29 mayo, 2016

Morales elementales

Raymond Queneau


La "moral elemental” es una forma poética inventada por el francés Raymond Queneau, padre fundador de Oulipo. El propio Queneau solía definirla así: “Primero tres grupos sustantivo+adjetivo (o participio) con algunas repeticiones, rimas, aliteraciones o ecos a voluntad; después, una especie de interludio de siete versos de una a cinco sílabas; para terminar, una conclusión de tres grupos sustantivo+adjetivo (o participio) que pueden retomar, más o menos, algunas de las veinticuatro palabras utilizadas en la primera parte.”


Isis sombre Fruit vert Animal tacheté

Neologismes clairs
Fleur rouge Attitude transparente Etoile orangée
Sources claires
Forêt brune Sanglier roux Troupeau bêlant
Arbre  clair
Un bateau
sur l'eau
seulabre
suit le courant
Un crocodile
mord la quille
en vain
 Isis ocre  Statue meuble Totem abricot

Néologismes clairs




 (R.Q.)

La  pequeña moral elemental portátil (petite morale élémentaire portative) es un intento de reducción  de la "morale élémentaire" de Queneau, una nueva forma inventada por Frédéric Forte, otro integrante (más joven) de Oulipo.

Se la puede resumir con el siguiente esquema:

SA                              SA
 P
SA                              SA
 P
———
———
———
 ——— 
SA                              SA
 P

S = sustantivo
A = adjetivo
P  = palabra  : S, A o V (o incluso otra clase)
——— = 4 versos de 1 a 4 sílabas cada cual

A diferencia de la "moral elemental" de Queneau, suelen evitarse las repeticiones.

Un posible ejemplo:

Baterista inquebrantable                 Bajista riguroso
Ritmo
Teclado  hipnótico              Guitarra intermitente
 Armonía
¿Qué fórmula
para una
 banda
perfecta?
Saxofonista intrépido               Cantante arrebatado
 Melodía



22 mayo, 2016

Caída


Detenerse ante el abrupto precipicio no abolirá la caída.

Harry Mathews, My Life in CIA: A Chronicle of 1973

14 mayo, 2016

Caetano y Augusto


Caetano Veloso incluyó el poema "Pulsar", de Augusto de Campos, en su magnífico disco Velo, de principios de los años 1980, pero existe una versión anterior (casi un borrador de lo que iba a ocurrir 8 años más tarde), que data de 1975.


Por esos mismos años, Veloso también oralizó "Días, días, días":

11 mayo, 2016

Hacia el río




Es esta una de las pocas oportunidades en que el doctor Pi incursionó en la crítica literaria. Veamos cómo lo hizo:
Y que yo la llevé al río
creyendo que era mozuela
pero tenía marido.

Estos célebres versos de don Enrique Molina merecen un análisis demorado a fin de desentrañar su sutil significación poética. Empecemos por el primer verso: “Y que yo la llevé al río”. Este verso nos permite colegir que algo se llevó al río Enrique Molina. Y que ese algo que llevó al río Molina era de género femenino. ¿Qué sería? ¿Acaso una silla, una mariposa, una goma de mascar, una cama de dos plazas, una cortadora de césped, una damajuana, una máquina de afeitar, una soga, una bandeja, una escoba, una bigotera, una palangana, una caja de cartón, una caña de pescar, una canoa, una alfombra? ¿Quién podría saberlo? Pero vayamos al segundo Verso: “creyendo que era mozuela”. Aquí podemos saber más acerca de qué cosa se llevó al río don Enrique Molina. No, no fue una palangana ni una bigotera ni una alfombra lo que se llevó al río Molina. Este verso nos permite asegurar que lo transportado hasta el río por don Enrique fue una mujer. Y ¿por qué decimos esto? Pues por la sencilla razón de que solo las mujeres pueden ser llamadas mozuelas, y aquí se habla de alguien que Enrique Molina creía que era mozuela. Pero reparemos en esto: Molina creía que era mozuela. Lo creía en el momento en que marchaba hacia el río. ¿Es que después no? Pasemos al tercer verso para aclarar nuestras dudas: “pero tenía marido”. ¿Decepción de don Enrique Molina? Es posible. En todo caso aquí está la explicación de ese “creyendo” del verso anterior. Enrique Molina creía que su acompañante era mozuela. Pero no lo era pues tenía marido. Este verso no deja en claro si Enrique Molina, al enterarse de que había un marido de por medio, abandonó a la supuesta mozuela o prosiguió igual su marcha hacia el río.


Edgar Bayley, "Vida y memoria del doctor Pi"

(Los cuentos de Bayley y su grouchomarxista doctor Pi acaban de ser traducidos en Francia y publicados por éditions Do)



08 mayo, 2016

Demasiado largo


 
Todos esos discursos políticos, todos esos informes que se difunden, todos esos artículos que leemos, todas esas obras que pagamos tan caras, todo eso es demasiado largo. ¿De dónde viene esa mala retórica ? ¿Dónde han aprendido nuestros más brillantes alumnos a decir en tres páginas lo que puede decirse en una sola ? No lo sé. Nuestros autores clásicos no son verbosos. Pascal, Molière, La Rochefoucauld, La Bruyère, Voltaire, Rousseau, dicen mucho con pocas palabras. Hasta nuestros poetas trágicos [ … ] ofrecen mucho sentido en un pequeño espacio. Hasta Victor Hugo, que es tan largo a veces, casi hasta aburrir, es más corto que nadie en sus pasajes más bellos. 

Costumbre escolar, sin dudas. No se ejercita a los alumnos a componer una máxima de dos líneas o de un verso, como debería hacerse. Al contrario, se lo incita a desarrollar porque hace falta que su trabajo tenga determinada extensión. La gente se reiría de un profesor que premiase una redacción de cuatro líneas. De este modo, se olvidan los modelos: se sobrecarga en vez de aligerar; de una frase, se hacen tres; se disponen las palabras como si formaran un ejército, para que ocupen  el mayor terreno posible. Es justamente lo contrario lo que habría que buscar. 

Alain, "Propos impertinents"

06 mayo, 2016

Influencia del Quijote



Desde su aparición en 1605, la influencia del Quijote en la narrativa occidental (para limitarnos a Occidente y al género narrativo) ha sido cada vez más importante y podría decirse que, a partir sobre todo del siglo XVIII, fue ganando cada día un poco más de actualidad. Los más grandes nombres de la creación novelística posteriores a Cervantes se confiesan deudores de ese texto inagotable. Muchos personajes célebres de la ficción moderna tienen rasgos comunes con don Quijote: Madame Bovary, ciertos héroes dostoievskianos como el príncipe Mishkin o Aliocha Karamazov, los protagonistas de El proceso y El castillo, de Kafka; Lord Jim, de Conrad, pero también hay un Quijote en cada una de las novelas de Faulkner, que una vez declaró: "Leo el Quijote todos los años, como otros leen la Biblia". La psicología y el comportamiento de Philip Marlowe, el célebre detective privado creado por Raymond Chandler, serían incomprensibles sin tener en cuenta uno de los aportes fundamentales de Cervantes a la narrativa moderna: la moral del fracaso.

"Nuevas deudas con el Quijote", Juan José Saer

Versión completa:
http://elpais.com/diario/2003/04/19/babelia/1050709158_850215.html

05 mayo, 2016

Buenas historias




Las historias sin duda nos dicen cosas  –al menos, las buenas historias– , pero no indican cosas. En el mejor de los casos, hablan de ellas. Si, acto seguido, encontramos una manera de ponerlas en relación con ciertos hechos que nos ocurrieron,  que esperamos que nos ocurran o que, al contrario, tememos que nos ocurran, esto no implica que  sean responsables, sino tan solo (lo repito porque me parece especialmente importante, aunque muy simple, después de todo) que se trata de buenas historias.

Les histoires dissent assurément quelque chose –du moins, les bonnes histoires– , mais elles ne désignent pas des choses. Au mieux, elles en parlent. Si, ensuite, nous trouvons un moyen de les mettre en rélation avec des événements qui nous sont arrivés, dont nous espérons qu'ils vont nous arriver ou dont, au contraire, nous avons peur qu'ils nous arrivent, cela n'implique pas qu'elles en soient responsables, mais simplement (je le répète parce que ce me semble particulièrement important bien qu'excessivement simpke, après tout) ce sont de bonnes histoires.

Jerôme Orsoni, "Pedro Mayr" (Actes Sud)

Buenas historias



Las historias sin duda nos dicen cosas  –al menos, las buenas historias– , pero no indican cosas. En el mejor de los casos, hablan de ellas. Si, acto seguido, encontramos una manera de ponerlas en relación con ciertos hechos que nos ocurrieron,  que esperamos que nos ocurran o que, al contrario, tememos que nos ocurran, esto no implica que  sean responsables, sino tan solo (lo repito porque me parece especialmente importante, aunque muy simple, después de todo) que se trata de buenas historias.

Les histoires dissent assurément quelque chose –du moins, les bonnes histoires– , mais elles ne désignent pas des choses. Au mieux, elles en parlent. Si, ensuite, nous trouvons un moyen de les mettre en rélation avec des événements qui nous sont arrivés, dont nous espérons qu'ils vont nous arriver ou dont, au contraire, nous avons peur qu'ils nous arrivent, cela n'implique pas qu'elles en soient responsables, mais simplement (je le répète parce que ce me semble particulièrement important bien qu'excessivement simpke, après tout) ce sont de bonnes histoires.

Jerôme Orsoni, "Pedro Mayr" (Actes Sud)