dos caras” y que el riesgo de “entrenar” la cara consciente del escritor (la del artesano y el crítico o, digamos, autocrítico) puede ser hostil para la cara inconsciente.


La gran solución consiste en pensar esta “doble personalidad” como algo positivo, no como una confrontación o un problema a resolver. Principalmente en el “proceso de formación de una historia”, que ella describe así: el lado inconsciente proveerá al escritor de toda clase de “tipos” (personajes, escenas, emociones, etc) y al consciente le tocará la tarea de decidir cuáles de estos elementos son interesantes y cuáles no, cuáles son demasiados obvios o estereotipados y cuáles no, cuáles son singulares, cuáles son demasiados personales, cuáles pueden tener resonancias más universales y más útiles, cuáles no…

La historia (entiende Brande) siempre proviene del inconsciente, y el consciente luego la analiza, la altera, la trata de mejorar para hacerla más o menos espectacular, más o menos melodramática, más o menos obvia… Tras esta labor, el materal suele “volver a la zona inconsciente” para una síntesis. Tras ello viene por lo común el último paso: otra vez el lado “racional” trabaja, a nivel “escritura”, a nivel formal (ajustes de trama, de frase, etc).


07 diciembre, 2010

Extremos de verosimilitud

El blog de la editorial/librería Eterna Cadencia, de Buenos Aires, es uno de mis favoritos porque a la buena información se le suma, en este caso, un intento de análisis y reflexión, además de una serie de muy buenos reportajes a cargo de Patricio Zunini.

Una sección del blog consiste en pedirle a un escritor que recomiende un libro: una "recomendación de amigo" en el mismo espíritu de los "cinco libros" de aquí, de bertigo.

Ayer me invitaron y escribí lo siguiente:


Para no empezar con los clásicos (con los que, por cierta lógica, nunca se termina), voy a recomendar el libro de un autor vivo que leí el año pasado: Hombres salmonela en el planeta porno, del japonés Yasutaka Tsutsui. Debo a Santiago Roncagliolo el descubrimiento de Tsutsui. Estábamos paseando en Biarritz, por la playa, y algo hizo que él dijera “como en los cuentos de Tsutsui”. Hoy sé que Tsutsui (Osaka, 1934) es un prolífico autor cuya obra abarca desde la ciencia-ficción hasta lo que él denomina “hiper-ficcionalidad”; se lo ha comparado con Italo Calvino, Robert Coover o John Barth, pero a mí me hace pensar en alguien que a partir de la desbordante fantasia de un Dino Buzzati se pone a narrar con la espiralada intensidad de un Stephen Dixon y juega con los extremos de verosimilitud de cada situación propuesta.

Hombres salmonela… es el primero de sus libros traducido al castellano (Atalanta, España) y trae como apéndice un reportaje en el que Tsutsui apenas disimula su enfado al hablar del film The Truman Show, de Peter Weir, que evidentemente está inspirado en unos de sus cuentos más geniales: “Rumores sobre mí”, donde la vida de un hombre anodino es cubierta por todos los medios de comunicación del país. Otros cuentos del libro hablan de una planta que produce sueños eróticos, de una ciudad que se inclina un poco más cada día y de la extraña vida en un planeta donde todo es sexual.

www.blogeternacadencia.com.ar

El plagiario



Eloi fue corriendo hasta la casa de un colega y le gritó:

–Señor, es usted un plagiario; me ha copiado y robado la nariz. Yo tenía una nariz toda para mí y sentía cariño por ella. Yo había nacido con esa nariz. Auténtica, heredada de mis padres. Aunque no fuese extraordinaria, la mostraba en público, no sin orgullo, y la llevaba de paseo por todas partes. Mi nariz no era grande ni pequeña, no era larga ni corta, no era gruesa ni fina, pero así y todo era de dócil, buen olfato, útil para sonarme los mocos, respirar o estornudar, según mis pequeñas necesidades. Yo la consideraba propia y me parecía inútil ponerle una etiqueta que dijera: Prohibida su reproducción: la nariz es propiedad de su propietario. Me río, señor, y no tengo ganas de hacerlo. ¡Vaya abuso! Esta mañana llevo a mi nariz a dar su paseo cotidiano, ¿y qué veo? La veo a ella, a mi nariz, en el medio de su cara. No lo niegue. Su nariz es la mía. Mírese un poco en el espejo.

En efecto, ambas narices se miraron, frente a frente, idénticas una a la otra, yuxtalinealmente.

El colega parece desconsolado. Se disulpa, se rasca "su" nariz y le dice a Eloi:

–Esto lo podemos arreglar.

Entonces, luego de retroceder un paso, da con todas sus fuerzas un puñetazo contra la nariz de Eloi.

Mientras Eloi tantea los restos llenos de sangre, el colega añade educadamente:

–De ahora en adelante, señor, espero que no las confundan más.


Jules Renard, "Le Mauvais Livre et autres tablettes", recopilación de historias breves y viñetas publicadas en diferentes revistas y periódicos franceses ("L'Echo de Paris", "La Nouvelle Revue", "Mercure de France", etc) entre 1892 y 1896.

06 diciembre, 2010

Cinco libros: Laura Ramos

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Laura Ramos:

Me gustaría recomendarles dos libros sobre la vejez, uno sobre perros, uno sobre el campo (o sobre mujeres, o sobre el oficio de escribir) y, por último, un ejercicio de caligrafía. La vejez ácida y exasperante vista risueñamente por Julian Barnes y la vejez hilarante, disparatada, esperanzadora de Muriel Spark, escritora, espía y la única Dama del Imperio Británico pobre. La novela de perro como novela de experiencia, o un tratado sobre la manera en que el condimento pasa a ocupar el lugar de plato central de la mesa. Un libro delicioso de 1956.

En cuanto a la novela “de campo” su escenografía es la sierra de Córdoba, la autora es argentina y sus personajes vaticinan que cuando las hormigas comen ceibo se vienen los siniestros, pero la construcción de su mundo se parece a las de mis novelas decimonónicas predilectas.

El ejercicio de caligrafía (o también podría llamarse de terapia grafológica) es un extraordinario librito del mejor Levrero: íntimo, despiadado consigo mismo, ejercicio literario.

A saber:


La mesa limón. Julian Barnes. Anagrama.

Memento Mori. Muriel Spark. La Bestia Equilátera.

Mi perra Tulip. Joe R. Ackerley. Beatriz Viterbo Editora.

Desalmadas. María Martoccia. La Bestia Equilátera.

El discurso vacío. Mario Levrero. Interzona.


Laura Ramos nació en Buenos Aires, Argentina y pasó su infancia en Montevideo. El nombre de guerra de su padre, el inventor del trotskismo argentino, era “El Colorado”, aunque se llamaba Jorge Abelardo Ramos. Laura trabajó como correctora de los libros que editaban sus padres desde los doce años. Desde los dieciocho trabajó como camarera, acompañante terapéutica y editora. Dirigió la sección Transformaciones de la revista El Periodista y realizó coberturas en España, México y Estados Unidos para La Razón y Clarín. Es autora de Buenos Aires Me Mata (Sudamericana, 1993), llevada al cine en 1997, Ciudad Paraíso (Clarín-Aguilar, 1996), Diario íntimo de una niña anticuada (Sudamericana, 2002) y coautora de Corazones en llamas (Clarín-Aguilar, 1991), que lleva diez ediciones y más de cincuenta mil ejemplares vendidos. Su último libro es La niña guerrera (Planeta, 2010), biografías noveladas de once mujeres jóvenes lesbianas y bisexuales de diferentes partes del mundo.


05 diciembre, 2010

Más acá



OSCURIDAD.

Una pequeña lámpara se enciende y su escasa luz sólo dejar ver la mesita sobre la que reposa y, junto a esta, una silla. Un hombre joven irrumpe en el espacio iluminado. Se le nota intranquilo. Tras mirar alrededor con movimientos rápidos, se sienta en la silla. Con gesto concentrado, rompe a hablar:

HOMBRE JOVEN: Espíritu, si estás allí, da dos golpes.

En el silencio de la habitación resuena un único golpe. La lámpara se apaga.


Pequeño cuento incluido en "Distorsiones", de David Roas.

http://www.conoceralautor.com/obras/ver/ODMy

03 diciembre, 2010

Pepys punto com


Para Phil Gyford y la gente de Pepysdiary.com ayer fue el lunes 2 de diciembre de 1667. Ocurre que, desde hace unos 8 años, Gyford se ocupa de volcar una por una las anotaciones del famoso Diario de Samuel Pepys y lo hace casi, casi como si no existiesen los 343 años que median entre el presente y el momento de la escritura.

En su
célebre Diario, Samuel Pepys pintó al detalle una década especialmente álgida en el Reino Unido, desde 1660 hasta 1669, y dio valioso testimonio de la Restauración, de la guerra con Holanda y de ciertos acontecimientos históricos como la gran peste de 1665 (la misma que narra Daniel Defoe en otro libro maravilloso) o incluso el gran incendio de Londres, ocurrido un año más tarde en la ciudad.

Pepys era un alto funcionario que frecuentaba la corte, aunque también los barrios populares,
y su registro cotidiano resulta revelador por diferentes razones. Por un lado, porque es el crudo autorretrato de un hombre respetadísimo en la escena pública que lleva una secreta vida licenciosa y cada dos por tres escribe “que Dios me perdone”; por otro lado, porque es todo un testimonio de la “micro-historia” y la cotidianidad de una Inglaterra en pleno momento de cambios. La revolución de Cromwell acaba de ser aplastada y, entre decapitaciones y demás ajusticiamientos que Pepys describe al detalle, se ha restaurado la monarquía de la mano de Carlos II y Catherine Braganza.


A diferencia de lo que ha sostenido Paul Viejo cuando comparó los diarios de Dostoievski (por fin editados en forma completa en castellano) con una especie de "blog avant la lettre" (ver su texto), imagino que la intención de Gyford tuvo otros propósitos pues, como es bien sabido,
Pepys no escribió su diario pensando en la posteridad ni en ninguna clase de destinatario. Lo escribió para él mismo (“para revivir, hasta el menor detalle, su existencia”, ha dicho Louis Cazamian) y para ello empleó una especie de taquigrafía que mezcló con palabras de otras lenguas. Fue por azar que en 1819 un reverendo llamado John Smith encontró una información que permitía descifrar las miles de páginas. La tarea, se cuenta, fue colosal: digna del egiptólogo Champollion. Los lectores (no sólo los historiadores), agradecidos.

www.pepysdiary.com



www.eduardoberti.blogspot.com


01 diciembre, 2010

Historia de un dormilón





Pierre Gould escribió una novela titulada "Historia de un dormilón", que según él consistía en el lipograma más apremiante del mundo: se había prohibido todas las letras del alfabeto salvo la "z". Esto arrojaba: "Zzzz, zzzz, zzzz", y así sucesivamente durante trescientas páginas.

Bernard Quiriny, "Cuentos carnívoros"


La traducción de este fragmento de cuento es mía y un tanto apresurada, pero existe una versión del libro en español con traducción de Marcelo Cohen y prefacio de Enrique Vila-Matas.



El libro es muy recomendable. Nacido en Bélgica hace unos treinta años, altamente imaginativo, amante de lo insólito y de la falsa erudición, Quiriny es mucho más que una enorme promesa literaria. Es una realidad, aunque ésta sea una noción que su obra pone continuamente en jaque.