19 noviembre, 2016

Pawlowski traducido


Mucho se habla, en las esferas automovilísticas, de la recién concebida coartada para conductores. La ocurrencia, que será explicada en detalle en el próximo Salón del Automóvil, consiste en un pedal suplementario que le permite a quien maneja un vehículo estropearlo intencionalmente, pudiendo así detenerlo en el momento y el lugar que estime pertinentes. Puede, por ejemplo, dejarlo averiado durante largas horas, sin llamar la atención, frente a la ventana de la dama pretendida, o bien en medio del bosque con esa misma dama cuando ésta, unos días después, se encuentre dentro del vehículo. El invento es sensato y de un gusto verdaderamente francés. 



Un modesto invento, que sabrá ser bien apreciado por nuestros jóvenes durante estas vacaciones, es la nueva pelota de tenis que guarda, en una pequeñísima cavidad interior, un grillo minúsculo. Cuando la pelota se extravía en el denso césped, basta con aguzar el oído para saber dónde se encuentra, lo cual evita búsquedas siempre muy largas y sobre todo tediosas. Para conseguir el grillo, hay que subir algún cerro y darle caza. 




Ya he hablado en este blog (ver aquí) del insólito Gaston de Pawlowski (1874-1933), discípulo de Alphonse Allais, admirado por Raymond Queneau y por Marcel Duchamp. Como decía en mi antigua entrada, Pawlowski fue un ingenioso excéntrico que, a partir de 1903 y durante varios años, publicó en diversos periódicos y revistas francesas (Le Journal. L'Écho des Boulevards, L'Intransigeant, Le Volant) una columna consagrada a presentar y comentar inventos imaginarios, hasta que al fin reagrupó sus mejores invenciones en un libro que se editó en 1916: Inventions nouvelles et dernières inventions.

La gran noticia es que una editorial de Chile, ediciones Bastante, acaba de lanzar la primera versión en castellano de una buena cantidad de inventos de Pawlowski. La selección y traducción corre por cuenta de Vicente Braithwaite y el libro se titula "Nuevos inventos y últimas novedades".

13 noviembre, 2016

Bruuuum eurequea





¡Atención!, suena la campanilla. El entreacto se acaba, algunas bolitas pegajosas de saliva traspasan todavía el aire, gritos diversos brotan tardíamente aquí y allá, al fin la luz se apaga y en medio de una calma chicha comienza a desarrollarse la historia de un inventor a quien por una parte engaña su mujer y por otra unos canallas sin escrúpulos privan del fruto de sus descubrimientos. Eso es lo que interesa de modo singular a Jacques L’Obole pues él mismo es ingeniero y trabaja en varios inventos sensacionales. Acabada la sesión regresa precipitadamente a su laboratorio y vuelve al trabajo con renovado ardor. No será él quien se deje desplumar porque ya está prevenido; no se puede negar la utilidad del arte mudo. De modo que trabaja, trabaja, trabaja. ¡Mejor! Elucubra empolla a muerte y un día bruuuum eurequea ya está ya lo tiene. ¿Ya tiene qué? Pues sencillamente lo que es más pesado que el aire.
Es el primero que atraviesa el canal de la Mancha, el primero que establece la conexión París-Nueva York, el primero que da la vuelta al globo sin escalas. Como es un tunante y además un hombre prevenido ha tomado un montón de precauciones, así que es el único que fabrica aviones, los produce en serie, se vuelve trillonario y en consecuencia el hombre más poderoso del mundo. Sube al trono de los loboloningios y finalmente lo proclaman Regidor del Globo. Cornudo, desconocido, arruinado, el pobre inventor muere.
Vuelve la luz.
—¿Estás llorando? —le pregunta Lucas.
—¿Yo? Anda ya —responde Jacquot sorbiéndose los mocos.

Ediciones del Subsuelo acaba de publicar la primera versión en castellano de Lejos de Rueil, la novela de Raymond Queneau, con traducción a cargo de Pablo Moíño Sánchez, que he realizado un trabajo muy notable y muy minucioso.

Ver más aquí: http://edicionesdelsubsuelo.com/Ficha.aspx?IdLibro=25

06 noviembre, 2016

Escribir según Henry James




Existe una distinción anticuada entre la novela de personajes y la novela de acción (...) ¿Qué es un personaje sino la fijación de una acción? ¿Qué es la acción sino la ilustración de un personaje? 

 
No puedo imaginarme que exista una composición que consista en una serie de bloques, ni concebir, en cualquier novela de la que merezca la pena hablar, un paisaje descriptivo que no tenga una intención narrativa, ni un pasaje de diálogo que no tenga una intención descriptiva, un rastro de verdad que no participe de la naturaleza de la acción, ni una acción que derive su interés de una fuente que no sea la fuente general y única de toda de arte lograda: ser convincente.




La historia y la novela, la idea y la forma, son como la aguja y el hilo, y jamás he sabido que un gremio de sastres recomendase el empleo del hilo sin la aguja, o de la aguja sin el hilo. 

 
Debemos admitir que el artista es dueño de su asunto, de su idea, de su donnée, y nuestra crítica se aplica solo a lo que él hace con ello. Por supuesto, no quiero decir que estemos obligados a que nos guste o a encontrarlo interesante. En caso de que no sea así, lo tenemos realmente fácil: lo dejamos correr. Es posible que pensemos que hay algunas ideas con las que ni el mejor novelista puede hacer nada, y este hecho puede justificar muy bien nuestra creencia; pero el fracaso habrá sido un fracaso en la ejecución, pues es en la ejecución donde se registra esa fragilidad fatal.


Fragmentos de "El arte de la ficción", texto de 1884 incluido en La locura del arte: Prefacios y ensayos (Lumen), edición de Andreu Jaume, traducción de Olivia de Miguel.