29 enero, 2011

Los cuadernos de Coleridge


La poesía nos hace sensibles a los sentimientos artificiales y nos endurece frente a los verdaderos.


¿Sus versos? En escribirlos tarda menos que su editor en publicarlos, tarda lo mismo que nosotros en leerlos y tarda más que nosotros en olvidarlos.


Los príncipes, al permanecer inmóviles, dan la impresión de avanzar; lo mismo que la luna con las nubes.


Vivió como alguien que nunca pensó en morir.
Murió como alguien que nunca pensó en vivir.


Se puede adivinar el mal secreto de muchos hombres al observar donde ponen sus manos cuando se extravían en sus pensamientos o las posturas que adoptan al dormir.


Extractos de los cuadernos de trabajo de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834).~



27 enero, 2011

Terreno firme

BORGES y BIOY


Un periodista español, al ver a los incendiarios de las iglesias en sus tareas, les preguntó: "¿Vosotros por qué quemáis iglesias?". Lo preguntó por curiosidad profesional y porque pensaba que ellos debían saberlo; muy pronto creyó oír frases en que lo trataban de coso y juzgó probable que procedieran a incendiarlo a él; entonces tuvo una ocurrencia que lo salvó; preguntó: "¿Por qué quemáis las iglesias y no a los curas?". Los incendiarios pasaron a las explicaciones y a las excusas: "Y, señor, llegamos tarde". Feliz de pisar de nuevo en terreno firme y para afianzarse del todo, el español improvisó unos consejos para que sus nuevos amigos lograran mayor eficacia en lo que hacían.

Adolfo Bioy Casares, "Borges".
(Los incendiarios son los que actuaron tras los bombardeos contra Perón en Plaza de Mayo, en junio de 1955, en medio del conflicto entre la iglesia y el estado.)

26 enero, 2011

Los melanómanos

Oído en un bus de Madrid, el lunes 24 de enero a las 18:30. Reproducido sin cambiar una sola palabra excepto el nombre del amigo, que no era Javier, ¿o sí?


Interior bus.
Pareja de unos treinta años de edad. Comparten un MP3, un auricular en la oreja de él y otro en la oreja de ella.

El (orgulloso): ¿Te gusta?
Ella: Sí
El: Me lo grabó Javier... Es un melanómano de puta madre.
Ella (misericordiosa): Melanómano, pobre... Tiene una enfermedad en la piel.
El (paternal): No. Melánomano es alguien al que le gusta mucho la música.
Ella: Ah.
El : Sí.
Ella (apenas dubitativa): Melanoma... Melanina... ¿De ahí viene?
El (con seguridad): Sí.

(Life is bigger than fiction)

25 enero, 2011

Ese cielo

William FAULKNER

William Faulkner acompañaba a su madre en su agonía. Su estado era irreversible y ella lo sabía. El escritor, para confortarla, comenzó a describirle las cosas y los elementos maravillosos que ella iba encontrar en el Paraíso. Todo iba bien hasta que Faulkner nombró a su padre. La anciana lo interrumpió y preguntó enojada: "¿Cómo? ¿En ese cielo voy a tener que encontrarme con tu padre?" "Si no quieres, no", respondió el escritor. La madre pudo decir algo más antes de expirar: "Qué bueno, porque ese hombre no me agradaba mucho".

Matías Bauso en Una épica de los últimos instantes, editorial Sudamericana, Argentina, 2010.

(Agradezco a Matías Bauso que me haya enviado este libro que él define, acertadamente, como un "Tratado de adioses, epitafios, estertores, suspiros, gestos postreros y palabras finales", pero que, paradójicamente, se parece bastante al nacimiento de un autor).

24 enero, 2011

La carta vendida


El pasado martes 18 de enero el suplemento Verano/12 del diario argentino Página/12 publicó mi cuento "La carta vendida" (incluido en mi último libro Lo inolvidable) además del siguiente texto, que escribí especialmente para la ocasión contando cómo fue escrito el relato:

Tengo especial debilidad por los cuadernos de notas. No me refiero tanto a la agenda social del escritor (hoy comí con A, hoy viajé a X, hoy vi a B), como a la práctica constante del apunte: observación, reflexión, laboratorio. Traduje hace años los Cuadernos norteamericanos de Nathaniel Hawthorne, que resultan toda una usina de ideas. Me pareció necesario que se tradujeran los de Chejov (La Compañía). Vuelvo a menudo a los de Henry James o a los de Jules Renard, un escritor subvalorado. Y a los de Somerset Maugham: A Writer’s Notebook.

Los cuadernos de Maugham son un pozo inagotable: desde páginas acerca de la literatura rusa cuyo boom ocurrió a su juicio en un momento especial (“el mundo estaba desilusionado con la ciencia... Schopenhauer y Nietzsche habían perdido su novedad y había una gran masa de personas educadas que se interesaban en asuntos metafísicos”) hasta reflexiones agudas (“el amor que dura más es el amor nunca correspondido”) o esbozos y gérmenes de historias, como el caso de dos hermanos, uno que es pintor y el otro médico:

“El pintor estaba convencido de su talento. Era arrogante, irascible y vanidoso, y despreciaba a su hermano tratándolo de filisteo y de sentimentalista. Pero ganaba muy mal y se habría muerto de hambre a no ser por el dinero que su hermano le daba. Lo más curioso de todo es que, por más extraño que fuesen su temperamento y su apariencia, pintaba unos cuadros realmente muy bonitos. De vez en cuando se las arreglaba para exponer y siempre vendía un par de óleos. No más que eso. Al fin el médico tomó conciencia de que su hermano no era realmente un genio, sino un pintor de segunda categoría. Fue muy duro para él, después de tantos sacrificios hechos. Mantuvo el descubrimiento en secreto. Al morir, le legó todo a su hermano. El pintor halló en la casa del médico todos los cuadros que durante veinticinco años había vendido a compradores anónimos. En un comienzo no entendió lo que pasaba. Después de pensar un poco tropezó con la explicación: el muy astuto había querido hacer una buena inversión.”

En la página 226 de la edición en inglés del Cuaderno de notas de Maugham –que obtuve usada y por monedas en la avenida Corrientes– está el origen de mi cuento “La carta vendida”, que sólo debe a Edgar Allan Poe una parte del título y que forma parte de mi nuevo libro de relatos, Lo inolvidable, editado en diciembre pasado en España (por Páginas de Espuma) y a editarse en Argentina en abril de este año.

“Dos hombres jóvenes trabajan en una plantación de té en las colinas y deben ir a buscar el correo lejos de allí, de modo que lo reciben en intervalos más bien largos. Uno de ellos, llamémoslo A, suele recibir más cartas, diez o doce, a veces más, mientras que el otro, B, jamás recibe ninguna y suele mirar con envidia a A, hasta que un día, yendo a buscar el correo, le propone: ‘Te daré cinco libras si me dejas leer una carta’. ‘De acuerdo’, dice B y, cuando llega el momento, A escoge una de las cartas para B. De noche, mientras beben whisky con soda, A pregunta qué noticia traía esa carta. ‘Asunto mío’, responde B. Discuten, se pelean. A hace todo lo posible porque B le muestre la carta, pero B sigue negándose. A la larga, muy ansioso, A le propone B: ‘Acá están las cinco libras, dame de nuevo la carta’. ‘Ni loco’, contesta B. ‘Yo pagué por ella, es mía.’ Eso es todo”, dice la entrada que data de 1938. Y nada más. El resto es silencio de Maugham y culpa enteramente mía.

Enlaces originales:

http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/23-160680-2011-01-18.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/verano12/subnotas/160680-51535-2011-01-18.html

23 enero, 2011

El regreso

La historia del viaje y regreso de Ulises hecha blues por Donald Fagen y cía.





I know this super highway
This bright familiar sun
I guess that I'm the lucky one
Who wrote that tired sea song
Set on this peaceful shore
You think you've heard this one before

Well the danger on the rocks is surely past
Still I remain tied to the mast
Could it be that I have found my home at last
Home at last

She serves the smooth retsina
She keeps me safe and warm
It's just the calm before the storm
Call in my reservation
So long hey thanks my friend
I guess I'll try my luck again

Well the danger on the rocks is surely past
Still I remain tied to the mast
Could it be that I have found my home at last
Home at last

22 enero, 2011

El pescador y la gaita


Hubo una vez un pescador que, al ver varios peces en el mar, se puso a tocar su gaita con la ilusión de que así salieran a la superficie. Como esto no sucedió, el hombre tomó una red y con ella capturó gran cantidad de peces. Pero los peces, una vez fuera del agua, no dejaban de brincar. Entonces el hombre les dijo: “Ya basta de moverse. ¡Bien que antes se negaron a bailar cuando les toqué la gaita!”.

(Fábula de Aftonio)

20 enero, 2011

Robots


Gran coleccionista de arte contemporáneo, vicepresidente del Palais de Tokio en París, Pierre Cornette de Saint Cyr no sólo posee una impresionante colección de robots sino que la exhibe en un libro que trae las fotos de buena parte de ella ("Los robots", publicado en Francia por la editorial Chêne) y que reflexiona también sobre el tema.

La palabra "robot" es de origen eslavo, significa "trabajo forzado", y fue empleada por primera vez (con el sentido que hoy se conoce) en 1920 por el escritor y dramaturgo checo Karel Capek, en su obra teatral "R.U.R." (Los Robots universales de Rossum). En cuanto al término "robótica", se dice que fue acuñado por el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov en su novela "Runaround" (1942).

Según Saint Cyr existen, a grandes rasgos, dos clases de robots: los "robots-máquinas" propios de las novelas de Asimov y los robots "que representan la conquista espacial". En cuanto al mito del robot-villano que se rebela contra el hombre, cabe recordar las "Tres leyes de robótica" que redactó el mismo Asimov para reducir el potencial peligro que éstos representan para la humanidad:

1) Ningún robot causará daño a un ser humano o permitirá, con su inacción, que un ser humano sufra daño;

2) todo robot obedecerá las órdenes que le den los seres humanos, a menos que esas órdenes entren en conflicto con la primera ley;

3) todo robot debe proteger su propia existencia, siempre que esa protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Algunas frases recopiladas por el propio Saint Cyr en su libro, escrito en colaboración con el periodista Stéphane Calvo:

1.

¿Qué ocurriría si la humanidad abandonase el planeta y se olvidara de desconectar el último robot?
Andrew Stanton, director y guionista de cine.


2.

Si los robots se humanizan, por el contrario ¿los seres humanos se robotizan?
Paul Guth, escritor


3.

Un robot no es exactamente una máquina. Un robot es una máquina fabricada para imitar lo mejor posible al ser humano.
Isaac Asimov, escritor


4.

El hombre no sólo tiene la posibilidad de pensar, sino también de saber que piensa. Esto es lo que lo distinguirá del robot más perfecto que se pueda fabricar.
Jean Delumeau, historiador


5.

El peligro en el pasado era que los hombres se volvieran esclavos. El peligro en el futuro será que se vuelvan robots.
Erich Fromm, psicoanalista


19 enero, 2011

Pequeñeces




Un cortometraje de Jean-Pierre Jeunet, mucho antes de "Amélie Poulain" y de "Delicatessen", con una lista (muy propia de Perec, por cierto) de cosas que le gustan y no le gustan al personaje que interpreta su actor fetiche Dominique Pinon.

Se llama Foutaises ("Pequeñeces" o "Disparates" o "Tonterías"... o como prefiera el lector) y la música es del argentino Carlos D'Alessio.

Ah, sí, por ejemplo, una cosa que me gusta: abrir un libro varios meses después de las vacaciones y encontrar arena entre sus páginas. ¡Sí! Y también me gusta comer de un solo bocado la yema del huevo frito. Comerme el jamón con papel y todo... Mordisquear los ángulos de las galletitas... Me gusta, eh... Subirme las medias y mear en la ducha. En cambio no me gusta arrancarme los pelos de la nariz. Me gusta la inocencia de los niños No me gusta hacer el amor con una mujer y pensar en lo que hay en su interior/ Me gusta el catálogo de ManuFrance, las catástrofes ilsutradas del viejo Larousse. Ciertas palabras : Trans-Europe-Express... Trans-Orient-Express... Trans-Siberia-Express... El grafiti en la esquina de mi calle. Pero no me gusta nada la colección de mi primo que vive en Gueunion: pedazos de uñas, pelos, apéndices y lágrimas en frascos. Me gusta ser testigo de una escena tan increíble que nadie tendría el valor de incluirla en una película. Me gusta el Bois de Boulogne los días feriados.. Los trenes que se aproximan unos a otros poco antes de llegar a las estaciones. No me gustan los barbudos sin bigote. No me gusta saber que dormimos un tercio de la vida, pero sí la noción de que después de la muerte no será peor que antes de nacer. Me gustan : Bibi Fricotin, Razibu Zouzou y el pequeño Cérébos. Y la risa de Richard Willmark. De niño me gustaba el olor a pan tostado por las mañanas, el del plástico para forrar los libros escolares y el de la cola. Y subir al revés por las escaleras mecánicas.

(fragmento, traducción un tanto libre)

18 enero, 2011

Almas sin sosiego

Ilustración/collage de Luis SAN VICENTE


Al cuentista y traductor argentino Eduardo Berti (1964) siempre le han fascinado los fantasmas. Desde muy pequeño le cautivaron los cuentos protagonizados por esas almas en pena, por esos espíritus en desasosiego que se empecinan en rondar entre los vivos. Aunque admite que no sólo le atraían las historias de fantasmas de la llamada “alta literatura” y los autores más o menos prestigiosos que leía en casa de sus tías, profesoras de letras. Incluso le provocaban más entusiasmo esas narraciones tan típicas de la infancia de casos de aparecidos para luego temer dormir solo y a oscuras. Todo parece indicar que lo que buscaba Berti era sentir cómo el miedo lo invadía hasta paralizarlo. Ya transformado en adulto y luego de publicar varias novelas y un par de libros de cuentos, traducir a Nathaniel Hawthorne y Jane Austen, y editar antologías de nuevo cuento francés o de los cuentos más breves del mundo, Berti depuró su gusto por los fantasmas a tal grado que Adriana Hidalgo Editora le pidió que reuniera en un solo libro esa vieja obsesión, su pasión por la literatura y su adicción al escalofrío.


El resultado fue Fantasmas, antología que incluye relatos lo mismo de Plinio El Joven o Luciano de Samósata que de Giovanni Bocaccio, Lafcadio Hearn, Saki o Arthur Conan Doyle.


“La antología está pensada tanto para los lectores neófitos como para los ‘falsos debutantes’, como dicen las academias de enseñanza de idiomas”, explica. “Para los segundos, los que están familiarizados con autores o con textos más típicos —desde M.R. James hasta Le Fanu, ambos presentes en la antología—, hay ejemplos menos obvios, como un cuento de Émile Zola, más reputado como escritor realista, o un cuento de Rainer Maria Rilke, más reputado como poeta poeta, y autores no tan célebres como el italiano Iginio Ugo Tarchetti, el ruso Orest Somov, el chino Ji Yun, el estadounidense Brander Matthews con un planteo más humorístico que de miedo o el irlandés Patrick Kennedy con un cuento en el que los fantasmas juegan al futbol”.

¿Qué nos dice el fantasma de nosotros los vivos?


Pienso que los fantasmas metaforizan muchas cosas: desde el temor a lo desconocido —nada más desconocido que la muerte, y ni hablemos de alguien que vuelve de ella— hasta el miedo a ser olvidados tras la muerte. No es raro, con respecto a esto último, que muchos cuentos de fantasmas chinos hagan énfasis en muertos que aparecen porque no son debidamente recordados o celebrados por sus descendientes. Pero, por sobre todas las cosas, pienso que los fantasmas nos recuerdan algo inquietante: que así como los vivos son mortales, los muertos son inmortales.


Se dice en tu libro que para que una historia de fantasmas sea efectiva no basta con que muestre a un muerto entre los vivos; es preciso también que parezca real e inspire un sentimiento de terror en quien la lea. ¿Cómo has visto que los autores han conseguido hacerlos reales?


Hay muchas formas. Una pasa por una fuerte identificación entre el lector y el personaje testigo de la aparición (lo que suele lograrse, a menudo, por una correcta “focalización” narrativa). Otra pasa por un buen uso del “crescendo” (no ser abrupto ni brusco) y por no caer en descripciones explícitas y dejar que el lector imagine lo peor; en otras palabras, ser más “erótico” que “pornográfico”.


El poder, el impulso sexual, la depredación o el miedo a la muerte parecieran motivar al vampiro. ¿Cuáles son las principales motivaciones de un fantasma para hacerse presente?


La venganza y la deuda pendiente son acaso las dos causas más usuales para las apariciones. La venganza en ocasiones es cumplida directamente por el mismo fantasma, pero en otros casos es el espectro quien se presenta para reclamar a un tercero (un pariente, un amigo vivo) que la ejecute. Hay otros tópicos recurrentes en los relatos de aparecidos. Desde el marido celoso en el más allá, hasta el fantasma de un amor prohibido o no correspondido; desde el individuo que en vida causó cierto daño al prójimo y regresa lleno de remordimientos para remediarlo, hasta los “mal muertos”: los insepultos o los que no han sido llorados. Sin olvidar el caso del “fantasma protector” o del espectro condenado a repetir un gesto o un acto por toda la eternidad. Están los fantasmas que aparecen en sueños y los que aparecen en estado de vigilia o, a menudo, en la duermevela. Y están también los casos de fantasmas que equivalen a anuncios funestos: aparecidos que son mensajeros o que encarnan la propia muerte. Los fantasmas, como digo en el prólogo a mi antología, son muertos que se niegan a morir porque no saben o no pueden o no se les permite hacerlo; son almas en pena, difuntos sin paz a quienes por lo común les ha quedado algo por hacer (una venganza que cumplir, un consejo que dar, un simple acto pendiente) y que, al regresar, ponen en jaque las fronteras entre el “mundo real” y el “más allá”.


Fragmento de un extenso reportaje hecho por Jesús Pacheco y publicado en el suplemento cultural de La Reforma de México.


16 enero, 2011

Pasatiempos de Léautaud

Paul LÉAUTAUD


¡Qué escritor más singular! Terminado mi manuscrito, el placer de haberlo compuesto me basta. No tengo prisa alguna por darlo a imprimir. Por poco lo guardaría sólo para mí.

No se elige nada en la vida: los parientes, el país, la personalidad, la carrera, los amigos, las amantes ni la muerte. El azar está en todas partes. Una irresponsabilidad general.

Dicen que soy inmoral, subversivo, irrespetuoso; no digo ni la cuarta parte de todas las cosas que pienso.

Paul Léautaud,
Passe-temps (Mercure de France, 1929)

Estos tres textos breves pertenecen a "Mots, propos et anecdotes", parte final de un libro que antes incluye diversos relatos y retratos, entre ellos la extensa remembranza de Remy de Gourmont, uno de los grandes amigos de Léautaud así como Marcel Schwob, Paul Valéry o André Gide.

Famoso ante todo por su diarios, que redactó a lo largo de seis décadas y que abarcan desde episodios y reflexiones sobre la vida cultural hasta escenas de hondo erotismo (hay que decir que llevaba, en verdad, un diario literario y otro personal), Léautaud (1872-1956) fue un rabioso misántropo que prefería los animales a los hombres y un polémico francotirador que pasaba regularmente de las posiciones más reaccionarias a las ideas más insólitas y que admiraba a pensadores y moralistas como Chamfort o Voltaire y, por encima de todos, a Stendhal.

Hijo de actores, escribió varias obras de teatro bajó el seudónimo de Maurice Boissard y fue secretario general de la revista y editorial Mercure de France.

Existen algunas traducciones de sus libros al castellano. La editorial Seix Barral publicó hace unos diez años el Diario personal y, bajo el título de Recuerdos ligeros, la editorial Menoscuarto tradujo el año pasado Le Petit Ami, brillante obra de juventud donde empieza a perfilarse el Léautaud diarista, poco amante de las novelas (en esto coincidía con Valéry) y más proclive al fragmento y la forma breve, a tal punto que allí postula su ideal de escribir "con pequeñas frases, cortas y secas, como las explicaciones de un catálogo".

Julio Ramón Ribeyro dijo en su propio diario que acaso era conveniente "leer cada mañana, antes de empezar el día, un par de páginas del diario de Paul Léautaud, a fin de afrontar la vida sin ninguna pretensión, ni énfasis, ni ilusión”.

Versal publicó, hace ya casi casi treinta años, una selección de sus aforismos y pensamientos donde puede leerse:

Siento admiración ante este pequeño apólogo de Oscar Wilde:
«Jesús se encuentra con Lázaro, tras haberlo resucitado. Inclinándose hacia él, le pregunta al oído: «Dime, Lázaro, tú que has estado muerto, ¿qué hay al otro lado?».
Lázaro, le responde: «Señor, no hay nada».
Jesús, con convencimiento: «¡No se lo digas a nadie!».
Ahí se encuentra toda la farsa de la religión.


14 enero, 2011

El matrimonio según Chamfort


El matrimonio y el celibato tienen sus inconvenientes. Es conveniente preferir a aquel cuyos inconvenientes no son irremediables.

El amor gusta más que el matrimonio, por la misma razón que hace que las novelas sean más entretenidas que la historia.

Máximas y pensamientos de Nicolas de Chamfort (1741-1794).

(Más de Chamfort por
aquí y también por acá)

12 enero, 2011

La normalidad

Juan Carlos ONETTI


Bernard Shaw se vanagloriaba de sus ojos que por ser totalmente normales eran anormales por cuanto es muy reducido el número de personas que disfrutan o padecen de una vista perfecta.

Juan Carlos Onetti, "Requiem por Faulkner"



11 enero, 2011

El pollo



La familia, muy religiosa, estaba comiendo el pollo de los domingos cuando, por glotonería, la más pequeña de las hijas se atragantó con un hueso y, en pocos instantes, murió.

- Dios nos la ha dado –dijo el padre, sin soltar su tenedor- , Dios nos la quita. Alabado sea el Señor.

Entonces Dios, que no es ingrato, se apiadó, produjo un pequeño milagro y en un abrir y cerrar de ojos hizo resucitar el pollo.

"Cuentos glaciales" (Jacques Sternberg)

10 enero, 2011

Breve y extraordinario


Jacques STERNBERG

Por Ana María Shua

Corría el año 1948 cuando un joven belga-francés comenzó a escribir unos cuentos muy breves, que no le interesaban a ninguna editorial. De hecho, según su propia autobiografía, todas lo rechazaban con idéntico fervor. Todavía no se habían inventado los términos casi científicos “minificción” o “microrrelato” y faltaban todavía unos años para la publicación de la primera antología del género en América Latina, los Cuentos Breves y Extraordinarios de Borges y Bioy. El joven escritor se llamaba Jacques Sternberg (1923-2006) y era de origen judío. En 1943 había logrado escapar, en un traslado, de un campo de detención nazi.

Muchas novelas después, (Toi, ma nuit, Le navigateur, entre otras) en la década del setenta, Sternberg logra finalmente publicar estos trescientos Cuentos Glaciales, diminutos, fríos y cortantes como trocitos de vidrio. O de hielo. Hoy, por primera vez, tenemos la oportunidad de leerlos en castellano gracias a la traducción inteligente y sensible de Eduardo Berti.

Profesión: mortal. Así titula Sternberg su autobiografía, a la que muchos llaman “autopsia salvaje”. Y a pesar de que, desdeñando cualquier otra clasificación, se define en primer lugar como mortal, nuestro autor no se muestra muy orgulloso de su estirpe. Emparentado con Cioran, el placer breve y preciso que provocan sus historias incluye el cinismo de quien tiene una ética demasiado exigente para la raza humana.

Gran lector de Kafka, de Fredric Brown, de Cortázar, patafísico profundo, Jacques Sternberg no respeta géneros ni límites de ningún tipo. No le importa combinar cuentos de distinta extensión en el mismo libro, al revés de lo que se estila en ese momento: un cuento largo de pronto, solitario como una isla en ese océano de témpanos que son los Cuentos Glaciales. En menos de diez líneas rompe las barreras entre la literatura fantástica y la de ciencia ficción, mezcla sin ninguna consideración el absurdo con la crítica social, el humor negro con las pesadillas, tiene una aguda percepción de los horrores de la vida moderna pero los trasciende, yendo siempre un paso más allá, un paso más arriba: es la condición humana lo que nuestro mortal de profesión no está dispuesto a tolerar.

Fragmento de la reseña consagrada a Cuentos glaciales, de Jacques Sternberg (editorial La Compañía, Buenos Aires, noviembre de 2010) y publicada el pasado fin de semana en la Revista Ñ (diario Clarín) de Argentina.


08 enero, 2011

Cinco libros: Guadalupe Nettel



Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Guadalupe Nettel:


Querido Eduardo,

Van cinco libros porque sí. Aunque en realidad son libros que acompañan muy bien en situaciones difíciles. Para mí todos estos libros han sido amigos cercanos, en momentos complicados de mi vida, que han sabido estar ahí con sentido del humor, cariño, sabiduría y sentido de la fraternidad entre seres humanos.

La vie devant soi de Émile Ajar

Amor y exilio de Isaac Bashevi Singer

La crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami

Bella del señor de Albert Cohen

Sin destino de Imre Kertesz

Si cupieran pondría también: De profundis de Oscar Wilde, El libro vacío de Josefina Vicens y La promesse de l'aube de Romain Gary.


Guadalupe Nettel nació en la Ciudad de México en 1973. Estudió la carera de Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM y en el 2008 obtuvo un doctorado en Ciencias del lenguaje en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la ciudad de París. Es autora de tres libros de cuentos (Juegos de artificio, Les jours fossiles, Pétalos y otras historias incómodas) y de una novela (El huésped). Colabora regularmente con diversas revistas literarias de España y América Latina. Sus libros han obtenido varios premios y reconocimientos como: el Prix Radio France International para países no francófonos, el Premio Gilberto Owen, el Premio Antonin Artaud y el premio Anna Seghers. Su novela El huésped quedó finalista del Premio Herralde en el 2005. En el 2007, el HAY Festival la seleccionó entre los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años y participó en el encuentro Bogotá 39. Es becaria del SNCA y también editora de la revista Número 0, cuya vocación es establecer lazos entre las literaturas de nuestro continente.



06 enero, 2011

¡Pequeña desviación en la conducta de los Reyes Magos!


Mirá si desviara a los tres la vista una estrella distinta, personalista, y les dijera: "Reyes Magos, piensen los que están haciendo. No pueden regalarlo todo, ¡dénse cuenta que se están fundiendo!"




"Pequeña desviación en la conducta de los Reyes Magos", Leo Maslíah

05 enero, 2011

Francis Albert


Acaso el mejor cantante popular del siglo XX, Francis Albert Sinatra ha legado una obra tan abundante como compleja. Muchos de sus discos, sobre todo aquellos de los años 1960, profundos, conceptuales, pero ensombrecidos por el esplendor del beat y el rock, esperan todavía una urgente relectura. Lo mismo vale para su imagen pública, hecha –así parece– de dos Sinatras diametralmente opuestos: por un lado, el artista sensible; por el otro, el eficaz entertainer masivo.

Una visión de la trayectoria musical de Sinatra parece arrojar, a grandes rasgos, cuatro capítulos. El primero enmarca sus actuaciones dentro de las orquestas de Harry James y Tommy Dorsey (RCA, de 1940 a 1942), además de sus primeros pasos como solista (Columbia, de 1943 a 1952); el segundo coincide con su desarrollo como crooner o baladista de jazz y con todas sus versiones perfectas del inolvidable repertorio de Cole Porter (Capitol, de 1953 a 1960); el tercero, de 1960 a 1971, es cuando asume sus mayores riesgos como artista, ahora en el sello Reprise, del que también fue dueño. El anuncio de un retiro, el 13 de junio de 1971, y un regreso ("Let Me Try Again"), ya como mito viviente, constituyen un cuarto y último capítulo, sin duda el menos interesante.



"Love's Been Good to Me" (Rod McKuen)


Muchos son los buenos discos que registró Sinatra en más de cincuenta años de actividad. Ninguno quiebra en dos su carrera como Strangers in the Night, aparecido en 1966 y con una llamativa inscripción en contratapa: "The Popular Sinatra Sings for Moderns" (El popular Sinatra canta para los modernos). Como absoluta novedad, el arreglador Nelson Riddle introduce allí el órgano eléctrico (jazz organ) y produce una revolución en el sonido de Sinatra. Basta escuchar "All or Nothing at All", "Summer Wind" o incluso "Downtown", donde el resultado ya parece más cerca de la música beat que del jazz.

El arco que se abre desde Strangers in the Night hasta Watertown (1969) encierra el período más paroxístico en la obra de Sinatra. A mediados de los 60, la música pop sufre una violenta transformación. Luego de Rubber Soul (The Beatles) y de Pet Sounds (Beach Boys) el concepto de álbum reemplaza al de single. Se traslada a la música popular la idea del cine de autor, de modo tal que ahora también hay discos de autor. No siendo compositor sino un cantante, Sinatra logra resolver el dilema a su manera: abordando más como "actor" que como "autor" eso que hoy se conoce como álbumes conceptuales. Lo peculiar de estos discos es que están escritos de punta a punta, especialmente a su medida, por una misma persona. El resultado es parecido a una película de autor protagonizada por una megaestrella.

Decir que 1969 fue el annus mirabilis de Sinatra en materia discográfica puede resultar una audacia, sobre todo si se piensa que los dos álbumes de ese año fueron vistos, en su oportunidad, como fiascos de venta. Se trata de A Man Alone (Un hombre solo), obra del poeta y cantautor Rod McKuen (el mismo que escribiera el rock’n’roll "The Beat Generation", grabado por Bill Haley), y de Watertown, álbum concebido por Bob Gaudio (The Four Seasons) y Jake Holmes.



"A Man Alone"
y otras canciones (Rod McKuen)

No obstante su bajo impacto comercial, ¿qué tienen de importante y singular estos trabajos? Sobre todo que Sinatra se sacude la imagen establecida de cantante romántico y de amante victorioso que dominó buena parte de su obra para contraponer dos discos de una desolación inédita para su propio canon: el primero, una suerte de ensayo sobre la soledad; el otro, el relato impiadoso de una crisis matrimonial.

La justicia del tiempo parece estar agigantando estos dos discos, donde se pueden encontrar cosas insólitas, como a Sinatra recitando un poema, a Sinatra con el acompañamiento de una sola guitarra, o a Sinatra con la voz quebrada, casi al borde de la afonía y más vulnerable que nunca. Una exquisita cantante como Nina Simone supo rescatar este repertorio, sobre todo en su álbum A Single Woman (Una mujer soltera, de 1993), que no sólo incluía tres canciones de McKuen sino que, de alguna manera, es la versión femenina de A Man Alone.



"A Single Woman" (Rod McKuen)

Una excursión por la obra de Sinatra en los años 60 causaría asombro hasta al más avisado. Allí están George Harrison y su esposa Patty en la trastienda de la grabación de Cycles, uno de sus discos más pop, que incluye "From Both Sides, Now", hermosa canción de Joni Mitchell. Allí está ese formidable álbum a dúo con Tom Jobim –tal vez el mejor disco de música popular en lo que va del siglo–, al que siguió pocos meses después aquel encuentro histórico con la orquesta de Duke Ellington. Allí está ese disco con la orquesta de Count Basie (como él, hijo de Nueva Jersey), cuando eran muy poco usuales las aventuras artísticas interraciales.

Al hombre de los ojos azules, al hombre con "voz de cello", tal como lo describiera Bob Dylan, se lo juzgó varias veces con desdén y desconfianza desde la vereda del rock. Es cierto que durante años su figura conservadora, sus gestos de abierta amistad hacia Nancy y Ronald Reagan, su clan incondicional (Dean Martin, Sammy Davis Jr.), sus programas de tevé para el consumo familiar o su versión mojigata del conocido "Mrs. Robinson" de Simon & Garfunkel (donde el verso que decía "Jesus loves you more..." pasó a decir "Jilly loves you more...") significaron para muchos la exacta contracara de la siempre invocada rebeldía rockera. No es menos cierto, sin embargo, que en voz baja el ambiente del rock lo admiró siempre, a tal punto que Jim Morrison llegó a calificarlo de "artista incomparable".

El escritor William Kennedy afirmó alguna vez que uno "trepa por las paredes" escuchando al Sinatra de los años 60. Nada más cierto. Una emoción extra, algo indescriptible hay en esos discos. Hasta las canciones más inocuas –esas que en los 40 él había grabado en dance-tempo–, rehechas en nuevas versiones se vuelven, de pronto, dramáticas. Si a algún Sinatra hemos de extrañar especialmente, tal vez sea a éste. Si algún Sinatra ha de volver con el impulso inevitable de la nostalgia, sería muy justo y placentero que fuera éste.

Eduardo Berti

(Texto originalmente publicado, en una versión distinta, en la revista Rolling Stone de Argentina)

04 enero, 2011

Santa crueldad


Un santo vio acercarse a un hombre que cargaba a un niño.
"¿Qué debo hacer con este niño?", le preguntó el hombre, "es raquítico, nació prematuramente y ni siquiera tiene fuerzas para morir".
"Mátalo", exclamó el santo con voz terrible, "mátalo y llévalo tres días y tres noches en tus brazos para recordarlo siempre, para que nunca más engendres un niño cuya hora no le haya llegado".
Habiendo entendido estas palabras el hombre se marchó.
Muchos censuraron al santo porque había aconsejado algo cruel, porque había aconsejado matar al niño.
"¿Pero no hubiese sido más cruel dejarlo vivir?", respondió el santo.

Friedrich Nietzsche, "La gaya ciencia"

03 enero, 2011

El destino



Una cucaracha desgraciada en el amor, incapaz de sobreponerse a su tristeza, decide precipitarse en una pista de baile con la esperanza de acabar triturada bajo los pies de los bailarines. No obstante, contra toda lógica, consigue atravesar el bosque de pies y llega sana y salva al otro lado. Esta hazaña hace de ella un héroe y, en consecuencia, cumple su sueño, que era el de casarse con un cucharacho macho alemán.

Al contrario, un mosquito no tiene la misma suerte. Deprimido por un desengaño amoroso, va volando por la calle cuando repentinamente oye una hermosa música que brota de una sala de conciertos. El mosquito ingresa en el preciso instante en que cierto célebre pianista polaco pone fin a la primera pieza. La platea estalla en un aplauso y el desdichado insecto muere en el océano de manos.

"Sobre el destino", Huang Kuo-Chun.
Incluido en "Essais de micro", publicado en Francia por Actes Sud.

Nacido en 1971 en Taipei, hijo de Hwang Chu-Ming (el autor de libros como "El gong" o "El sabor de las manzanas"), Huang Kuo-Chun era una gran promesa de la literatura de Taiwán. Se suicidó en 2011 dejando tres libros de cuentos, una novela inconclusa y varios ensayos breves, como los incluidos en este libro.