31 mayo, 2014

Cinco libros: Laura Alcoba

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.
 
La lista de Laura Alcoba:
 
Acá van los cinco libros que más me gustaron en los últimos meses. Algunos son nuevos, otros no tienen nada de novedad pero lo fueron para mí o simplemente los volví a leer... me encantan las relecturas:

 
Los hemisferios, de Mario Cuenca Sandoval (Seix Barral)
Un chien mort après lui, de Jean Rolin (POL)
Campo geral, de João Guimarães Rosa (lo tengo en francés, creo que la edición disponible en castellano es del Fondo de  cultura)
Dit Nerval, de Florence Delay (Gallimard)
Historia de Roque Rey, de Ricardo Romero (Eterna Cadencia, por salir en Argentina)
 
No hay línea ni cronología, no hay orden, ni siquiera alfabético. Simplemente me gustaron y pienso volver a leerlos un día de estos, algunos por tercera o cuarta vez.
 
Laura Alcoba (La Plata, Argentina, 1968) es una escritora, traductora y editora argentina. Desde los diez años reside en París y escribe en francés.  Se licenció en letras en l'Ecole Normale Supérieure y es especialista en el Siglo de Oro español. La casa de los conejos (2008), su primera novela, fue publicada originalmente en Francia por Gallimard y traducida al alemán, el inglés, al castellano y el italiano. Jardín blanco, su segunda novela, fue unánimemente elogiada por la crítica francesa.  Los pasajeros del Anna C. (2012) es su última novela traducida al castellano. Pronto se traducirá Le bleue des abeilles (2013).

29 mayo, 2014

Murciélagos



Si le preguntan a un ser humano qué le provoca más miedo, un murciélago o una bomba, dirá: el murciélago. Es difícil sentir asco por una cosa puramente metálica, por amenazadora que sea. Reservamos este sentimiento para quienes tienen piel, carne y huesos: piel, carne y huesos diferentes a nosotros.

Margaret Atwood, "Mi vida como murciélago"

28 mayo, 2014

El amor en Japón


Por Eduardo Berti


Nacida en Tokio en 1958, Hiromi Kawakami estudió ciencias naturales, fue profesora de biología y se dio a conoce fugazmente, a principios de los años ochenta, como autora de ciencia ficción bajo el alias de Yamada Hiromi, hasta que en 1994 publicó su primer libro de cuentos, Kamisama (Dios, aún no traducido al castellano), seguido dos años después por la novela Hebi wo fumu (Pisar una serpiente, tampoco traducida hasta el momento), que le valió el premio Akutagawa y la instaló como una de las escritoras más populares de su generación, junto a Yoko Ogawa o Banana Yoshimoto.

Manazuru apareció en Japón en 2006 y es el quinto libro de Kawakami que publica la editorial Acantilado. Menos conmovedora que El cielo es azul, la tierra blanca (en japonés Sensei no kaban, algo así como «El maletín del maestro»), su novela más leída, ganadora del premio Tanizaki y adaptada al cine con gran repercusión; menos vital y entretenida que Algo que brilla como el mar, en la que se retrata con notable ironía a una «familia particular» y a un grupo de adolescentes, Manazuru acaso no sea la puerta de acceso ideal para quien no conoce aún la muy recomendable obra de Kawakami, pero, así y todo, es una lograda novela con ingredientes singulares: bastante más melancólica que las demás, dotada de una dimensión «fantástica» que aparecía en cuentos aislados («Cien años»), si bien no en las novelas antes mencionadas.


 Manazuru cuenta la historia de una mujer (Kei) cuyo marido (Rei) desapareció hace más de diez años sin dejar ningún rastro. O casi ninguno, salvo una pequeña anotación en su diario íntimo: la palabra Manazuru, que es el nombre de una ciudad costera. Intrigada por este único indicio, Kei toma un tren de Tokio a Manazuru y efectúa el primer viaje de una serie. Su objetivo es explicarse de una vez por todas si Rei está vivo o muerto, si Rei se ha ido por accidente o por iniciativa propia. «Me pregunto si mi marido quería morir o si desapareció porque quería vivir», discurre mientras intenta entender y finalizar su duelo, por lo que recordar y olvidar se vuelven inquietantemente parecidos en ese sitio llamado Manazuru. «Una vez había oído que, si conseguías soñar con algo que habías perdido, significaba que la herida de la pérdida empezaba a cicatrizar», puede leerse al inicio de la novela. Y enseguida: «Todavía no he soñado con Rei ni una sola vez».

Gran parte de las novelas de Kawakami están narradas por mujeres. La narradora de Manazuru podría muy bien ser un álter ego de la autora (tiene casi su misma edad y vive de la escritura), pero evoca sobre todo a la madre de Algo que brilla como el mar: otra escritora y periodista que también ha tomado como amante a su editor. Las familias de ambas novelas, de hecho, se parecen y no por ser felices: el padre está ausente (de manera muy distinta, claro); la abuela (la madre de la escritora) cumple un rol considerable, casi como una segunda madre, y existe un único hijo adolescente, varón en Algo que brilla como el mar y mujer, Momo, en el caso de Manazuru.

El subtítulo de Manazuru, «Una historia de amor» (el mismo ya utilizado para la traducción al castellano de El cielo es azul, la tierra blanca), podría llamar a cierto engaño. Por supuesto, Manazuru expone y analiza sentimientos amorosos. Pero el gran tema es, acaso, la distancia con respecto a lo amado: el marido que se ha eclipsado de pronto, la hija adolescente que se aleja poco a poco: «No puedo olvidar que, años atrás, Momo pertenecía a mi cuerpo, y ahora me resulta imposible imponer distancias entre ella y yo».

Fragmento de mi reseña de Manazuru, publicada en "Revista de Libros". El texto completo puede leerse aquí: http://www.revistadelibros.com/resenas/el-amor-en-japon

20 mayo, 2014

Dos novelas inconclusas



 Billy Budd, de Hermann Melville; Bouvard y Pécuchet, de Flaubert; Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros, de John Steinbeck; El misterio de Edwin Drood, de Dickens, Niétochka Nezvánova, de Dostoievski; Los bucaneros, de Edith Wharton; Los hechizados, de Witold Gombrowicz; La torre de marfil, de Henry James… La lista de obras literarias inconclusas por la muerte del autor u otras causas no excluye, en numerosos casos, la calidad ni la trascendencia, tal como ocurre también en otros ámbitos del arte, desde la Sagrada Familia de Gaudí hasta el Woyzeck de Büchner o el Réquiem de Mozart. 

Este volumen contiene dos textos inacabados de Jane Austen (1775-1817)Los Watson y Sanditon, que corresponden a dos períodos distintos de su vida como escritora. La obra de Austen permite, a grandes rasgos, una división en tres fases: una primera etapa de aprendizaje y textos de juventud (con obras prometedoras como Lady Susan, Catherine o, en menor medida, El castillo de Lesley); una segunda etapa (entre 1795 y 1800, aproximadamente) en la que escribió los primeros manuscritos de Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y La abadía de Northanger; una tercera y última etapa, tras una suerte de intervalo por la muerte de su padre y por unas cuantas mudanzas (de Steventon a Bath, de Bath a Southampton), de la que resulta otra trilogía, que se inicia alrededor de 1811 e incluye Mansfield Park, Emma y Persuasión. 

Los Watson corresponde al intervalo entre la segunda y tercera etapa o, si se prefiere, entre la primera y la segunda trilogía de novelas de madurez. En cuanto a Sanditon, obra que empezó a escribir en los primeros meses de 1817, el abandono se debió a los graves contratiempos de salud que ocasionaron su muerte casi inmediata.

Jane Austen pasó los primeros veinticinco años de vida en Steventon, en la región de Hampshire, reputada por sus colinas y arbustos. La familia vivía en un presbiterio ya que el padre (George) era el pastor del pueblo, además del médico, una carrera lejos del prestigio actual, como confirma la lectura de Los Watson: dedicarse a la medicina estaba mal visto entonces, por lo que el pobre hermano médico de Emma corre con ciertas desventajas.

Todos los hijos de George Austen nacieron en el presbiterio y  compartían, se cuenta, habitaciones. A Jane, la séptima en venir el mundo, le tocó dormir con la única hermana mujer : Cassandra. Los Austen formaban parte de la llamada «gentry» o clase media que, a diferencia de la aristocracia de su tiempo (simpatizantes liberales o «whigs»), solía suscribir al ideario más conservador de los «tories».

Las obras de juvenilia de Austen, que John Halperin ha dividido en sátiras (1787-90) y comedias costumbristas (1791-93), son pequeños cuentos, fragmentos, piezas epistolares y hasta una irreverente historia de Inglaterra. Love and Freindship (con un error de ortografía en el propio título), Jack & Alice, Henry & Eliza y otros textos escritos entre los 14 y 18 años de edad muestran a una lectora y autora precoz, de temprano talento cómico-satírico; una aguda observadora, reacia a cualquier clase de sentimentalismo, capaz de describir a cierto personaje femenino (Lady Williams, en Jack &Alice) como «un triste ejemplo de las miserias que forman habitualmente el cortejo de un primer amor».

Desde un principio puede detectarse en Austen su innegable talento para pintar personajes antipáticos, por no decir despreciables, exhibiendo al mismo tiempo las profundas contradicciones (léase sin omitir su cualidades), pero también su pesimismo, su ironía y su «sentido agudo de la distancia» (como observó D.H. Lawrence) que dejó una marca indeleble en la narrativa británica y, más aún, en la tradición de «damas novelistas» que ha proseguido hasta hoy y se jacta de mojones como Elizabeth Bowen, Barbara Pym o aun Penelope Fitzgerald, todas ellas en buena medida herederas de Jane Austen.

«El humor de Austen, con su retórica irónica, no es particularmente shakespeariano, a diferencia de su precisión y certeza para la representación », ha escrito alguna vez Harold Bloom. « Como Shakespeare, ella nos entrega figuras, mayores y menores, todas muy sólidas en su manera de hablar y de actuar, pero todas muy distintas. Sus heroínas poseen personalidades firmes, cada una está moldeada con una individualidad que sugiere el gran talento que hay en Austen, su potencial para crear una diversidad sin fin ».

La diversidad se combina, claro está, con obsesiones. En ese sentido Los Watson propone, a fin de cuentas, otra versión de esa antigua historia que Austen visitó tantas veces: la heroina pobre cortejada por un joven adinerado (una especie de príncipe azul) que, pese a las incontables dificultades, en ocasiones logra casarse con ella.

La sociedad que refleja la obra de Austen (la sociedad de la que proviene la obra de Austen) está llena de jerarquías y de reglas de conducta en público. Se vive el auge de los bailes y la cacerías. Las bibliotecas ambulantes son una relativa novedad, como lo sugiere Sanditon. El viaje y el turismo se han vuelto de pronto habituales (cien años atrás, en cambio, podían tardarse tres días para viajar de Londres a Southampton) y las ciudades se nutren de pobladores mientras el campo se vacía. Las mujeres, si no quieren terminar como maestras o gobernantas, se ven forzadas a casarse porque, aparte de estas alternativas, el universo del trabajo y el estudio les resulta inaccesible.

Fragmento de mi introducción a "Los Watson / Sanditon", de Jane Austen (Clásicos, Galerna 2014). Traducción y prólogo de Eduardo Berti.

15 mayo, 2014

Como decía el poeta



E por falar em saudade
Onde anda você
Onde andam os seus olhos
Que a gente não vê
Onde anda esse corpo
Que me deixou morto
De tanto prazer

E por falar em beleza
Onde anda a canção
Que se ouvia na noite
Dos bares de então
Onde a gente ficava
Onde a gente se amava
Em total solidão

Hoje eu saio na noite vazia
Numa boemia sem razão de ser
Na rotina dos bares
Que apesar dos pesares
Me trazem você

E por falar em paixão
Em razão de viver
Você bem que podia me aparecer
Nesses mesmos lugares
Na noite, nos bares
Onde anda você

14 mayo, 2014

El revés



 Fascinado por el micorrelato "Demasiada literatura", el escritor Ezequiel Wajncer, gracias a una jugosa y reciente herencia, decide emprender un largo viaje por el mundo. La idea consiste en hospedarse, en cada lugar visitado, en la habitación 201 del hotel elegido.

Casi como el reverso de una idéntica moneda, al contrario de lo que le ocurre al protagonista de "Demasiada literatura", al llegar a los distintos hoteles de su travesía le comunican, una y otra vez, que la habitación pedida, la 201, se encuentra ocupada.

Luego de cuatro o cinco intentos fallidos, Wajncer comienza a sobornar conserjes, botones y personal vario para lograr llegar al fondo del asunto y saber quién o quiénes le prohíben gozar de su capricho literario. Después de pagar unos cuantos dólares, no importa la cantidad, no importa el hotel, se repite en distintos idiomas la respuesta que aparece en los labios del sobornado ocasional: "Quien se hospeda en la 201 es un tal David Roas".

"El revés", de Ezequiel Wajncer
Incluido en la antología 201, de la que hablaba ayer en este blog.



13 mayo, 2014

Habitación 201



La editorial Altazor acaba de editar, en Perú, una curiosa antología de microficción titulada 201. Los compiladores, José Donayre y David Roas, pidieron a 201 autores un microcuento que no excediera las 201 palabras (muchos escritores entregaron cuentos de exactamente 201 palabras, por cierto) y cuya historia ocurriese en una habitación de hotel número 201.

Hace algunos meses, David Roas explicó la idea de esta antología a los amigos de la Internacional Microcuentista, de este modo:
Todo empezó durante un viaje por Asturias en agosto de 2002. Durante cuatro noches seguidas y en cuatro ciudades diferentes me alojé en habitaciones 201. Un fenómeno real (insisto) que me obligó a convertirlo en un microrrelato (“Demasiada literatura”) que escribí más tarde (2005) y que presenté al público en un congreso celebrado en la Université de Neuchâtel (Suiza) en noviembre de 2006. Cuento esto porque ese día participaba en una lectura de micros con Ana María Shua y Luisa Valenzuela, entre otros escritores, y mi texto contagió a Luisa quien no sólo estaba alojada en una 201 sino que dicho número la fue persiguiendo en las semanas siguiente durante un viaje que hizo por Italia presentando sus libros (en cada hotel que pernoctaba le esperaba una 201). Eso la llevó a escribir varios micros sobre nuestra amada habitación que primero publicó en La Nación de Buenos Aires y luego recogió en su libro Juego de villanos (2010). Por mi parte, desde finales de 2006 no he parado de sufrir el acoso constante (con intensidades diversas) de esa habitación en un montón de hoteles. Pero la cosa no termina ahí, pues también he contagiado esta ‘maldición’ a otros amigos (algunos de ellos escritores y editores), sobre todo desde que lo pudieron leer en mi libro de cuentos Distorsiones (Páginas de Espuma, 2010). Muchas bromas hemos ido haciendo sobre el asunto hasta que hace unos meses la noticia de que el nuevo Papa había decidido quedarse a vivir en la Suite 201 del Vaticano provocó que José Donayre, gran escritor limeño, me propusiera preparar esta delirante antología de microrrelatos, proyecto al que me apunté encantado.
En 201 participan entre otros un tal Eduardo Berti y autores de España y América Latina como Ricardo Sumalavia, Ana María Shua, Patricia Esteban Erlés, Isabel González, Fernando Iwasaki, Antonio Jiménez Morato, José María Merino, Manuel Moyano, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Clara Obligado, Ángel Olgoso, Julia Otxoa, Esteban Dublin, Martín Gardella, Diego Muñoz Valenzuela, Pablo Martín Sánchez, Félix J. Palma, Oscar Sipán, Luisa Valenzuela, Iban Zaldua, Isabel Wageman, Henry Quintanilla, Santiago Eximeno, Wilson Gorj, Sandra Bianchi, Miguel Ángel Muñoz o Miguel Ángel Zapata.

En los próximos días publicaré un par de textos de esta antología.

12 mayo, 2014

La máquina para ser otro



Wahl, que es actriz, modelo y artista, fue una de las participantes de un experimento de intercambio de cuerpos en Be Another Lab ("laboratorio para ser otro"), un proyecto desarrollado por un grupo de artistas en Barcelona. Ella obtuvo su nuevo cuerpo gracias a una máquina llamada The Machine to be Another (La máquina para ser otro).

El sistema es relativamente simple. Ambos usuarios se ponen unos anteojos de realidad virtual Oculus Rift con una cámara montada en su parte superior. El video de cada cámara es transmitido a la otra persona, así que lo que uno ve es la visión exacta de su pareja. Si mueve el brazo, lo ve. Si uno mueve su brazo, el otro lo ve.

(Fragmento de un artículo de la BBC traducido y publicado por La Nación: aquí)

10 mayo, 2014

La cocina literaria


En Francia (y no sólo en Francia, desde luego) se sigue conmemorando el centenario de Marguerite Duras, nacida el 4 de abril de 1914, y cada medio periodístico trata de rendir homenaje con un enfoque más o menos original. Es el caso de la revista de moda Stylist que ha exhumado un libro con recetas de cocina de Duras: La Cuisine de Marguerite (La cocina de Margarita), publicado por su hijo en 1999, pero prohibido por su albacea Yann Andréa quien lo consideraba "malo".

Las recetas de Duras, según Stylist, son "libres". Cantidades, proporciones, orden de aparición de los ingredientes, todo queda, a menudo, en una hermosa nube. Hablando del bortsch, Duras escribe: "Creo que hay que macerar las remolachas, pero en qué, no lo sé, ni tampoco cuánto tiempo".



Lo de Duras me hace pensar en un curioso libro de un escritor inglés llamado Mark Crick. Se llama Sopa de Kafka y allí ofrece catorce recetas a cargo de catorce escritores famosos... Falsamente, desde luego, porque se trata de un gracioso pastiche:

- Estofado de cordero con salsa de eneldo, a tenor de las averiguaciones de Raymond Chandler.
- Huevos al estragón, comentados a la manera de Jane Austen.
- Sopa rápida de miso, al modo de proceder de Franz Kafka.
- Sabroso pastel de chocolate, al estilo de Irvine Welsh.
- Tiramisú, en el recuerdo de Marcel Proust.
- Coq-au-vin, con la magia de Gabriel García Márquez.
- Risotto de setas, puesto en sazón por John Steinbeck.
- Pollitos deshuesados rellenos, según los usos del marqués de Sade.
- Tarta de cerezas de la abuela, desde la nostalgia de Virginia Woolf.
- Fenkata, según la épica de Homero.
- Pollo a la vietnamita, urdido por Graham Greene.
- Filetes de lenguado al estilo de Dieppe, por la gracia de los enredos de Jorge Luis Borges.
- Tostada con queso, cargada del dramatismo de Harold Pinter.
- Tarta de cebolla, según las crónicas de Geoffrey Chaucer


El libro fue traducido y publicado en 2006 por Edaf. Años más tarde, el "ventrilocuo" Crick reincidió con un falso manual de "bricolaje" (un DIY, un "hágalo usted mismo"), no traducido al castellano (que yo sepa), y donde Mark Twain nos explicaba cómo poner el empapelado en la pared, Milan Kundera ayudaba a cambiar el vidrio de una ventana y Joseph Conrad aconsejaba a la hora de arreglar un grifo.

09 mayo, 2014

Fallo del Concurso de Microficción de la Feria del Libro de Buenos Aires




6 de mayo de 2014

Señores Fundación El libro

En la fecha el jurado del Concurso de Microficción organizado por esa Fundación en conmemoración de la edición número 40 de la Feria del Libro de Buenos Aires y conformado por Eduardo Berti (presidente), Guillermo Bustamante Zamudio y Raúl Brasca, han llegado por unanimidad al fallo que se detalla abajo. Se establecieron un 1ero y un 2do premios y tres menciones sobre veinte textos finalistas. Los quince finalistas no galardonados no se dan en orden de méritos, sino según la numeración creciente de las planillas recibidas por el jurado.


1er. Premio
9 @diegomg81
Phileas Fogg aseguró que hubiera dado la vuelta al mundo en cuarenta días si no le hubiera retrasado Jules Verne. #Microficción40
2do Premio
18 @anibalsilvero
Sucedió que luego de 40 millones de años Aquiles alcanzó a la tortuga. Pero se olvidó por qué la perseguía #Microficcion40
1era Mención
46 @MonicaAltomari
Besó a cuarenta sapos pero ninguno se convirtió en príncipe azul. #Microficcion40
2da Mención
70 @odradek1
La vida empieza a los 40 y acaba a los 37.

3ra Mención
92 @Fragaria_Vesca
Más de 40º a la sombra. Dalí observa los relojes ablandados por el calor rajante. Corre a buscar caballete y pinceles.#Microficción40

Y los finalistas:

7  @anibalsilvero
Su sueño era que lo entierren en la luna. Pero, cuarenta años después, terminó, como todos, tres metros bajo tierra #Microficcion40
8 @kareliszamper
Injustos. -Capitán, un hombre ha nadado 40 días tras el Arca. -¡Arroja el ancla... y apunta a su cabeza! #Microficción40
14 @NiTanBardo
Encontró la fuente de la juventud antes de llegar a los 40. La alquimia era sencilla: un disparo y dejó de envejecer #microficción40
21 @Fragaria_Vesca
En realidad, en esta casa hay cuarenta balcones. El tío Baldomero a veces escribía sus versos un poco pasado de copas. #Microficción40
23 @fer4342
El día que cumplí 40, mamá no me hizo la torta con las velitas. La hice dormir en el sofá. Ya clareaba cuando la dejé volver.#Microficcion40
 


35 @ladotres 
El cazador tiene en la mira al león. A cuarenta metros, un monstruo agazapado espera oír el disparo para comerse a los dos. #Microficción40
49 @ JorhPeriotti  Día número 40. El espécimen continúa bajo observación. Hoy me ha dado una banana y ha salido fumar dos veces. #Microficcion40
52 @JorhPeriotti
¿Cuánto más tardará el tren en llegar? Hace 40 minutos lo espero. Ya me está dando frío el metal de los rieles en la espalda.#Microficcion40
61 @sebaborkoski
En un sueño vi a la mujer más dulce y le dije:
-Dejaré a mi novia.
-No la dejes y esperá 40 años. Soy tu hija. #Microficcion40

80 @martinez_vero
Le habían regalado cuarenta sueños listos para ser soñados. Ella agradeció con tristeza. Vivía en el país de los insomnios. #Microficción40

84 @VeroStewartLeí
40 poemas y no entendí ninguno, pero ellos me entendieron a mí. Eso es la poesía #Microficción40

95@lilimos
Se casó muerta de amor, pero cuarenta meses después resucitó de tedio. #Microficción40

99 @Genrus
Y tras cuarenta días de dura espera, el mar le devolvió al náufrago la botella porque su carta tenía faltas de ortografía. #Microficción40

26 @Protoplasto
El rey de copas amaba a la sota de oros, pero, entre las 40 cartas, él estaba arriba, ella abajo; y nadie nunca barajaba. #Microficcion40
86 @jromagnoli
Caperucita Roja, con casi 40 años, lo único que teme en ese bosque oscuro es que el Lobo deje de asistir a la cita feroz. #Microficción40

08 mayo, 2014

Después nada




Los pintores toman un modelo, lo aman y lo pintan; lloran la partida de su modelo y se consuelan con el cuadro que representa el modelo. Luego se separan del cuadro. Han poseído el mundo, después su imagen, después nada.

Daniel Morvan, "Lucia Antonia, funambule" (éditions Zulma, 2013)