26 octubre, 2016

Reconstrucciones


En "Construcción", de Chico Buarque, la historia se vuelve a contar intercambiando las palabras esdrújulas y, aunque el relato es básicamente el mismo, la mirada poética es diferente.

En la primera estrofa, los adjetivos o las palabras empleadas en las comparaciones son lógicas (para seguir con las esdrújulas) y respetan cierta coherencia psicológica (otra esdrújula, sí), mientras que en la segunda estrofa el grado de lógica o de pertinencia es más libre.

Pasamos de

Dançou e gargalhou como se ouvisse música
a
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo 

Pasamos de
 
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
a
E flutuou no ar como se fosse sábado

En su canción (escrita en tiempos en que el "constructivismo" ruso influía con fuerza en el movimiento neo-concreto de Hélio Oiticia y otros), Buarque solamente hace girar una "vez y media" las esdrújulas. Y lo hace con innegable cuidado, buscando que las comparaciones se desplacen sin que  el texto pierda impacto ni coherencia.

Los días pasados, oyendo de nuevo la canción, caí en la tentación de probar otras opciones para las esdrújulas de Buarque. Y caer no es un vocablo inocente cuando se habla de "Construcción".

Para este ejercicio formal he usado una traducción del uruguayo Daniel Viglietti que usó primero el mismísimo Buarque y que tomaron luego otros cantantes para plasmar sus versiones en castellano.

El texto madre es el siguiente:

Amó aquella vez como si fuese última
besó a su mujer como si fuese última
y a cada hijo suyo cual si fuese el único
y atravesó la calle con su paso tímido
subió a la construcción como si fuese máquina
alzó en el balcón cuatro paredes sólidas
ladrillo con ladrillo en un diseño mágico
sus ojos embotados de cemento y lágrimas
sentóse a descansar como si fuese sábado
comió su pan con queso cual si fuese un príncipe
bebió y sollozó como si fuese un náufrago
danzó y se rió como si oyese música
y tropezó en el cielo con su paso alcohólico
y flotó por el aire cual si fuese un pájaro
y terminó en el suelo como un bulto fláccido
y agonizó en el medio del paseo público
murió a contramano entorpeciendo el tránsito

Amó aquella vez como si fuese el último
besó a su mujer como si fuese única
y a cada hijo suyo cual si fuese el pródigo
y atravesó la calle con su paso alcohólico
subió a la construcción como si fuese sólida
alzó en el balcón cuatro paredes mágicas
ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
sus ojos embotados de cemento y tránsito
sentóse a descansar como si fuese un príncipe
comió su pan con queso cual si fuese el máximo
bebió y sollozó como si fuese máquina
danzó y se rió como si fuese el próximo
y tropezó en el cielo cual si oyese música
y flotó por el aire cual si fuese sábado
y terminó en el suelo como un bulto tímido
agonizó en el medio del paseo náufrago
murió a contramano entorpeciendo el público

Amó aquella vez como si fuese máquina
besó a su mujer como si fuese lógico
alzó en el balcón cuatro paredes flácidas
sentóse a descansar como si fuese un pájaro
y flotó en el aire cual si fuese un príncipe
y terminó en el suelo como un bulto alcohólico
murió a contromano entorpeciendo el sábado




A partir de este texto, he intentado tres "reconstrucciones" de "Construcción".

Las dos primeras son sólidas y lógicas porque, como si esto se tratase de una máquina, he buscado el máximo de efectividad en nuevas combinaciones para el público
La tercera y útima no sé si es flácida, pero es menos tímida y se permite algunas libertades en su tránsito.

1.

Amó aquella vez como si fuese pródigo
besó a su mujer como si fuese mágica
y a cada hijo suyo cual si fuese un príncipe
y atravesó la calle con su paso flácido
subió a la construcción como si fuese sábado
alzó en el balcón cuatro paredes últimas
ladrillo con ladrillo en un diseño sólido
sus ojos embotados de cemento y público
sentóse a descansar como si fuese único,
comió su pan con queso cual si fuese lágrima
bebió y sollozó como si fuera alcohólico
danzó y se rió como si oyese tránsito
y tropezó en el cielo con su paso máximo
y flotó por el aire cual si fuese música
y terminó en el suelo como un bulto, un náufrago,
y agonizó en el medio del paseo tímido.
murió a contramano cual si fuese un pájaro



2.

Amó aquella vez como si fuese sábado
besó a su mujer como si fuese pública
y a cada hijo suyo cual si fuese un pájaro
y atravesó la calle con su paso sólido
subió a la construcción como si fuese un príncipe
alzó en el balcón cuatro paredes únicas
ladrillo con ladrillo en un diseño alcohólico
sus ojos embotados de cemento y música
sentóse a descansar como si fuese un naúfrago
comió su pan con queso cual si fuese máquina
bebió y sollozó como si fuese tímido,
danzó y se rió como si oyese tránsito
y tropezó en el cielo con su paso pródigo
y flotó por el aire cual si fuese lógico
y terminó en el suelo como un bulto último
y agonizó en el medio del paseo flácido.
murió a contramano entorpeciendo al máximo



3.

Amó aquella vez como si fuese alcohólico
besó a su mujer como si fuese tímida
y a cada hijo suyo cual si fuese el último
y atravesó la calle con su paso máximo
subió a la construcción como si fuera lógico
alzó en el balcón cuatro paredes próximas
ladrillo con ladrillo en un diseño pródigo
sus oídos embotados de ruido y de máquinas
sentóse a descansar como si oyese música
comió su pan con queso acual si fuese sólido
bebió y sollozó como si fuera único
danzó y se rió como si hubiese público
y tropezó en el cielo con paso de príncipe
y flotó por el aire cual si fuese naúfrago
y terminó en el suelo de cemento y tránsito
y agonizó en el medio del paseo marítimo
murió a contramano, entorpeciendo y flácido



(Se aceptan, incluso el sábado, propuestas de los lectores pródigos de Bértigo)

 

25 octubre, 2016

Construcción


La atribución del premio Nobel a Bob Dylan ha instalado una polémica (bastante conservadora, a mi juicio) en la que muchas personas se preguntan si las letras de las canciones son literatura. Para argumentar en contra, se citan ejemplos de malas letras de canciones (que, ya sabemos, no faltan, más bien abundan), olvidando que el mismo argumento podría aplicarse para todos los géneros y que uno podría, entonces, dinamitar todos los premios Nobel de la historia citando ejemplos de malas novelas, de malos cuentos y de malos poemas....

Conozco y valoro la obra de Dylan, lo que no me impide afirmar que acaso otros letristas de música popular merecían también (o incuso más) el Nobel... Pienso sobre todo en gente como Leonard Cohen o Chico Buarque, que no solamente son eximios poetas/músicos, sino que también han publicado libros muy buenos, sobre todo en el caso del brasileño.

Estos últimos días los he pasado, como dice una hermosa canción de Jaime Roos, "con la mente en Buarque". No sé por qué. O, mejor dicho, sospecho un poco por qué: el azar (que no existe) me llevó a tropezar de nuevo con la que muchos consideran la mejor letra de la historia de la MPB (música popular brasileña) y que otros ponen, a lo sumo, indudablemente entre las mejores: "Construcción". Una canción en la que el verbo tropezar no es inocente, por cierto.

La primera versión de "Construcción" data de 1971 y fue incluida en el disco homónimo. Aunque existe una versión más actual, tan lograda como la primera:




"Construcao", como se llama en portugués la canción, cuenta la caída accidental de un obrero de la construcción. El hecho aparece anticipado en la primera canción del álbum, "Deus lhe pague", cuando Buarque habla de los "andamios colgantes de los que la gente tiene que caer".  Algo lógico en un álbum conceptual.

Por cierto, hay una coherencia absoluta entre la falsa monotonía de la línea melódica, las falsas repeticiones de la letra y la situación falsamente banal o intrascendente que se revela excepcional, a la postre, a causa de la caída. Y algo de esta falsa monotonía asoma en otra canción del álbum, llamada "Cotidiano", donde Buarque parece hacer una especie de ensayo previo a "Construcción" al tomar un verso que empieza diciendo "y me besa con boca de..." y motificar la palabra final del verso, que es también la palabra final de cada una de las cinco estrofas:

...y me besa con boca de mentol
...y me besa con boca de café
...y me besa con boca de pasión
..y me besa con boca de pavor.

(entre medio, al final de la tercera estrofa, Buarque efectúa un inteligente cambio de punto de vista y dice "...y me callo con boca de arroz")

"Construcción" nos habla, claro está, de la construcción de un edificio y de la muerte de un obrero que trabaja allí. Pero la letra también reflexiona sobre cómo se construye un relato. Y para ello echa mano al recurso de repetir con variantes una estructura.  

Es decir: la historia se narra varias veces. Tres veces. La historia es básicamente la misma, pero Buarque propone diferentes "versiones" (no lejos del espíritu de los Ejercicios de estilo de Raymond Queneau)  modificando el final de cada verso y siempre echando mano a palabras esdrújulas. A diferencia de "Cotidiano",  las palabras finales esta vez son las mismas o casi las mismas en cada estrofa, salvo que Buarque las ha reorganizado  en un orden diferente... Intercambiándolas "ladrillo con ladrillo en un diseño mágico", podríamos decir parafraseando su canción.

En versión original, es así:

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego



Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público



Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado

18 octubre, 2016

La memoria en acción



La memoria en acción
 

Jornada de estudios en homenaje al escritor argentino Eduardo Berti
 (con la presencia del autor)


Desde la publicación de Los pájaros (1994), su primer conjunto de cuentos, el escritor Eduardo Berti, nacido en 1964, se convirtió en uno de los autores latinoamericanos más reconocidos por los lectores y la crítica. El autor argentino no solamente ha destacado en una variedad de géneros —microrrelato, cuento y novela—, sino que también ha sabido entregar una forma ficcional tan rica como coherente a sus temas predilectos. Su escritura propone une reflexión acerca de la memoria personal y literaria. Ofreciendo personajes fascinantes y en búsqueda de identidad, los textos de Eduardo Berti plantean un diálogo fecundo con la obra de grandes escritores como Nathaniel Hawthorne, Jorge Luis Borges, Joseph Conrad, entre otros. Por otro lado, desde hace poco forma parte del l’Ouvroir de littérature potentielle (Oulipo), lo cual ha enriquecido su trabajo literario.

Entre los participantes a la Jornada de estudios, contaremos con la presencia de los más grandes especialistas de su obra en Francia, entre los cuales se encuentra su traductor. Ya que se trata de abordar sus vínculos estrechos con el Oulipo, un encuentro con Paul Fournel, presidente de dicho grupo, ha sido programado. Para cerrar la jornada, Eduardo Berti presentará su última novela, Un padre extranjero (2016, Impedimenta) en la librería “Cien Fuegos”, donde discutirá con sus lectores.

Fecha: 4/11/16
Lugar: Ecole normale supérieure y Librería “Cien Fuegos”.
Invitados: Grecia Cáceres, Emilie Delafosse, Paul Fournel, Paula Klein, Martín Lombardo, Jean-Marie Saint-Lu, Virginie Tahar.
Organización: Roland Béhar et Félix Terrones
Entrada libre
Mañana (sala Assia Djebar)

10:30 Recepción de los participantes.

11:00 Emilie Delafosse (Université de Lorraine) : Du fantastique à l’extrañamiento chez Eduardo Berti.

11:20 Virginie Tahar (Université Paris-Est Marne-la-Vallée) : L’oulipisme fantastique et intertextuel de l’œuvre d’Eduardo Berti.

11:40 Discusión.
Tarde  (sala Assia Djebar)


14:30 Jean-Marie Saint-Lu (Université Toulouse – Jean Jaurès) : Eduardo Berti, écrivain et miniaturiste de la littérature.

14:50 Martín Lombardo (Université Savoie Mont Blanc): Entre lo familiar y lo extraño : la configuración de un secreto.

15:10 Paula Klein (Université de Poitiers): Pequeñas memorias de los años setenta: archivo, chismes y secretos de familia en La sombra del púgil (2008) de Eduardo Berti.

15:30 Discusión.

Pausa


16:00 Conversación entre Eduardo Berti y Paul Fournel moderada por Paula Klein y Félix Terrones.

Noche (Librería Cienfuegos)

19:30 Presentación de la novela Un padre extranjero en la Librería “Cien Fuegos” de París. Conversación entre Eduardo Berti, Grecia Cáceres y Félix Terrones.

**************

Dirección de la ENS: 29, rue d’Ulm (sala Assia Djebar).
Dirección de la Librería Cien Fuegos: 4, rue de la Forge Royale – Paris XI.

17 octubre, 2016

Escritorios

Nunca tuve lo que se llama una “habitación de escritura”. O, mejor dicho, aun cuando alguna vez la tuve nunca logré que funcionara rigurosamente como tal. Durante casi una década, entre mis veinte y treinta años, me gané la vida (y, más que eso, disfruté y aprendí mucho) trabajando en distintas redacciones periodísticas, sobre todo la del entonces flamante diario Página/12 de Buenos Aires, donde tuve la buena suerte de estar rodeado no sólo de excelentes periodistas, sino también de brillantes escritores de toda clase: reconocidos como Juan Gelman u Osvaldo Soriano, más o menos en ciernes como Martín Caparrós, Marcelo Birmajer o Rodrigo Fresán, secretos como el aún inédito Salvador Benesdra, de culto como Miguel Briante y muchos más –hombres, en su mayoría–, desde Enrique Medina hasta Antonio Dal Masetto.
Para calmar mi deseos (o mi vanidad) de escribir, lo más común era que cada dos por tres me escabullera a algún café de la zona, casi siempre con el pretexto de una entrevista o una valiosa información. No era recomendable ir al bar de la esquina (el que Soriano apodaba “la mueblería” porque, sí, parecía un negocio de venta de feos muebles como tantos otros en la misma avenida Belgrano), era mejor buscar un sitio más oscuro y menos frecuentado por los colegas de la redacción. En cualquier caso, mis lugares de escritura eran los bares, hasta tal punto que me fui acostumbrando a ellos —para horror de quienes ven a los escritores de café como ingenuos postulantes a una bohemia ilusoria— y, cuando ya no frecuentaba redacciones, cuando ideé otras formas de ganarme el pan porque ya no disfrutaba como antes con el periodismo, si bien monté en mi casa de Buenos Aires un “cuarto de escritura” (con "escritorio de escritura" y todo), este terminó cumpliendo más bien funciones accesorias: alojar buena parte de mis libros o esconder ese horrible objeto que era mi primera computadora, tan alejada del diseño delicado y casi invisible de las portátiles de hoy.
Suelo escribir a mano en pequeños cuadernos que caben en algún bolsillo. Tarde o temprano, vuelco eso en la computadora de turno, imprimo en letra grande si me sobra tinta y papel o en letra más apretada si ando en aprietos de dinero y sigo corrigiendo en la página impresa, con bolígrafo azul la primera vez, con rojo o verde si emprendo nuevas lecturas. Hay ligeras variantes, claro. A veces escribo tan solo en las carillas impares (a la derecha del cuaderno) y reservo las pares para enmiendas, variantes o agregados, por ejemplo. A veces llevo dos cuadernos a la vez: uno para escenas largas, otro para fragmentos o apuntes aislados que seguramente emplearé. Lo invariable es que me cuesta trabajar en un lugar fijo. ¿Para qué echar una especie de ancla cuando uno puede navegar? Incluso cuando me tienta escribir en casa, cosa que también ocurre, no tengo empacho en hacerlo en la bañadera, en la cama, en un sillón o en la mesa de la cocina.
Escribí gran parte de Todos los Funes en unos largos viajes en tren que debí emprender por entonces. El movimiento me resultó especialmente inspirador. Escribí gran parte de La mujer de Wakefield durante una serie de viajes/escapadas a Montevideo. Era primavera, verano u otoño; hacía, casi siempre, buen tiempo. Yo caminaba por las calles, armaba una o dos frases en mi cabeza, me sentaba en cualquier lugar (en bancos públicos, recuerdo), apuntaba esa frase y seguía caminando. Tiempo después leí que a Chico Buarque le gustaba (tal vez le gusta todavía) componer así canciones.
Sé que muchos escritores no podrían trabajar sin la room of our own de la que hablaba Virginia Woolf (“una mujer, si quiere escribir ficción, debe tener dinero y una habitación para ella sola”); yo he descubierto que el ruido compacto de un bar, del tránsito urbano o del rumor de un tren u otro transporte público me distrae menos y estimula más que la voz clara y puntual de un vecino. Es como con la música de fondo: imposible escribir si hay un cantante o la presencia “muy cantante” de cierto instrumento solista.
Este texto, por ejemplo, lo empecé a escribir en un rincón del Paseo del Prado, no lejos del museo del mismo nombre, en Madrid, y lo terminé en mi casa, con la computadora sobre las rodillas

(Escrito hace algunos años ya para el blog de Jesús Ortega: "Proyecto escritorio")

Enlace:  http://proyectoescritoriojesusortega.blogspot.fr

La foto es de Daniel Mordzinski, cuando compartimos un maravilloso viaje de trabajo al norte de la Argentina.