24 junio, 2012

Cuadernos de Hiroshima




En el verano de 1963, Kenzaburo Oé viajó a Hiroshima a fin de hacer un reportaje para una revista. Habían pasado dieciocho años desde el 6 de agosto de 1945, día en que el hombre sumó a la perspectiva de "su muerte como individuo", como dijera Arthur Koestler, "la perspectiva de su extinción en cuanto especie". Por entonces, mucho antes del Premio Nobel que obtuvo en 1994, Oé era un joven aspirante a escritor cuyo primer hijo luchaba en un hospital contra una grave malformación del cráneo, experiencia que inspiraría la novela Una cuestión personal , publicada casi enseguida, en 1964.

Cuadernos de Hiroshima (siete cuadernos en total, uno por cada viaje efectuado entre agosto de 1963 y enero de 1965) habla sobra "la tragedia humana provocada por las armas nucleares", muestra cómo viven y sienten los hibakusha (sobrevivientes del bombardeo) y narra la desconcertada hazaña de los casi 250 médicos que había entonces con vida en la ciudad (otros sesenta murieron instantáneamente), quienes tuvieron que atender a unas cien mil personas necesitadas de tratamientos urgentes.

El héroe de Oé es el doctor Fumio Shigêto, que arribó a Hiroshima apenas una semana antes del ataque y llegó a convertirse en el director del Hospital de la Bomba Atómica. Interesado en la radiología desde sus años de estudiante, Shigêto fue -apunta Oé- "uno de los primeros japoneses que reconoció la naturaleza de la bomba el mismo día de la explosión", mientras enfrentaba circunstancias que ni la especie humana ni la profesión médica habían experimentado nunca. Poco después de la bomba, en el otoño de 1945, una declaración equivocada del equipo de cirujanos del ejército de Estados Unidos sostuvo: "Todas las personas que podían morir a causa de los efectos radiactivos de la bomba atómica ya han muerto". El Hospital de Hiroshima se hizo eco e informó que, de los 306 mil sobrevivientes, apenas unos 300 pacientes seguían bajo tratamiento. La prensa y muchos médicos se sumaron a este optimismo generalizado, pero el doctor Shigêto se mantuvo cauteloso. Presentía que la curva estadística volvería a subir, como por cierto ocurrió.

A casi 50 años de su publicación original en japonés, los cuadernos de Oé asombran al presentar una situación muy lejana de la unanimidad: múltiples intereses políticos enturbian las conmemoraciones de 1963, muchas "víctimas secundarias" no obtienen suficiente protección médica debido a que la ley entonces en vigencia (sancionada en 1957) contemplaba solamente a "enfermos o moribundos", más de diez mil mujeres con la cara desfigurada siguen recluidas sin poder recibir atención adecuada y existe "un tabú que pesa sobre la cuestión de los posibles efectos genéticos".

(...)

Agudo cronista, Oé narra casos curiosos (como el de cierto "matón de Hiroshima" que llegó a usar sus cicatrices queloides para atemorizar a los demás), pero también se detiene a reflexionar. Juzga que es un "insulto al sufrimiento" del pueblo de Hiroshima que el estado japonés haya condecorado al general estadounidense Curtis E. LeMay, quien "participó en la planificación de las operaciones militares para el lanzamiento de las bombas". Estima que el mundo conoce el poderío y la capacidad destructiva de la bomba, pero muchísimo menos el sufrimiento humano o las incidencias que las radiaciones tendrán en la segunda generación de víctimas. Reconoce que los pobladores de Hiroshima son "los únicos que tienen derecho a olvidar y a mantener silencio", no así el resto de la humanidad. Compara el bombardeo con el bíblico diluvio universal y la historia de Noé. Se pregunta si los líderes militares de Estados Unidos "no se tomaron demasiado a la ligera la calamidad que iban a provocar" o, más aún, si no tomaron la decisión final porque en cierto aspecto confiaban en "la fortaleza humana de su enemigo", una fortaleza que "les iba a permitir arreglárselas con el infierno que se iba a desatar". Y aventura que los habitantes de la ciudad que se pusieron a trabajar codo a codo "para restaurar la sociedad humana" estaban preocupados por salvar sus vidas, pero "en el proceso salvaron
también el alma de los que habían arrojado allí la bomba atómica".

(...)

El libro se complementa con un prefacio escrito en 2007 para la edición italiana y con una entrevista hecha por el diario francés Le Monde poco después del terremoto y el desastre nuclear de marzo pasado en Japón. En el prefacio, Oé recuerda que al mismo tiempo que editaba Cuadernos de Hiroshima , los médicos le dieron la confirmación definitiva de que su hijo iba a sobrevivir y tuvo entonces "la nítida sensación de haber regresado de un lugar terrible". En la entrevista comenta que abriga el proyecto de revisar la historia contemporánea de su país tomando como referencia los muertos en Hiroshima y Nagasaki, "los irradiados de Bikini" (ensayos atómicos realizados por Estados Unidos a partir de 1946), y las recientes víctimas de las explosiones en las centrales nucleares. Reincidir con estas centrales le parece "la peor traición al recuerdo de las víctimas de Hiroshima"

Fragmentos de mi reseña sobre Cuadernos de Hiroshima, de Kenzaburo Oé (editorial Anagrama, traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés), publicada en La Nación (ADN Cultura), Argentina.

Enlace completo, aquí:
 http://www.lanacion.com.ar/1483435-ciudad-de-sobrevivientes

22 junio, 2012

Clasificados de Pierre Dac


André Isaac (1893- 1975), más conocido como Pierre Dac, fue un célebre humorista francés que jugó un rol importante como activista en la Resistencia  y que años antes de la guerra, en 1938 , fundó una de las revistas cómicas más influyentes del siglo XX:  L'Os à Moëlle.

Existe en forma de libro una buena antología de la revista. Allí están, entre otras perlas, los famosos avisos clasificados que publicaba L'O à Moëlle (algo así como "El hueso con médula") y que eran redactados no únicamente por Pierre Dac, sino también por Francis Blanche y otros colaboradores. Una pequeña muestra:




Tomando todos los días el metro en estación cabecera  Porte d'Orléans, cedería asiento a partir de Chatêlet. Hacer ofertas.


 Tinta fosforescente para escribir en la oscuridad. Tinta invisible para las faltas de ortografía. Los dos potes juntos por 0,25 francos.

Vendo reloj sin alarma, ideal para personas que no tienen que madrugar. 

Sufriendo insomio, permuto con agrado colchón de plumas contra sueño de plomo.

Se necesita caballo serio, buen conocedor de París, para que haga repartos solo.


Encontrado en los alrededores de la plaza Gabriello: gran danés que no responde a nombre alguno. Enormes dientes. Se ruega al propietario venir con el nombre, un poco de azúcar y un revólver. Muy urgente.


Novedad. Clavos de cabeza inmensa para torpes del bricolaje.


 ¡Tímidos! Si no se atraven a tomar la Bastilla, tomen el tren en la estación Bastilla. Más informaciones: consultar cartel indicador.

21 junio, 2012

Las cosas detrás...

Nick Drake: Things Behind The Sun


Por favor, cuídate de los que miran fijamente
Sólo sonreirán para verte mientras
Tu tiempo está ausente
Y una vez que hayas visto lo que ellos han sido
Para ganar la tierra no parecerán valiosos
Tu noche o tu día
¿Quién oirá lo que yo digo?

Mira a tu alrededor, encuentras el suelo
No está tan lejos de tí
Pero no te pases de listo
Porque los de abajo nunca crecen
Están siempre cansados y se alquilan encantos
Desde sus ojos
Nunca te sorprendas.

Tómate tu tiempo y estarás bien
Y reza por la gente
Que vive en el suelo
Y si ves lo que se supone que hay
No nombres la fecha ni intentes decir
Que ya pasó antes.

No seas tímido, aprende a volar
Y mira el sol cuando acaba el día
Si sólo ves
Lo que eres bajo una estrella
Que vino a quedarse en un día de lluvia
En otoño, gratuitamente
Sí, sé lo que seas.

Por favor, cuídate de los que miran fijamente
Sólo sonreirán para verte mientras
Tu tiempo está ausente
Y una vez que hayas visto lo que ellos han sido
Para ganar la tierra no parecerán valiosos
Tu noche o tu día
¿Quién oirá lo que yo digo?

Abre la copa rota
Deja entrar el pecado agradable y la luz del sol
Sí, eso es hoy.
Y abre bien los himnos que escondes
Que reconoces mientras la gente frunce el ceño
Por cosas que dices
Pero di lo que tengas que decir
Sobre los granjeros y la diversión
Y las cosas que hay detrás del sol
Y la gente que da vueltas en tu cabeza
Que dicen que ya todo se ha dicho
Y el movimiento de tu cerebro
Te envía afuera con la lluvia.



Andrew Bird: Things Behind the Barn

19 junio, 2012

Entrevista a Ane Brun


Por Eduardo Berti

Cuando Peter Gabriel la invitó a grabar la nueva versión de "Don't Give Up" y a ser telonera de una de sus giras, la noruega Ane Brun gozaba ya de un enorme prestigio en Escandinavia, especialmente en Suecia, donde vive desde hace unos diez años. Pero Gabriel le dio lo más semejante a un espaldarazo definitivo.

Tras sus brillantes inicios con Spending Time with Morgan (2003) y A Temporary Dive (2005), Brun ha plasmado con Changing of the Seasons (2008) y con el reciente It All Starts with One no solamente los dos mejores ábumes de su carrera, sino los que más entusiasmo han despertado en el mundo entero.

Excelente guitarrista y compositora, excepcional vocalista, Brun (que en realidad se llama Ane Brunvoli) empezó hace 15 años cantando en las calles de Barcelona. Desde entonces, todos sus discos fueron publicados por su propio sello, Balloon Ranger, entre ellos el último, que entre sus "bonus" incluye una versión de "Alfonsina y el mar" (Ariel Ramírez-Félix Luna).

En una pausa de su gira por Estados Unidos, Brun se hizo tiempo para charlar con LA NACION y hablar, entre otras cosas, de su vínculo con esta canción. "La escuché por primera vez cuando era adolescente y estudiaba español en la escuela. Mi maestro era de Chile y usaba la música latinoamericana para enseñarnos, cosa genial. Escuchábamos sobre todo las canciones de Mercedes Sosa, que desde entonces es una de mis favoritas. Quise grabar «Alfonsina y el mar» como homenaje a ella y también como desafío personal. La primera canción que compuse en mi vida se llamaba «Otra vez» y la escribí en castellano a los 22 años".

-¿Por qué ha elegido vivir en Suecia?
-Me instalé en Suecia por amor. Conocí a un sueco cuando vivía en Bergen, Noruega, y nos mudamos juntos a Estocolmo. Un año después nos separamos, pero decidí quedarme y fui armando una vida y una carrera. Aunque no sé si es para siempre, me siento feliz allá. Pienso que vivir un rato en el extranjero te permite ver con mayor claridad tu lugar de origen e incluso quién es uno. Pasé casi un año en Barcelona y allí conocí el fado, el flamenco y otras músicas que me marcaron.

Ane Brun se ha convertido en la artista más visible y celebrada de la música alternativa en Suecia, donde destacan nombres como Jennie Abrahamsson, Rebekka Karijord, la retro-futurista Nina Kinert, Linnea Olsson, Anna Ternheim y el argentino-sueco José González (hijo de padres exiliados a mediados de los setenta), quien actúa como solista y en la banda Junip.



Ane Brun "Worship" (feat. José González) from Ane Brun on Vimeo.

González y Brun grabaron a dúo la canción "Worship", incluida en el último álbum de ella. "José es de Gotemburgo -cuenta Brun- y nos conocemos desde hace unos diez años. Es magniífico como guitarrista, cantante y compositor. ¡Y un tipo genial! Soy una gran fanática de su música."

Los críticos han comparado la obra de Brun (un neo-folk que elude el purismo) con artistas tan disímiles como Björk, Joni Mitchell o Nick Drake. Las dificultades para describir su música (canciones intimistas de arreglos expansivos en los que brillan las orquestaciones y las armonías vocales) son una prueba de su originalidad, que también se debe a su forma peculiar de tocar la guitarra. "Es una cuestión de sonido, pienso. Aprendí a tocar sola", explica Brun, que se confiesa admiradora de artistas tan diferentes como Cyndi Lauper, Gillian Welch o Ron Sexsmith, se ve como "una performer más que una "cantautora", y suele diferenciar entre componer melodías y escribir letras: "Lo primero es mucho más espontáneo, lo segundo es más intelectual y me cuesta más".

-¿Cómo fue que Peter Gabriel se interesó en su música? 
 -Nos conocimos en 2005, en un concierto dedicado a Mandela que se hizo en Noruega. Me vio actuar y le gustó. Cinco años después me mandó un email preguntando si quería unirme a su banda en la gira New Blood Tour. Desde entonces viajé mucho con él y ha sido fabuloso desde todo punto de vista. Lamentablemente no pude ir al tramo sudamericano porque estaba grabando mi último disco. Nunca estuve allí, pero no pierdo las ilusiones. Espero ir pronto.

Publicado el pasado fin de semana en La Nación, Argentina.
Enlace original: http://www.lanacion.com.ar/1482687-una-voz-noruega-para-alfonsina-y-el-mar

17 junio, 2012

La edad de la tierra



Si quieren ustedes saber la edad de la tierra, observen el mar durante una tempestad. El gris de la entera superficie inmensa, los surcos del viento sobre los rostros de las olas, las grandes masas de espuma, arrojadas las unas contra las otras y ondeando, como enmarañados mechones blancos, le dan al mar, en medio de un temporal, una apariencia de cana edad, deslustrada, mate, sin destellos, como si hubiera sido creado antes que la luz misma.

 Joseph Conrad, El espejo del mar (traducción de Javier Marías)

16 junio, 2012

Pez volador


Corto de animación de Alejandro Cánovas basado en el cuento "Pez volador", de Eloy Tizón, incluido en su libro Parpadeos (Anagrama).

14 junio, 2012

Héctor Bianciotti


Curioso destino el del escritor: cada vez que inicia un libro, sueña  que será la obra que lo ha de justificar.

Toda obra literaria es una carta enviada anónimamente a ese gran desconocido: el público. En ocasiones, la carta llega con demora o el destinario se olvida de abrirla, y entonces hace falta que unos curiosos, un día, se apoderen de ella para que, al fin, llegue el mensaje.

El innovador que parece haber roto todos los lazos con el pasado se encuentra, muy a menudo, en el mismísimo centro de la tradición; tan solo cierta falta de perspicacia impide que el lector lo advierta y hace que lo clasifique en las filas pronto caducas de alguna vanguardia.
  
Héctor Bianciotti, "Une passion en toutes lettres" (Gallimard, 2001)


Héctor Bianciotti falleció el martes pasado, en París, a los 82 años. Los franceses lo han despedido como un “escritor elegante”. Su elegancia, a decir verdad, era completa. Un estilo vestimentario y literario, como ha escrito René de Ceccatty en el diario Le Monde (aquí). Nacido en la provincia de Córdoba (Argentina), hijo de inmigrantes italianos, Bianciotti partió a Europa en 1955. Pasó por Italia y España. Terminó viviendo en París, escribiendo en francés y siendo miembro de la Academia Francesa, pero en sus libros volvía, poco menos que obsesivamente, a la Argentina. Como la huella del pájaro en el aire (1999) contiene uno de los mejores retratos del último Borges, como bien ha dicho Pedro B. Rey en La Nación (aquí): "Borges murió muy lentamente y en silencio, como un reloj de arena que se vacía. Era el 14 de junio, un sábado. Mi reloj marcaba las siete y cuarenta y siete. Nunca le confesé que escribía. Está bien así".

11 junio, 2012

Ray Bradbury por Vila-Matas



Al mediodía, un descubrimiento casual. En la biblioteca, detrás de las novelas de Flaubert, encuentro -tan polvoriento como intacto, más de un cuarto de siglo sin verlo- mi añorado y extraviado número 1 de la revista de fantasía y ciencia-ficción Minotauro. Edición de 1964. En aquel año, la revista comenzó a distribuirse en librerías junto a las novelas de la colección del mismo nombre y era en realidad la edición en castellano de The Magazine of Fantasy and Science Fiction.

Aquel primer número contenía relatos de Knight, Bradbury, Boucher, Leiber, Clarke, Reed, Anderson, Bester y Ballard. Quien me lo regaló fue la primera persona del mundo a la que oí decir que quería ser mi amiga y a la que sin embargo vi sólo en dos ocasiones -en la segunda me regaló ese ejemplar inolvidable de Minotauro- y después perdí totalmente de vista, sin que haya vuelto a saber nada de ella en los últimos cuarenta y cinco años.

 No leía mucho entonces y prefería con creces el cine, y de aquella revista -me inquietaba la idea de que fuera de ciencia-ficción- me limité a leer La costa en el crepúsculo, el cuento de Ray Bradbury, el único autor que me sonaba, ya que Truffaut había comenzado a preparar el rodaje de Fahrenheit 451, película basada en una novela suya. No he podido olvidar nunca que quedé absolutamente fascinado por el cuento. Hasta este mediodía siempre lo había recordado como la poética historia de dos jóvenes que encuentran a una sirena de una belleza extrema y van a la ciudad a buscar hielo para conservarla. La sirena se la lleva el mar y ellos se quedan esperando a que vuelva algún día.


Releída hoy, me ha parecido recordar que la historia me fascinó porque vi desmentirse de golpe todas las ideas, cargadas de temores, que me había ido construyendo acerca de lo que podía ser un cuento de ciencia-ficción. Creo que vi que la etiqueta de escritor de ese género aplicada a Bradbury no tenía el menor sentido. La costa en el crepúsculo, releído años después, no ha perdido su fuerza y encanto. Al igual que le sucede a la sirena, el cuento tiene unidas dos mitades y termina por ser un relato de orden fantástico, pero en el fondo perfectamente realista: "Las dos mitades de la sirena estaban unidas de tal modo que no se veía dónde la mujer perlada, la mujer blanca de agua transparente y de cielo claro, se confundía con la mitad anfibia...".

 Me pareció un cuento perfecto. Allí estaba reunida, con la máxima concentración, toda una visión del mundo. Era un relato que enseñaba a escribir relatos. Era un cuento que situaba a la espera como condición esencial del ser humano. Como no había leído por aquel entonces demasiado y no tenía mucho donde comparar, la historia de Bradbury me recordó Ante la ley, de Kafka, donde el protagonista se pasa la vida esperando cruzar una puerta que sólo está destinada a él y que nunca logrará atravesar. También en La costa en el crepúsculo la espera se situaba en el centro de la historia. Leído ahora, el parentesco con Kafka no lo veo por ningún lado. Pero es que, además, la gracia de Bradbury y su genialidad estriban en parte en que, a pesar de que se han pasado la vida clasificándole, es un escritor tan original como inclasificable. En La costa en el crepúsculo es admirable su destreza en el tratamiento de la ambigüedad a lo largo de todo el relato. Es un cuento perfecto, de estirpe clásica, porque se abre a todo tipo de interpretaciones. Es el cuento de una gran anarquista y arquitecto al mismo tiempo. Su historia de la sirena en una playa desierta socava y reconstruye el paisaje banal de la realidad.

Enrique Vila-Matas
Babelia (El País), mayo de 2009

El texto completo, aquí:
http://www.enriquevilamatas.com/textos/relbradbury1.html


10 junio, 2012

El cazador de Salinger

Aunque todos los admiradores y devotos de J. D. Salinger conocían el sitio web www.deadcaulfields.com , ignoraban que su creador y editor, Kenneth Slawenski, al mismo tiempo que administraba la página (nacida en 2004 y elogiada incluso por The New York Times), preparaba una colosal biografía del escritor, la más completa que jamás se le hubiese consagrado.

El 28 de enero de 2010, cuando Slawenski revisó la casilla de correo de su sitio web, vio que estaba inusualmente atiborrada. Había, en total, cincuenta y siete mensajes, mientras que lo normal era que recibiera tres o cuatro por día. Al mirar el primero en la lista supo con exactitud lo que había pasado. Los mensajes llevaban títulos como "J. D. Salinger, descanse en paz".

Ironías del destino: la última actualización del sitio web era un mensaje de felicitación a Salinger por su flamante cumpleaños número noventa y uno, y hacía apenas una semana que Slawenskihabía entregado a su editor el manuscrito de la biografía. "Durante siete años había estado completamente sumergido en Salinger, en sus escritos, su filosofía y los más pequeños detalles de su vida. Se había convertido en mi compañero permanente. Y ahora se había ido."

Slawenski publicó la biografía semanas después de la muerte de Salinger y eligió llamarla A Live Raised High . El título de la traducción castellana, Una vida oculta , establece un lazo especial con uno de los títulos en español de la famosa novela de Salinger The Catcher in the Rye (1951): El cazador oculto , aquel con que lo bautizó en la Argentina Fabril Editora en 1961 y luego retomó, en 1998, una nueva versión de Sudamericana. La versión española, El guardián entre el centeno , es de 1978.

Kenneth SLAWENSKI


Una vida oculta es una proeza: el libro de un "fan" (entre comillas, como prefiere Slawenski) que ha evitado cualquier clase de hagiografía y ha ejercido como verdadero "cazador" de informaciones hasta entonces inaccesibles o, en el mejor de los casos, dudosas. La biografía de Slawenski muestra a unSalinger lejos de cualquier estereotipo. El futuro misántropo duda, de joven, entre ser actor o escritor y frecuenta fiestas de moda detrás de su gran amor, Oona O'Neill, hija del dramaturgo Eugene O'Neill, hasta que el romance acaba cuando ella se convierte en la mujer de Charles Chaplin. El escritor, todavía no consagrado, digiere los rechazos de las revistas más prestigiosas (de Story a The New Yorker ) y toma el camino de las páginas "satinadas" de las publicaciones femeninas.

Apodado Sonny en el seno de su familia, Salinger "florece bajo la protección de su madre", estudia en Valley Forge (escuela preparatoria que inspira la de Holden Caulfield en El guardián entre el centeno ) y hasta compone el himno estudiantil que todavía se canta allí. Le gustan los deportes, escribe guiones radiofónicos y se anota en un curso de escritura en la Universidad de Columbia, donde conoce a su primer mentor: Whit Burnett.

En 1943 se convierte en agente de contraespionaje del ejército de Estados Unidos. Poco después viaja a Europa y conoce el frente de batalla. Varios de sus compañeros lo recuerdan "escabulléndose para escribir", cuenta Slawenksi. Una vez, mientras caía un fuego persistente, "vieron a Salinger tecleando debajo de una mesa sin que su concentración fuera perturbada por las explosiones".

El libro ahonda en los efectos de la experiencia bélica. Tras toparse con los campos nazis, Salinger ingresa voluntariamente en un hospital de Nuremberg para curar su depresión. "No está claro que Salinger tuviera conexión con el tribunal criminal de guerra", pero se sabe que interrogó a antiguos miembros de la Gestapo y que acaso trabajó repatriando refugiados.

Desde luego, Slawenski indaga las causas del silencio y la reclusión pero, en vez de simplificar, ofrece múltiples respuestas que, al sumarse, ayudan a comprender la compleja situación: desde la herencia de un padre dado al secretismo hasta la influencia de la espiritualidad zen y, más en particular, del maestro Yogananda que pregonaba el desapego.

Slawenski lee los Nueve cuentos (1953) como un "camino de exploración espiritual". Tras la desesperanza de los primeros cuatro relatos, Salinger le ofrece al lector "una alternativa a través del amor verdadero".

Después del éxito, la tapa de la revista Time y su casamiento con Claire Douglas,Salinger dio inicio a su vida como ermitaño en el pueblo de Cornish: la pareja, según se cuenta en el libro, llevaba una vida tan despojada que sacaba el agua de un viejo pozo, cultivaba sus propios alimentos y consagraba sus tardes a meditar y hacer yoga.

El silencio de Salinger, considera Slawenski, fue un "arma de doble filo" porque hizo que creciera una especie de leyenda urbana a su alrededor. Mientras esto sucedía, el matrimonio ingresó en una crisis irremediable. El escritor pasaba horas y horas encerrado en una especie de ermita que había edificado en un bosque lindero a su casa.

El libro concluye con una serie de episodios más o menos jurídicos. Salinger contra la biografía de Ian Hamilton, en 1986, y contra una secuela no autorizada de El guardián ? ; Salinger que vuelve a casarse en 1992 (con una enfermera llamada Colleen O'Neill) y que escapa, meses después, a un incendio en su casa que atrae a tantos bomberos como periodistas; Salinger que se resigna a la versión que la escritora Joyce Maynard da en 1998 del vínculo que tuvieron veintiséis años antes.

Después de su divorcio, cuenta Slawenski, Salinger salió con varias mujeres y con casi todas ellas pareció equivocarse, pero Maynard fue acaso el error más grave. En abril de 1972, leyó un artículo en The New York Times Magazine escrito por una estudiante y le atrajo tanto el contenido como la foto de la joven, que aparecía en la tapa de la revista. Le escribió, hubo un intercambio epistolar y pronto Maynard abandonó el hogar de sus padres para instalarse en Cornish con un hombre treinta y cinco años mayor que ella. El vínculo duró muy poco.

¿Salinger hubiese llevado a Slawenski a tribunales de haber salido este libro antes de su fallecimiento? Tal vez sí, pero eso no habría alterado la honradez y la seriedad de este trabajo que evita el panegírico y, al mismo tiempo, ilumina la esencia de un escritor esencial. Mientras el sitio web sigue adelante, Slawenski -nacido en Nueva Jersey y, al igual que Salinger, de raíces polacas- acaba de lanzar en Estados Unidos la versión de bolsillo de su libro, cuya traducción al castellano (a cargo de Jesús de Cos) fue editada en España por Galaxia Gutenberg.

"Mi amor por la literatura de Salinger es lo que me intrigó y me inspiró a escribir esta biografía. Pero mi enorme aprecio por su obra no se traduce, necesariamente, en admiración por el hombre. Salinger hizo muchas cosas que considero tontas o insensatas. Podía ser autoritario e intratable. Valorar la literatura de Salinger no eclipsa sus defectos. Más bien los hace más fascinantes, incluso más comprensibles."

(Este es el inicio de mi entrevista a Kenneth Slawesnki, biógrafo de Salinger, publicada el viernes pasada en ADN Cultura, La Nación, Buenos Aires)

Continúa aquí:
http://www.lanacion.com.ar/1479410-salinger-podia-ser-intratable


08 junio, 2012

Más de Anatole France


Si todos los hombres se pusieran a pensar a la vez, el mundo dejaría inmediatamente de existir; pero no debemos temer semejante desgracia.

He dejado atrás esa edad feliz en que se admira lo que no se comprende.

Es raro que un maestro pertenezca tanto como sus discípulos a la escuela que ha fundado.

En todas las religiones, lo que menos importa siempre es el dios.


 La antigua colección "Les Pensées" de la editorial francesa Le Cherche Midi solía publicar reflexiones y pensamientos rescatados de la obra de escritores consagrados, desde Flaubert o Jules Renard  hasta Oscar Wilde o  Bernard Shaw. El volumen dedicado a Anatole France estuve a cargo, en su momento, de Éric Eugène.



07 junio, 2012

Aventuras


Un buen crítico  es aquel que narra las aventuras de su alma  entre las obras maestras

Anatole France

05 junio, 2012

Hamelín

Diversos diarios aseguran que la ciudad alemana de Hamelín podría necesitar a otro flautista encantador de ratas, dado que estas regresaron.


Funcionarios municipales le dijeron al periódico Süddeutsche Zeitung que una famosa fuente de Hamelín quedó fuera de servicio después de que los roedores royeron los cables eléctricos.

La ciudad es la misma donde, según la famosa leyenda, el Flautista de Hamelín sacó todas las ratas en 1284 con su flauta mágica, haciendo que cayeran al río Weser, donde se ahogaron.

Pero la solución de la leyenda del flautista no sería práctica, de acuerdo con los científicos. Las ratas son muy buenas nadadoras.

03 junio, 2012

Relámpagos


Hiperacúsico o mitómano que asegura oír los rayos a miles de kilómetros. Creador de la transferencia inalámbrica de energía eléctrica mediante ondas electromagnéticas, de la corriente alterna, de la bombilla sin filamento, de la radio y de las primeras centrales generadoras de energía. El protagonista de Relámpagos , Gregor, es un ingeniero sin par, acaso el mayor inventor desde los tiempos de Leonardo, y llega a convertirse, a inicios del siglo XX, en "el sabio más famoso del mundo", pese a que muchos lo acusan de farsante o estafador.

Con su última novela, tras Ravel y Correr , Jean Echenoz clausura la trilogía de las "vidas imaginarias" protagonizada por personajes históricos. El resultado final es una serie de tres libros delgados e intensos en los que destaca la elegancia de estilo, un tono entre irónico y melancólico y una constante reflexión en torno a la soledad, la vocación, el éxito y la derrota.

En dicho contexto, Relámpagos (muy bien traducido al español por Javier Albiñana) parece marcar la cumbre de una suerte de gradual alejamiento de la verosimilitud histórica. Mientras que en el primer libro del tríptico el protagonista era claramente el músico Maurice Ravel, y en el segundo ya no llevaba en su título el nombre del personaje histórico y denominaba simplemente Emil a su personaje (el famoso atleta Zátopek, la "locomotora checa"), en este flamante y tercer libro el protagonista se llama Gregor y está inspirado con libertad en la vida del ingeniero Nikola Tesla (1856-1943), pero ante todo en muchos relatos que circulan acerca de él.


Hay mucho de fábula y de mito en la historia real de Tesla, y así la narra Echenoz, con una voz falsamente ligera y oral cuyo efecto es poco menos que hipnótico. Niño precoz, Gregor es un superdotado capaz de aprender en un santiamén media docena de lenguas y de concebir más ideas de las que puede desarrollar: el aire líquido, el mando a distancia, los robots, el acelerador de partículas. Se ignora la fecha exacta de su nacimiento, pero se sabe que su "alumbramiento" coincidió con una tormenta estruendosa y con un "relámpago gigantesco, denso y ramificado". No es músico como Ravel, pero es un hombre de "reloj absoluto" ("siempre sabe con precisión qué hora es") y posee el "don de representarse interiormente las cosas como si existiesen previamente a su existencia, de verlas con tal precisión tridimensional que, en el impulso de su invención, no necesita boceto, esquema, maqueta ni experiencia previa".

Al igual que los protagonistas de los dos libros precedentes, Gregor muestra un carácter especial ("receloso, despectivo, susceptible") y resulta todo un bicho raro. Maniático de la limpieza, alarmado por los microbios, reacio al contacto humano (murió célibe, según sus biógrafos), le daban miedo los ascensores, lo obsesionaban los números múltiplos de tres, "contaba todo, perpetuamente: los adoquines de las avenidas, los peldaños de las escaleras, los pisos de los edificios" y acabó enamorado de las palomas, a las que introducía ilegalmente en los interminables cuartos de hotel por los que desfiló su vida.

Si Correr narraba, además de la vida de Zátopek, la historia de Checoslovaquia en la posguerra, en Relámpagos el protagonista es otro centroeuropeo, pero la historia está ambientada en Estados Unidos y ofrece a su manera un retrato de la entreguerra de los años veinte y treinta. Podría, en estos aspectos, confirmar una especie de contracara de la novela anterior. Por otra parte, a diferencia del Zátopek que en Correr se vuelca al atletismo sin darse mucha cuenta y casi sin querer, Gregor es un monomaníaco de esos que la literatura, cuando retrata con gracia, convierte en héroes imborrables como el ajedrecista Czentovicz de Stefan Zweig o el Raskólnikov de Dostoievski.

La idea fija de Gregor es transmitir energía gratuita, sin límites, "hasta los confines del planeta". Echenoz lo enfrenta a un Edison que, de ser su jefe, pasa a convertirse en un rival absoluto en la "guerra de la electricidad", casi un villano de cuento infantil: un sujeto "encorvado, desmañado y desagradable" que es sordo desde los trece años (obstáculo que no le impide inventar el fonógrafo), que contrata a Gregor a cambio de un sueldo miserable y que, años después, cuando se entera de que Gregor desarrolla la corriente alterna en el seno de la empresa competidora de George Westinghouse, es capaz de todo para desacreditarlo, incluso -como puede verse en un cortometraje que hoy circula en Internet- de electrocutar a una elefanta llamada Topsy.

Tienta leer el tríptico de Echenoz (tríptico planeado no antes, sino después de Ravel) a la luz de las "propuestas para el próximo milenio" de Ítalo Calvino, ya que los principios estéticos que pregonaba el italiano están aquí: levedad, rapidez, visibilidad, exactitud, multiplicidad, consistencia. No únicamente los tres protagonistas (Ravel, Zátopek, Gregor/Tesla) parecen representarlos, sino que el emblema del relámpago podría ser una síntesis casi perfecta.

La narración de Echenoz es cronológica, pero con una cadencia voluntariamente irregular. Puede detenerse cuatro páginas en un detalle extravagante (la nariz de un personaje secundario) para luego resumir o saltearse alegremente diez años. Los detalles extraordinarios son los que impulsan el soberbio ritmo del texto, como en esa joya de finales del siglo XIX que fue Vidas imaginarias (libro que evidentemente preside esta trilogía), cuyo autor, Marcel Schwob, sostenía que el arte debe ser "lo opuesto a las ideas generales" y tiene que ocuparse de las singularidades, de "lo único". Completado el tríptico con Relámpagos , quedan muy claras las intenciones y los logros de Echenoz, a contramano de cualquier generalización y de todo abordaje biográfico tradicional. Por más que narraba los últimos diez años de un personaje histórico, por más que podía sugerir una amplia investigación, Ravel era un libro reacio a los tópicos de la novela histórica: pocas páginas, escritura en tiempo presente, diálogos en estilo libre, intrusiones incluso desopilantes del narrador. Los mismos rasgos, repetidos en Correr , se confirman en Relámpagos . Como escribiera Borges sobre aquel libro de Schwob que tanto lo influyó: "Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos. El sabor peculiar de esta obra está en ese vaivén"

Originalmente publicado en ADN Cultura (La Nación, Buenos Aires), el 1 de junio de 2012.
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01 junio, 2012

Elemental...


Un cable de la agencia EFE dice que el Tribunal Superior de Londres salvó el martes de la demolición la casa victoriana de Arthur Conan Doyle en Surrey (Inglaterra), donde el escritor escocés escribió 13 novelas protagonizadas por el sagaz detective Sherlock Holmes.


La fundación Undershaw Preservation Trust, que trabajaba para conservar ese edificio histórico, presentó el 23 de mayo último un recurso contra su derribo, y afortunadamente fue aceptado por el tribunal. Lo que anula los planes de convertir la casa en ocho viviendas, sin tener en cuenta su valor literario.

El creador de la fundación, el académico John Gibson, dijo que la vivienda, que diseñó el propio Conan Doyle, que vivió en ella desde 1897 hasta 1907, había sido "gravemente descuidada por sus actuales propietarios", la empresa constructora Fossway.

Además de la Undershaw Preservation Trust, también se oponían a ese proyecto de reconversión, entre otros, el ex presidente del Consejo de las Artes Christopher Frayling, los escritores Julian Barnes e Ian Rankin, y el actor y director Stephen Fry